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Consejos de lectura Y unos consejos del siglo XIV... Si es tu primera visita...
Y SE CALLABA

Creo en la resurrección de la carne
y la vida perdurable

Intercambio epistolar con Alfredo Fierro (XXII)

Ver la "vigésimasegunda página" de Alfredo Fierro

Apreciado Alfredo:

Ciertamente nos hemos demorado bastante, no sólo por tu avería informática, sino también por avería en mis "vías respiratorias" que, sin llegar ni a covid ni a gripes, se ha alargado más que la tuya informática. Sea el tributo amoroso a pagar a nuestra hermana enfermedad.

Si no hubiera sido por este "tributo", quizás me hubiera animado a decir algo al comentario laudatorio recibido sobre un libro de Arregi. No sé si Arregi es uno de los que caerían bajo tu crítica del "sindiós de un cristianismo sin Dios", que ya te comenté en su momento.

Sigue mi consejo:
¡Deja los links para una segunda lectura!
    El sindiós de un cristianismo sin Dios
Mi comentario

Me hubiera detenido en esta frase del comentarista (sin llegar a saber hasta qué punto refleja fielmente el libro, dios más allá del teísmo).

Este libro de teología radical ha sido escrito y publicado en los inicios de una nueva época a la que se asoma la humanidad

Si ya quieres ver el comentario laudatorio...

El comentarista puede dar la impresión de que estos "inicios de una nueva época" empiezan cundo Arregi abandona su "monasterio" de Aránzazu y sus peleas con Munilla, obispo que todavía sigue dando qué hablar. ¿No hubiera sido más correcto, por parte del comentarista, decir que Arregi (no "la humanidad"), al dejar su "monasterio", se asomó a una época, cuyos "inicios", de años y más años, ya no la permitían ser etiquetada como "nueva"?

Recuerdo una vez más que Bonhoeffer, desde la celda número 92 de Tegel, al citar su frase "etsi deus non daretur", nos hace retroceder hasta el siglo XVII, hasta el neerlandés Hugo Grotius (1583-1645):

Más tarde H. Grotius, muy distinto a Maquiavelo por el contenido, pero coincidiendo con él por lo que se refiere a la autonomía de la sociedad humana, quien erige su derecho natural como un derecho de gentes, válido etsi deus non daretur, "incluso si dios no existiera".

Podríamos retroceder mucho más, sin duda, en "el túnel del tiempo", pero quizás sea más instructivo no alejarnos tanto. En 1963, John Arthur Thomas Robinson, publicaba honest to god, título que en la edición española se convierte en sincerto para con dios (1967) (1), mientras que en la francesa en dieu sans dieu (1964) (2).

Treinta años más tarde, en 1993, John Hick, teólogo presbiteriano de Birmimghan, el autor de the metaphor of god incarnate. christology in a pluralistic age (traducción castellana), recuerda - ya sin amarguras y con las aguas ya calmadas- el fuerte debate que siguió, después de la publicación el año 1977 de the mith of the god incarnate, (del que había sido el editor), no sólo en las revistas especializadas sino también en la prensa, en el que unos y otros, defensores y detractores, fueron empujados a utilizar todos los instrumentos literarios de un buen ataque y de una buena defensa, puntualizando que "no se llegó en la Gran Bretaña a superar lo que catorce años antes había acontecido con la publicación de honest to god (Sincero con Dios) del obispo John A.T. Robinson", el anglicano obispo de Woolwich.

Para mí, una prueba de que nuestros amigos de "los nuevos paradigmas" ya llegan tarde, ya llegan cuando el tren ya ha pasado, es que no se ha producido, en los medios no especializados, ni el debate de 1977, ni el no superado de 1963.

