Depresiones y tallarines

3.16 - Simplificaciones interesadas

"Ni la contradicción es indicio de falsedad, ni la falta de contradicción es indicio de verdad." Blaise Pascal

Antes he dicho que algunas actuaciones de mi madre a veces estaban relacionadas con los episodios conflictivos en los que luego se veía atrapada, episodios que, desestabilizándola, acababan arrastrándola hacia los estados depresivos. El peligro es, de este planteamiento, hacer una generalización.

Es obvio que según qué iniciativas suyas le complicaban la vida, y que como consecuencia de estas complicaciones, aumentaba su vulnerabilidad, y que como consecuencia de esta vulnerabilidad aumentada, era más fácil que se decantara hacia uno de sus estados emocionales extremos.

Por ejemplo, para ella era un motivo importante de frustración que no todos los hijos hubiéramos salido "religiosamente bien encarrilados":

(*) "Todos los hijos sanos y fuertes de cuerpo y alma. Bien, esto lo decía hace unos años, cuando eran pequeños. Ahora, Señor, todo ha cambiado. Ha cambiado a peor. ¿Cómo es posible, Dios mío? Son hijos nacidos de mis entrañas, a los cuales, ayudados con tu aliento divino, les hemos dado la vida. ¿Cómo es posible que no te quieran, Dios mío? Si, para mí, el único eres Tú. (...) Dios mío, y yo los he dado la vida, para que acaben renegando de Ti. ¿Qué puedo hacer, Dios mío?"
Esto la hacía sufrir, y muchas veces esta preocupación por la extraviación religiosa de alguno de los hijos era el principal motivo de sus cartas invasivas, que luego acababan provocando incomodidades y rechazos.

No obstante, con las personas como mi madre existe el peligro de que, en la medida que es fácil que protagonicen situaciones conflictivas, se las acabe responsabilizando también de conflictos que no son responsabilidad suya. Cómo en el caso de los niños con la etiqueta de difíciles, que cuando hay algún incidente en un grupo, son siempre los primeros sospechosos de haberlo provocado, aunque de entrada no haya ningún indicio concreto que apunte hacia ellos.

En casos de conflictos, las personas bipolares a menudo son juzgadas no a partir de los hechos concretos, sino de sus antecedentes personales (o de sus presuntos antecedentes, dado que a veces no son reales, ya han sido distorsionados). Es una reacción fácil por parte de la gente que está al lado de una persona con problemas emocionales y que no quiere que le compliquen la vida. Es una reacción a veces autoprotectora, y por lo tanto en parte comprensible y legítima, pero que también puede ser muy injusta, cuando es desproporcionada o poco objetiva.

Reacciones o actitud de este tipo mi madre también las sufrió. En alguna ocasión fue tratada de manera bastante injusta, por parte de algún hijo, o de alguno otro pariente, o de alguna otra persona. Digo todo esto y no me sitúo al margen. Soy consciente de que a veces yo también me equivoqué, y me duele que ocurriera, mucho.

Los problemas emocionales de las personas bipolares tienen que ver con mecanismos biológicos todavía poco conocidos, tienen que ver con la gestión que ellas hacen de su vida y sus emociones, y tienen que ver también con cómo nosotros nos relacionamos con ellas. Sobre el primero y el segundo punto los familiares no podemos hacer nada.

En cambio, el tercer punto sí que nos afecta: si queremos a una persona con problemas bipolares, no deberíamos olvidar nunca que, en función de nuestra actitud hacia ella, contribuiremos a favorecer o dificultar su estabilidad emocional.
 



< Índice  |  ^ Arriba