TUNA UNIVERSITARIA DE LETRAS DE TARRAGONA

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                                                                                                                   NOCHE DE RONDA

La ronda empieza siempre con unas cañitas en el bar de siempre. Si se ha quedado a las diez en el piso, los tunos se reunirán a eso de las ocho. Conviene llegar un poco animado a la fiesta y es por ello que algo de beber no viene mal. Como el grupo cada vez es más numeroso, la expectación en el local crece. Se abre el turno de peticiones. Se entonarán canciones de nuestra Sudamérica y se ensayarán temas futuribles. Sensación de equipo. El cantinero nos dirá aquello de que "podéis pedir otra jarra porque el del bigote invita". Y le cantaremos a su mujer, a su hija y a su bigote. Manda huevos. Mari Paz y sus dos feas amigas nos pedirán la última de Luis Miguel mientras la señora del bolso rojo echará cuatro duros en la pandereta. Alguien recordará a los presentes que ya va siendo la hora de marchar, pero los tunos se tomarán la penúltima. La de rigor. Desde un rincón de la barra se levantará un calvo gracioso que, como suele pasar, militó en no sé que Tuna de la Complutense. Robará la pandereta e intentará seguir el ritmo como buenamente pueda. Pedirá Granada y le cantaremos Así es mi Granada porque el solista nos volvió a fallar. El grupo perderá la noción del tiempo. Cañita va, cañita viene, vino tinto, vino clarete y a funcionar. En el momento de máximo fervor sonará un móvil que romperá el buen rollo. Serán las chicas, que nos esperan en el portal de su casa desde hace tres cuartos de hora. ¡Pobres infelices!, la Tuna siempre llega tarde. En vista de que Coke vuelve a faltar a la cita, los tunos emprenden la marcha. El camarero hará un cálculo aproximado de cañas por tuno y nos lo dejará por quince euros. Se agradece. De este modo es como el goliardo calienta motores para la batalla que se avecina.

Un ronda de la Tuna de Tarragona se asemeja al desembarco de Normandía. Aquel que se pone por delante, muere. No se hacen prisioneros.

Una ronda creará conflictos interfamiliares de por vida, provocará la irritación y enfado de los vecinos, la pelea entre Pepita y Juanita, íntimas amigas desde la EGB, la destrucción del jarrón de porcelana china de papá y muchas cosas más. Daños colaterales. Víctimas inocentes serán las muchachas, la moqueta y la taza del water. ¿Cómo debe ser el día siguiente al desembarco?. Me puedo imaginar al padre de Pili intentando quitar los restos de chapapote de la alfombra o a la propia Pili intentando disimular las quemaduras del mantel y los agujerillos de los cojines. Sin duda, la abuela de Maggie fregará la vajilla con resignación y al hermano de María Luisa le tocará bajar las botellas vacías de coca-cola para tirarlas a la basura. Supongo que la anfitriona madrugará a pesar de la caprichosa resaca con el fin de borrar huellas. Esfuerzo inútil porque el w.c. sigue embozado y al novato se le olvidó recoger la botella de White Label que había sobre el armario. Probablemente la foto de la primera comunión esté toda pringosa porque pasó de mano en mano, haya marcas en el escritorio porque Pepe dejó descansar allí su cubata o no funcione bien el frigorífico. Es posible que encontremos el mando de la televisión debajo del sofá o enterrado en ceniza. La alfombra roja guarda un entrañable recuerdo de Benito. Dice que la comida le sentó mal. Vanesa intentó lavarla pero perdió color. El olor es nauseabundo. Mamá se sorprenderá al descubrir que varios tacos de tortilla de patatas que preparó con tanto mimo han acabado incomprensiblemente debajo de la televisión. Nadie se comió los canapés de huevo duro y ahora habrá que tirarlos o dárselos al perro.

