
EL MISTERIO DE SALEM'S LOT
(Salem's Lot)
Ben Mears había entrado en la casa de los Marsten.
Quizás había sido el único en entrar allí.
Lo había hecho veinte años atrás, por una apuesta infantil,
y lo que vio entonces aún poblaba sus pesadillas.
Y ahora, como escritor consagrado, había vuelto a Salem's Lot
para exorcizar sus fantasmas. Porque Salem's Lot
era un pueblo tranquilo y adormilado donde nunca
pasaba nada extraordinario, excepto la vieja tragedia
de la casa de los Marsten. Y sus fantasmas estaban
desapareciendo.
Porque no pasaba nada.
Hasta... que empezó a pasar.
Hasta que apareció el perro muerto colgado de la verja del
cementerio.
Hasta que el misterioso hombre delgado, calvo y frío
que no empleaba luz eléctrica se instaló en la casa
de los Marsten e hizo que le dejaran aquella caja
en el sótano. Una caja con demasiados candados,
por muy valioso que fuera el antiquísimo aparador
que según la factura contenía. Demasiados
candados y una tensión que se mascaba, un terror que
cubría de sudor frío. Y los niños empezaron a desaparecer,
los animales morían desangrados y la onda
expansiva del horror vació el pueblo y
se los dejó a ellos.
Quienesquiera que fueran. Ellos.