Depresiones y tallarines

1.3 - Sobre Dios

"Aunque lo intente, me es completamente imposible contemplar mi depresión desde un punto de vista laico. No lo habría soportado: me habría muerto o me habría matado, así de claro. Aquel intenso y angustioso sufrimiento sólo se podía resistir con la ayuda de un Dios que no veía por ningún lado, pero que tenía la convicción de que estaba allí, conmigo. Él había pasado, en el huerto de los olivos, el mismo abandono total que yo sentía y, de alguna manera, me acompañaba. No entiendo como, ni puedo explicarlo, pero no me sentía sola."

"El único remedio para aguantar este mal es la auténtica confianza en mí Padre-Dios que alejó de mí el suicidio y que hace que ahora diga muy convencida: Todo es para bien."

"Dios sabe el porqué de las cosas y nosotros no lo entendemos. Seguramente lo que paso ahora tiene mucho valor. Jesucristo sufrió y murió por nosotros. Era Dios y se lo podía haber ahorrado. El sufrimiento es un camino, la Vida Eterna será por siempre jamás."

"Sin tu constante apoyo, incluso en la oscuridad, no habría llegado al día de hoy. Hace años, muchos, que habría puesto fin a un vivir sin norte ni ilusión. Tú conoces, Señor, mi sufrimiento, sólo Tú. Los demás, a pesar de quererme, no han podido intuir lo que ha sido mi vida hasta ahora. Tú has vivido mis dudas, mi vacío, mi angustia, mi desasosiego (...) Mi único mérito ha sido someterme una y otra vez, siempre, a tu voluntad. '¿Lo quieres, Señor? Yo también lo quiero'. Y así veintinueve años."

"Nunca, durante estos largos y terribles años, me pasó por la cabeza la idea del suicidio. Estoy convencida de que mi formación religiosa ha tenido mucho que ver: nunca he pensado en acabar con mis sufrimientos, de forma expeditiva. Siempre, no sé de qué manera, seguía convencida de que Dios, a pesar de golpearme de aquella manera, continuaba ejerciendo su paternidad divina sobre mí. Recuerdo que, cada día, durante mis ratos de oración (que no abandoné nunca, dado que gracias a Dios tengo una voluntad de hierro) me situaba con Él en el Huerto de los olivos y con Él decía y repetía: 'Padre, aleja de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya'. Quizás fue esto lo que evitó que pensara en la posibilidad de acabar por el mí cuenta con mi vida, una vida que sólo me producía cansancio, agotamiento e impotencia total. Me sentía tan inútil para todo, tan incapaz de cara a los demás, siempre pensando 'No puedo, no puedo, no puedo...' Y no podía con mi vida, ni con mis hijos ni mi marido, no podía vivir y, sin embargo, seguía viviendo."

"Si Dios permite que vuelva la depresión, Él me dará los medios para soportarla, si no con elegancia, al menos con paciencia."
 


< Índice  |  ^ Arriba