Vayamos por partes. Todo empieza cuando un tuno conoce a una o a un grupo de chicas, generalmente universitarias, y las convence para que se reúnan en un piso. Allí acudirá un grupo de tunos dispuestos a cantarles y a dedicarles una noche de desenfreno y locura. Les dirá que se trata de una de las tradiciones más bonitas y antiguas de la Tuna y bla, bla, bla... Una vez convencidas, se dicta fecha. En el pasado, los juglares cantaban a las damas desde el patio mientras éstas se asomaban a la reja.. Ahora los tunos cantan desde el asfalto, arriesgándose a ser atropellados por el pastillero de turno o por el camión de la basura. Hoy las muchachas suelen vivir en el ático B. Nos vemos obligados a gritar, con lo que la vecindad se percata de nuestra llegada. Las luces del segundo segunda se encienden y asoma la cabeza una señora mayor que padece incontinencia. Del tercero no se enciende la luz, pero se adivina la silueta de la señora Paquita, en pijama. Dos jovencitas que tienen puesto el Aserejé a todo volumen gritan desde su balcón porque quieren que se les dedique una canción. El calvo del sexto amenaza con llamar a la Urbana y la madre de Sonia, que padece jaqueca, hace el ademán de tirar una maceta. En fin, una enorme cantidad de pequeñas cabezas asomadas a la calle escandalizadas por el estruendo. Un ágil francotirador disfrutaría disparando sobre aquellas diminutas cabezas.

                                       RONDA BALCON.jpg (36123 bytes)Fase 1: Ronda callejera:Foto de la ronda de Sylvie, en Reus.

En el pasado los rondadores trepaban enredadera arriba arriesgándose a clavarse alguna zarza o a hacerse una carrera en las medias. Hoy subimos en ascensor con memoria y capacidad para ocho personas. En caso de subir por la escalera tendremos que soportar la reprimenda de la cincuentona del segundo C, que tiene que madrugar para ir a la tienda de flores. Algún perro ladrará desde dentro de alguno de los pisos y Vicente tropezará con la capa, golpeará con su bandurria el suelo y se dará en la espinilla con el escalón.

Con los años, la ronda en el exterior queda reducida a escasas tres canciones y un leve cachondeo. Los tunos suben al piso y empieza lo bueno.

Las rondas que se celebran en muchos lugares de España cuentan con la presencia de un elevado número de mujeres, así como también de juglares. Estas rondas son exageradas en todo y no son pocas las veces en las que la policía o la Urbana tienen que disolver la reunión. Sólo de pensar en la cantidad de terciopelo que se junta en este tipo de rondas me produce sarna en lo huevecillos. Las macro rondas son literalmente "corrosivas". Las mujeres les dirán a los tunos que "nunca mais".

Una normativa implantada por la Tuna de Tarragona desde sus inicios es la de que se reúnan igual número de chicas que de tunos. Cinco chicas, cinco tunos. Tanto tienes, tanto vales. A toca teja. Si hay más tunos que señoritas resulta algo triste porque no habrá cintas para todos, no habrá suficiente comida y los tunos se apalancarán. Lo normal es que haya más damas que caballeros. El inconveniente de que haya menos tunos es el de "¿qué le cantamos a la que sobra?", es decir, que como todos le cantamos una canción a cada chica, uno por uno, alguna se quedará la última y alguien habrá de repetir. Pura matemática. Cuando ésto sucede, "la que sobra" pone cara de circunstancias y la tuna, para no quedar mal, le cantará a coro una de las clásicas. Insuficiente. La vergüenza no desaparecerá hasta que se tome el tercer Jotabé. Con todo, estas situaciones dan lugar a momentos entrañables.

Lo bueno que tiene una ronda con muchas niñas es que hay más de todo: más patatas, más jamón, más coca-cola, más pan con tomate, más cerveza, más Smirnoff, más ron y más cacahuetes. Otra obviedad es que si hay más chicas hay más posibilidades de encontrar entre ellas alguna preciosidad. También aumenta el porcentaje de pies o mujeres poco agraciadas. No adelantemos acontecimientos.

Situémonos. Los tunos llegan al rellano y desfilan dirección al salón. Entrarán tocando y sonriendo. Las chicas, alineadas en un lateral detrás de la mesa, sonreirán con timidez. Una vez que han entrado todos a la sala, la Tuna se relaja. Tocará varias canciones - aquellas que mejor conozca - y se presentará ante la feminidad. Costará romper el hielo. Las presentaciones de las canciones van subiendo de tono hasta crear el clímax necesario. Cuando el repertorio empieza a decaer, se come. Como en toda fiesta que se preste, costará agarrar el primer tajo de jamón, pero una vez rotas las hostilidades, comienza el jaleo. El que pestañea, pierde.