Aunque en el título del libro no hay mención alguna a Jesús, (ya sea al "Mi Jesús" de mi primera comunión, o al "judío marginal" de John P. Meier, o al "campesino judío" de John D. Crossan, o al simplemente "el judío" de Geza Vermes), el comentarista (ya digo que solo he leído el comentario) habla de Jesús, vistiendo a ese (supuesto) judío del siglo I con los trajes "prêt-à-porter" de hoy día. Para alucinar..., como alucinaba Pope Godoy conmigo, como yo alucinaba con Pepe Castillo.

Sigue otro consejo mío:
¡No todos los links te han de interesar!
    Las respectivas "alucinaciones"...

Ciertamente, no sé yo ahora por qué, cuando Arregi vino a Lamiarrita en 2010, le daría yo las gracias por habernos presentado "el Dios de Antígona y de Sófocles y no el Dios de Creonte y de Jesús".

Dios de Antígona... Dios de Jesús...

Muy posiblemente, mi amiga de Jesús-María, a quien, cuando la voy a ver, ya postrada en su alzheimer, no le repito los discursos de Elifaz de Temán, de Bildad de Suj y de Sofar de Naamar, aquellos buenos amigos de Job que, por lo que me has dejado intuir, a ti no te caen muy "graciosos", me volvería a repetir lo que me dijo cuando empecé a criticar a Juan Antonio Pagola: "Pues me parece muy arriesgado que opines sin haber leído el libro. En estas condiciones no tienes derecho decente a hablar o escribir".

Sí, es muy arriesgado, pero es culpa del comentarista que no ha querido añadir un paréntesis a esta frase suya:

Otras teólogas y teólogos que cita a lo largo de sus páginas lo han hecho y le han inspirado. Desde ellas y ellos...

Sí, es muy arriesgado "opinar sin haber leído el libro", sin saber a quiénes cita y cómo los cita.

Pero, ¿por qué me compraría ahora, sobre todo ahora que me he dejado unos buenos dineros en el taller del coche, el libro de Arregi, si no hace mucho he vuelto a releer, cincuenta años después, el libro de John Arthur Thomas Robinson, el que fuera obispo anglicano de Woolwich?

¿Qué hemos asimilado del
"SINCERO CON DIOS"?

Vayamos ya a lo nuestro. Me parece que pronto me obligas a ir al "prosupuesto" ignaciano de los Ejercicios, y, como buen cristiano, "más prompto a salvar la proposición del prójimo, que a condenarla", inquirirte cómo entiendes estas líneas tuyas:

La conexión entre monoteísmo y creencia en otra vida solo se ha producido con Yeshua, mejor dicho, con la interpretación que de él hace la literatura paleocristiana: evangelios, que lo dan por resucitado, y Pablo que de ahí saca que todos resucitaremos.

Tenía entendido que esta "conexión" era anterior a los tiempos de Yeshua y que era una de las diferencias características entre fariseos y saduceos. La "creencia en otra vida" era, ciertamente, un producto tardío, creado en la época de los macabeos, como una de tantes formas de "consuelo" para los que mueren en la guerra.

Sí, una de tantas formas como tú mismo decías...

...los jefes de los pueblos se han visto obligados a glorificarla elogiando las virtudes patrióticas y heroicas que la guerra da ocasión de hacer brillar.

¿Recuerdas? Lo tienes escrito en HISTORIAS DEL DIOS (ISBN: 9788416421268) de l'any 2016, en el capítulo dedicado a Stalingrado (pàg. 121-123), del que ya hemos hablado en este intercambio epistolar.

No lo confundo con otro libro tuyo, de título muy parecido, HISTORIAS DE DIOS, publicado en 1981 con el ISBN 9788472229938.

Flavio Josefo ya nos habla de esas diferencias "de escuela" entre fariseos y saduceos.

