Depresiones y tallarines

3.5 - Sobre los ingresos

(*)  "Soy bipolar. Antes a esta enfermedad la llamaban maniaco-depresiva."

He hablado del distinto protagonismo de las euforias y las depresiones en los escritos de mi madre. He dicho también que sus estados eufóricos, por mucho que pudieran trastornar su vida y la vida de la gente que la rodeaba, nunca sobrepasaron unos determinados límites. De hecho, creía que nunca había sido ingresada debido a las euforias, pero hace poco descubrí que sí que había sido ingresada, y al parecer más de una vez. Parece ser que fue con la finalidad de que pudierta dormir después de días de insomnio debido a la euforia, de días seguidos pasándose las veinticuatro horas despierta y con una actividad frenética:

"Durante una depresión, uno no puede moverse. Durante una fase maníaca, uno no puede 'dejar' de moverse." Mark S. Gold (1)
Al parecer los ingresos fueron con su consentimiento. De manera que sí fue ingresada, pero nunca contra su voluntad. Por suerte, los ingresos forzados mi madre se los pudo ahorrar. Y mi padre, porque pasar por estos trances de tener que gestionar el ingreso forzado de un familiar es muy duro. Otro asunto es que a veces sea inevitable llegar a este extremo.

Además de estos ingresos decididos sobre todo con el objetivo de que durmiera, de que descansara, no sé si en alguna otra ocasión mi padre, desbordado por la situación y sin saber como gestionarla, se llegó a plantear otro tipo de ingreso. Sobre este tema, y sobre tantos otros temas, he recogido testigos no coincidentes, por eso uso a menudo los "creo", "quizás", etc.

En algún momento también he pensado que quizás a mis hermanos, para no asustarlos, mi padre les dijo que la ingresaban para hacer una cura de sueño, para no tenerles que decir que la ingresaban porque estaba enloquecida, psicótica. En cualquier caso, fuera exactamente uno u otro el motivo de los ingresos (o los dos a la vez), fueron ingresos puntuales y breves, y mi padre en general fue encontrando la manera de ir trampeando la situación, a pesar de las muchas distorsiones, angustias y dudas que a veces originaba la conducta de mi madre, sobre todo en los momentos más eufóricos.

Que esto fuera así por un lado fue mérito, por supuesto, de mi padre. Y por otro lado supongo que fue gracias al hecho de que las euforias de mi madre, tal como he dicho, no llegaron nunca a según qué extremos. Por ejemplo, me imagino que si hubiera tenido delirios como el de quererse tirar por una ventana pensándose que era un ángel o una paloma (había tenido ideas de estas, pero no delirantes), o la idea de dejar a mi padre para irse a vivir con el primer desconocido que hubiera encontrado por la calle, o hubiera intentado invertir el patrimonio familiar en vete a saber qué proyecto sin ton ni son, las cosas habrían sido diferentes. Los tres ejemplos que he puesto no encajan con su biografía, pero son motivos habituales de ingresos de personas bipolares durante las euforias.

Otro motivo de eventual ingreso habría sido algún intento de suicidio, otro aspecto que tampoco encaja con el perfil suyo, dado que a pesar de las inexistentes ganas de vivir durante las depresiones, o incluso las ganas de morir, la idea del suicidio no la contempló nunca.

Ninguno de estos cuatro supuestos, peligro de suicidio debido a la desesperación, peligro de autodestrucción debido a un delirio, peligro de pérdida de su rol familiar debido a relaciones extramatrimoniales impulsivas, o peligro de gestión imprudente del patrimonio familiar, existieron en el caso de mi madre. Y esto facilitó que la gestión de sus extremos emocionales se pudiera mantener prácticamente siempre dentro del ámbito familiar.

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(1) Mark S. Gold. Buenas noticias sobre la depresión. Javier Vergara Editor, 1987 (p. 270)
 


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