Sobre uno de los muebles cercanos o encima de la propia mesa descansarán una enorme cantidad de botellas. A simple vista se observarán colas, naranjadas, ron, whisky y alguna cosa más. La cantidad de bebida será considerable. La comida se dispondrá sobre los platos de plástico del Mercadona y las servilletas, en un rincón de la mesa, observarán silenciosas el espectáculo. Habrá tortilla de patatas, jamón, fuet, cacahuetes, pan con tomate, queso, patatas blandas de bolsa y poca cosa más. Sobrará comida. Faltará bebida. Muchas veces se acaba el fiestón porque las chicas se quedaron cortas de Habana Club. La Tuna tiene estas cosas. Se recurre a la botella de chupito que papá. La alargada mesa, convenientemente protegida por un mantel grueso, recibe los golpes frecuentes de las rodillas de los tunos, que se mueven según sople el viento, es decir, según esté colocada la botella de Ballantines.


Podremos observar leves conflictos entre compañeros porque "Pep se vuelve a beber el vaso del Pibe" y Pausini le ha robado el cacho de tortilla a Vladimiro José. Alrededor de la mesa se juntan damas y caballeros, se mezclan coca-colas, Jotabeses y pan con tomate. La mesa une.

Rosa no quería tanto ponche pero Juan le obliga a beber alegando que "hoy es una noche especial". A Pepi no le ha gustado el comentario que hizo Óscar sobre sus zapatos violetas y a Hortensia no le sentó bien el licor de melocotón. La anfitriona abrirá el balcón para que se marche el humo e intentará controlar al manazas de Paco, empeñado en conseguir sus braguitas. Volcó el florero sobre la minicadena y estuvo apunto de tirar el cuadro de un tal Milà. Patricia charla amistosamente con uno de los pardillos mientras Óscar le saca la lengua a Mari Cruz.

                                                CUERPEO.jpg (40928 bytes)Fase 2: El cuerpeo.Foto de la ronda de Pili, Toñi & co.

Detengámonos para hablar levemente sobre las diferentes posturas que toma el tuno entorno a la mesa. Distinguimos al tuno tipo A, que es aquel que ha venido literalmente a fundir y gorronear. Lleva un día sin comer para dejar hueco en el estómago. Le dará igual que las patatas estén blandas, que el bikini se haya enfriado o que la ensaladilla esté asquerosa. Comerá y beberá desmesuradamente. Le veréis revolotear cerca de los canapés e irá dando vueltas periódicas a la mesa porque querrá probarlo todo. Soltará alguna ordinariez cuando pase por el lado de los tunos tipo B y se cebará con las que lleven piercing. Es el tuno destroyer. Viene a darlo todo y es por ello que cometerá todo tipo de excesos. Se beberá todo lo que le echen y puede acabar tirado en el rellano de la escalera trallando los champiñones del mediodía. Se ensañará con los novatos y contará chistes verdes ante la estupefacción de Jazmine, Jennifer y Vanesa. El tuno tipo A intentará mantener las formas, pero no podrá evitar los dobles sentidos ni comentarios del tipo "te tocaría todo el repertorio de arriba abajo".


Hablemos ahora del tuno tipo B, que es el llamado "obrero". Es aquel que platica toda la noche en busca de recompensa. Actúa del mismo modo en los certámenes, en los pubs y en las discotecas. Hablará con la más atractiva del grupo y la tratará con exquisita educación. Será incansable e infatigable. Nunca se dará por vencido. A pesar de ver la cosa difícil, seguirá intentándolo por todos los medios. Será capaz de coger su guitarra, sacarla fuera de la sala y cantarle algún bolero de los de Machín. El tuno tipo B intenta no ser grosero. Fingirá aquello que no es. Actuará. Para él, el fin justifica los medios. Servirá copas a la dama y le dedicará todo tipo de atenciones. Estará tan distraído que no se dará cuenta que Pep acaba de trincarse su Jotabé-Limón. Lo guardaba sobre la consola y creía que estaba a salvo de los bebedores compulsivos. Generalmente el obrero es el más joven y el que menos tiempo lleva en la tuna.


El tuno tipo C es el que vino porque estaba estresado. Le fue mal el examen de Electrotecnia y lo único que quiere es tomarse una copa con sus amigos y echar unas risas. Come y habla poco. Se apalanca con facilidad y aprovecha el hueco el hueco que ha dejado María para apoltronarse en el sofá. Eludirá cualquier tipo de esfuerzo físico y exigirá a los novatos que le sirvan otra copa de Ballantines. Son los tunos que aprovechan la ocasión para practicar con el contrabajo y para tocar el nuevo bolero de Los Panchos. Formarán un pequeño grupo y cantarán toda la noche sin descanso alguno. Se levantarán de vez en cuando para ir a orinar o para volver a llenar el vaso. Harán poco o ningún caso a la mujeres de la sala y sólo de vez en cuando harán el ademán de morder una croqueta.


