Depresiones y tallarines

3.8 - Amar

"Amar no es solamente querer, es sobre todo comprender." Françoise Sagan

Mis padres se casaron un 15 de abril. Además de celebrar cada año su aniversario de boda, también lo celebraban el día quince de cada mes: este día iban juntos a misa a primera hora de la mañana, y al salir iban a almorzar a algún bar o granja. Fue un ritual que mantuvieron siempre, y que incluso una vez muerto mi padre mi madre conservó durante los siete años que le sobrevivió.

Mis padres se querían, se trataban con respeto, con afecto, y una de las manifestaciones de su aprecio eran los distintos rituales que compartían, unos rituales que sin duda contribuían a que se sintieran más a gusto entre ellos.

Mi padre queria a mi madre, le gustaba como era ella. Por ejemplo, a mi padre le gustaba mucho que mi madre fuera atractiva, decidida, vital, simpática, buena persona, leal. También le gustaba su faceta religiosa, y que quisiera tener hijos. Pero a la vez, otros rasgos de la personalidad de mi madre no le gustaban. Eran rasgos que a él le parecían negativos, pero que por otro lado le preocupaban sólo relativamente: estaba convencido "de que ella ya cambiaría". (1)

Querer a mi madre para mi padre también significaba confiar en que ella cambiaría, esperar que ella acabara siendo cómo él creía que debía ser. Él sabía "perfectamente", como debía ser una esposa, su mujer, y quería que mi madre fuera así. Es verdad que en esto no la engañó, dado que antes de casarse ya se lo decía. (2)

Mi madre se esforzó siempre, desde el primer día de casada, para ser aquella mujer que no era pero que mi padre deseaba que fuera. Ella queria a su marido, deseaba que él pudiera conseguir sus ilusiones... El problema era que, para que él consiguiera sus ilusiones (que incluían aquel modelo de esposa) ella, sin saberlo, debía inmolarse.

Durante muchos años, ella no se dio cuenta de la trampa, de la imposibilidad de aquel objetivo: hacerlo feliz a él (con relación a su expectativa hacia ella) y a la vez ser feliz ella. Y cuando quizás se empezó a dar cuenta habían pasado muchos años, todo era ya muy complicado.

Creo que él nunca se dio cuenta de este conflicto imposible de resolver. Pero no lo puedo asegurar, porque así como con mi madre al final de su vida tuve muchas ocasiones para hablar, cuando reencontré a mi padre él ya estaba muy mal, con el alzheimer muy avanzado.

--
(1) A diferencia de mi padre, a mi madre le costó bastante decidirse a casarse con él, dudó durante años.
(2) El problema es que cuando usamos la palabra "querer" (o amar) cada cual le atribuye un significado distinto. En la medida que con este tipo de palabras el diccionario no ayuda mucho, adjunto una definición que a mi me gusta: "querer consiste en estar atento, y desear que el otro pueda perseguir sus ilusiones, expandir sus potencialidades". Según esta definición (por descontado subjetiva), mi padre no quiso de manera asecuada a mi madre. En cambio, según la misma definición (la de favorecer las potencialidades y anhelos del otro), mi madre seguramente quiso demasiado a mi padre, digo que demasiado porque, en el intento de que él pudiera lograr lo que quería, ella se anuló.
 


< Índice  |  ^ Arriba