Al hablar de los fariseos:
Afirman que toda alma es incorruptible y que solo la de los seres buenos pasa a otro cuerpo, mientras que la de los malos sufre un castigo eterno. (BJ II, 163)
Los que mueran en esta hazaña tendrán un alma inmortal y conservarán por siempre una sensación de felicidad, mientras que las personas sin nobleza y que desconocen su sabiduría sienten tanto apego a la vida que prefieren morir de una enfermedad que hacerlo por una causa noble (BJ I, 650)
Todos nosotros tenemos cuerpos mortales, hechos de materia que se corrompe, mientras que el alma es siempre inmortal y es como una parte de Dios que habita en nuestros cuerpos… ¿Es que no sabéis que los que abandonan esta vida, de acuerdo con la ley de la naturaleza, y devuelven el préstamo que han recibido de Dios, cuando el que se lo ha dado quiere recuperarlo, recibirán una gloria eterna, sus casas y sus familias estarán seguras y sus almas permanecerán limpias y sumisas, pues obtendrán en el cielo un lugar muy sagrado, desde donde volverán de nuevo a habitar en cuerpos purificados por el continuo retorno de las edades? (BJ III, 374)
Creen que las almas tienen un vigor inmortal y que hay bajo la tierra castigos o recompensas según se hayan dedicado durante su vida a la virtud o al vicio, con la perspectiva para unas de una cárcel eterna y para otras de la facultad de vivir de nuevo (tou/ avnabiou/n) (Ant XVIII, 14)
Los saduceos no requieren tanto espacio:
No creen en la pervivencia del alma después de la muerte, ni en los castigos ni premios del Hades (BJ II, 165)
La doctrina de los saduceos dice que las almas se desvanecerán al mismo tiempo que los cuerpos y no se preocupan de observar ninguna otra cosa más que las leyes. (Ant XVIII, 16)
Los esenios comparten fundamentalmente las creencias farisaicas:
Entre ellos es muy importante la creencia de que el cuerpo es corruptible y de que su materia es perecedera, mientras que el alma permanece siempre inmortal... Creen, al igual que los hijos de los griegos, que las almas buenas irán a un lugar más allá del Océano, donde no hay lluvia, ni nieva ni calor, sino que siempre le refresca un suave céfiro que sopla desde el Océano…De esta forma establecen, en primer lugar, la creencia de que el alma es inmortal y, en segundo lugar, exhortan a buscar la virtud a alejarse del mal (BJ II, 154-156)
Declaran también que las almas son inmortales y opinan que hay que luchar por obtener la recompensa de la justicia (Ant XVIII, 18

Hace ya muchos años, en febrero de 1999, escribía:

Para muchos cristianos (y para la iglesia oficial) el problema de la resurrección de los muertos es un problema de fe. Para los judíos, todos ellos creyentes en Dios, era una pura "cuestión de escuela", y no consta que Jesús, que como hijo de las clases populares sería más bien de educación farisea, hiciera de ello un problema de fe, de pertenencia al pueblo elegido (nunca acusó -por lo que podemos saber- a los saduceos de "herejes"). Y Pablo, de confesa formación farisea, utilizará esta "cuestión de escuela" para salvar la piel mientras los otros se pegan (He 23,6-10). Una "cuestión de escuela", una explicación cultural, se ha convertido en un dogma de fe.

¿Es solo a Pablo a quien debemos el que una simple "cuestión de escuela" se convirtiera y se mantuviera hasta nuestros días en "dogma de fe"?

Citas autores (y sus obras) desconocidos, o casi desconocidos, hasta hoy día por mí (Amado Nervo y su La amada inmóvil, C.S. Lewis y su Una pena en observación), cosa que he de agradecer (y que supongo que también agradece algún posible lector que tengamos).

De tus "referencias favoritas", la de Miguel de Unamuno, me ha obligado a salir rápido a la búsqueda de mi "San Manuel". Sí, estaba en su sitio:

Y al llegar a lo de "creo en la resurrección de la carne y la vida perdurable", la voz de don Manuel se zambullía, como en un lago, en la del pueblo todo y era que él se callaba.

Se me ocurre preguntarme si Don Samuel (1933) ("de unos treinta y siete años, alto, delgado, erguido"), en su Valverde de Lucerna, no desempeña el mismo papel que, unos cincuenta años antes (1880), Dostoiewki había otorgado a la figura del Gran Inquisidor ("un anciano de casi noventa años, alto y erguido").