El comedor, ya convertido en gallinero, parece una fiesta de sociedad. Los vasos de plástico caen al suelo por efecto de los codazos y la jodida gravedad, la cocina es asaltada por los buitres que quieren más embutido, a Joaquína se le ha caído un pendiente y a Juanito le ha dado por cantar Loco. Cabrá algún que otro chiste picantón y empezará la fundición de los novatos. Habrá cola en el lavabo y el humo hará toser a Pablo. La anfitriona mirará de reojo el reloj porque a las 2:00 hay toque de queda o porque ha quedado con su novio pijo. Los abusones se pondrán manos a la obra y desde una esquina oiremos entonar las malagueñas canarias. El grupo estuvo esperando a Coke porque dijo que vendría y algún gracioso se negará a empezar sin Tirolés.


Se habilitará un cómodo sillón, a modo de silla eléctrica, y la muchacha se dispondrá a recibir la descarga. Luz tenue, silencio y calma tensa. Los tunos irán cantando por orden de ingreso en la tuna, empezando por el más nuevo y acabando con el más veterano. Cuando Pep coja a una de las chicas, Juan remugará diciendo que "yo la vi primero". Los que no saben tocar pedirán ayuda a los músicos. Los caballeros de escaso repertorio entonarán la misma canción que hace cinco años porque dura poco y es resultona. Aquello es un mero trámite porque a lo que se ha venido es a beber, a zampar y a deglutir. El obrero se esforzará en hacerlo bien para no tirar por tierra el plan de ataque. Le cantará a la chica con la que lleva hablando más de una hora y le preguntará si le ha gustado. El tenor buscará lucimiento con alguna canción hecha a la medida.

Las reacciones de las chicas serán muy dispares. Desde la que no quiere que le cantemos porque le da mucha vergüenza hasta la que se contiene las lágrimas, desde la que es incapaz de disimular su enfado hasta la que no para de reír, desde la que sólo hace que mirar a su alrededor para ver las reacciones de la gente hasta la que mira fijamente a los ojos del tuno porque le gusta.

La Mari enseguida se sonrojará y Olivia dedicará una sonrisa burlona a sus amigas, convenientemente sentadas en el sofá. El tuno depredador pedirá a las chicas que le dejen un huequecillo donde postrar su enorme trasero. Habrá cofrades que seguirán comiendo mientras se canta, otros harán comentarios en voz baja y los más respetuosos intentarán acompañar desde su asiento. Una vez que han sido rondadas todas las señoritas, el acto quedará prácticamente finalizado. En caso de que la Guardia Urbana no lo impida antes, la ronda acabará con la entrega de cintas por parte de las muchachas.

                el cortejo.jpg (13410 bytes)Fase 3: Ritual de apareamiento.Foto 3: María Jesús y David en la ronda de M.J, prima y amigas.

Lo de las cintas tiene guasa. Es un camelo. Siempre prometen cintas bordadas y luego están escritas con rotulador. Los edding 850 van que vuelan. Resulta que les pareció demasiado caro. ¡Ratas!. Otra falacia es la que dice que, en teoría, la muchacha entregará la cinta al tuno que más le haya gustado (físicamente...). Siempre dan la cinta al tuno que le ha rondado a ella, puesto que quedaría mal que un tuno -el más atractivo...- se fuese a casa con tres cintas y otro con ninguna. Topicazos.


Otra situación de las clásicas es aquella que hace respecto a la típica discusión del "adónde vamos". Generalmente la discusión la inician las mujeres, aunque luego el tuno opinará que lo mejor será ir al Malibú porque "nos dejan la botella a dos tres talegos". Si la ronda es fuera de Tarragona y la fiesta quiere continuarse en el puerto, se generarán conflictos a la hora de repartir la gente en los coches. Los buitres querrán ir con sus respectivas para controlarlas de cerca, condición sine quae non. Luego viene aquello de que si a Marta se le han olvidado las llaves del coche, que si a Pepi no le gusta conducir de noche, que si Anna no coge el coche porque bebió ponche o mil historias. La cuestión será que, tras duras negociaciones, nadie sabrá si se ha quedado en la esquina de Ramblas con Unió, en el Malecón o en el parking de Pachá.


Después de reunir de nuevo el grupo, la juventud se irá de marcha hasta altas horas. El contrabajo y la bandera quedaron olvidados en un rincón de la casa, pero ahora no hacen falta porque el tuno se dedica a hacer el ganso y pasarlo bien.

Screech.
Febrero 2003.