Puedes encontrar:
San Manuel, bueno y mártir
Los hermanos Karamazov
(El Gran Inquisidor: pág. 261-278)

El Gran Inquisidor

...y para no privar a los hombres de su libertad, una libertad que tanto defendiste cuando habitaste entre nosotros. Todo cuanto anunciaras ahora por primera vez atentaría contra la libertad de la fe de los hombres, pues se presentaría como un milagro; en cambio, entonces, hace mil quinientos años, la libertad de su fe era lo más valioso para ti.

Precisamente está presentando como un mérito suyo y de los suyos el hecho de haber triunfado sobre la libertad, y todo con tal de hacer felices a los hombres.

...rechazaste el único camino que conducía a la felicidad de los hombres; no obstante, al marcharte, afortunadamente, pusiste tu obra en nuestras manos.

Él, temblando, me susurró al oído -y eso que estábamos solos, en medio del campo-: ¿La verdad? La verdad, Lázaro, es acaso algo terrible, algo intolerable, algo mortal; la gente sencilla no podria vivir con ella... Yo estoy para hacer vivr a las almas de mis feligreses, para hacerlos felices, para hacerles que se sueñen inmortales y no para matarlos.

...y con la verdad, con mi verdad, no vivirían. Que vivan. Y esto hace la Iglesia, hacerlos vivir.

Don Samuel

Por mi parte, me apuntaria más (me parece) a la línea de tu "segundo favorito", Teilhard de Chardin, de quien dices que...

...no le importa su supervivencia personal: se contenta con que una porción de sí, lo mejor de sí mismo, persistan en algo superior en un Omega, al que llamará indistintamente Dios o Cristo, pero Cristo, en todo caso, futuro, no previo y resucitado ya.

¿Qué esperar en un "más allà"?

Personas cercanas, a las que no intento disuadir, entran de lleno en tu descripción de aquellas que...

...eventualmente creen que sus seres queridos fallecidos están en algún lugar y desde allí nos observan, nos escuchan, quizá nos ayudan. Son personas, ellas mismas, convencidas de que tras la muerte seguirán vivas en alguna manera en algún hiperespacio.

Pero yo no necesito este "hiperespacio"...

No había oído hablar de los Death Cafés, pero sí de los "esmorzars de forquilla i ganivet" (desayunos de tenedor y cuchillo), con los cuales, desde hace años, intentamos "recordar" a nuestro hermano Juan, el más joven de los tres jesuitas. A nuestra hermana mayor, que pertenecía a un instituto secular, la recordamos con una merienda...

Y aquí, en Tarragona, a una amiga la recordamos, también año tras año, con una comida, en cuyo menú van incluidos los cafés...

Para mí, ciertamente, déjame ser un poco "Qohelet", la "gran cuestión" no es...

...cómo vivir esta vida sin esperar ninguna otra.

Con toda cordialidad

Miquel

Gracias por la visita
Miquel Sunyol

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29 enero 2024
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(1) El año anterior Edicions Ariel ya había publicado sincer envers déu. La traducción castellana viene precedida por una "presentación" de Jean de la Croix Kaelln, o. p. (Asistente eclesiástico internacional de Pax Romana, y Consiliario universitario en Ginebra), que termina diciendo: "Podemos pues afirmar en conclusión que a todo lector serio le será provechosa la lectura de esta obra, sobre todo si sus conclusiones resultan ser, en lo esencial, diametralmente opuestas a las del autor".
(2) Título impuesto por Louis Salleron, el editor francés bien conocido en Francia por sus tendencias, quien, según Jean-Pierre Jossua, "intentó deliberadamente comprometer todos los esfuerzos teológicos actuales de la Iglesia católica asociándolos con lo que debe llamarse el modernismo de Robinson". (Ver toda la recensión).