Sin realizar un gran esfuerzo memorístico podríamos citar tres obras del repertorio clásico donde se conjugan música e imágenes. Las conocidas Cuatro Estaciones de Antonio Vivaldi con la descripción de las escenas propias de cada periodo citado, la VI sinfonía de Beethoven también conocida como la Pastoral en la que destaca sobretodo la tormenta tanto en sus prolegómenos como la calma posterior tras la tempestad, y por último El Moldava del compositor checo Vedric Smetana donde se traslada a notas musicales el curso de un río, desde su nacimiento (con ritmos rápidos) hasta su desembocadura (con una melodía plácida).
Si apuramos el cerebro recordaríamos la descripción de una alondra alzándose y descendiendo repetidamente, en el marco de un prado, como es la obra de Ralph Vaughan Williams, y seguiríamos con una lista interminable de partituras que describen situaciones visuales fácilmente reproducibles en nuestra imaginación.
Otra sección de las composiciones musicales están relacionadas con el cine donde acaban unidas en nuestra memoria, melodía y escena, aunque no describan paisajes. Un tono sentimental nos deriva a la escena entrañable de una película. Un buen ejemplo sería West Side Story, de Leonard Bernstein, cuya música sería de difícil aceptación sin haber visto previamente la película: sus imágenes y su banda sonora se han convertido en populares e incluso entonadas y tarareadas por casi todo el mundo.
Caso muy particular sería la III sinfonía de Henryk Gorecki, música contemporánea de estructura minimalista y cuya audición puede ahuyentar incluso a melómanos superficiales; sin embargo, el haber sido soporte musical en la última película de Stanley Kubrik convierte la pieza en mucho más expresiva, sentida y digerible.
Y ya que hablamos de cinema, el mismo Dimitri Shostakovich (1906-1975) compuso bandas sonoras para diversas películas realizadas en la Unión Soviética con lo que culminaba su experiencia cinematográfica cuando en los años veinte se dedicaba a poner música de ambiente en los locales donde se proyectaba cine mudo, en Leningrado (antes y actualmente conocida como Sant Petersburgo, su ciudad natal).
Pero quiero concentrarme en su séptima sinfonía, obra que ha despertado discusión sobre su valor artístico en sí y en comparación a otras composiciones del insigne músico ruso, polémica en la que no entraré aunque si se conocen las circunstancias, en las que y por las que se escribió, podría llegar a situarse en una cima emocional a la que sí llegaron los habitantes de Leningrado que escucharon la partitura mientras los nazis tenían sitiada la ciudad, en unas condiciones muy adversas como hambre, destrucción masiva, bombardeos, incursiones militares y la orden tajante de sus líderes de resistir a toda costa.
Propongo una traducción muy particular, seguramente alejada de las intenciones del propio Shostakovich, e incluso mucha gente puede disentir de mi opinión. En todo caso es una buena ocasión para recuperar esta pieza, tal vez no maestra pero de una carga simbólica extraordinaria, cuyo primer movimiento, como afirma el musicólogo Kryzstof Meyer, tiene un desarrollo dramático que no tiene parangón en toda la historia de la Música.
El primer movimiento, un allegro al que Shostakovich inicialmente había proyectado poner el subtítulo de "La Guerra", es paradigma del paralelismo entre lo que oímos y las imágenes que se crean en nuestro interior, sobre hechos que no hemos vivido en carne propia pero como aficionados a documentales y películas de ficción hemos visualizado.
Los primeros compases pueden trasladarnos a una estación ferroviaria donde se producen movimientos febriles de tropas embarcando. Se respira los ecos de guerra, se intuye una cierta euforia, el ánimo está en sus mochilas; tras la despedida de los combatientes se da paso a un fragmento suave que denota la normalidad aparente de la ciudad tras la marcha de los militares. Placidez, y Leningrado no se transforma, hay un cierto optimismo y no se vislumbra un negro horizonte.
Se inicia el famosísimo tema reiterado (minuto 5'44, corte 1°) donde la percusión siempre está presente y que va adquiriendo conforme avanzan las diferentes etapas del episodio un in crescendo y un dramatismo cada vez más palpable. Hago un comentario a cada una de las trece primeras etapas:
1° o inicial (5'44), con un pizzicato que describe al ejército enemigo en perfecto desfile.
Denota así mismo unas noticias que no son esperanzadoras;
2° (6'30) la flauta nos da una cierta gravedad de la situación,
3° (7'10) con un intercalado que representaría la aviación enemiga sobrevolando la ciudad,
las flautas aún manifiestan una cierta lejanía del peligro, pero
4° (7'50) el oboe acompañado del fagot ya describe unas columnas alemanas que van avanzando en formación, sin resistencia,
5° (9'08) las trompetas realzan un toque marcial e imperial del invasor,
6° (9'50) el clarinete apoyado por el oboe y
7° (10'32) la pequeña cuerda ya van denotando su proximidad (se aprecian los primeros cañonazos, aún en la lejanía),
8° (11'13) los instrumentos de cuerda al completo nos trasladan un ahogo amenazador;
9° (11'54) todo el metal (con un fondo de xilófono) es el abrazo que nos envuelve y empieza a aislarnos,
l0° (12'33) cuerda pequeña y metal sigue creando más opresión y además se nos describe la presencia de la aviación de combate,
11° (13'15) el metal nos recuerdan las sirenas con el resto de la orquesta
que anuncian la presencia de los alemanes casi a las puertas de la ciudad,
12° (13'53) la percusión (intensa) y el metal son los cañonazos próximos y
13° (14'35)el metal, nuevamente, ya describe los combates, el fuego, la pólvora.
Posteriormente la música con su sonoridad amplia nos describe más cañonazos y a un ejercito enemigo poderoso, un verdadero martillo, al que se opone el heroísmo de los defensores de la ciudad, lo que estabiliza el combate violento, y la rítmica marcha implacable se distorsiona; la disonancia expresa que los poderosos invasores han quedado frenados pero los efectos devastadores ya son visibles. Fragmentos de himnos soviéticos se entremezclan con la marcha del invasor.
A continuación (19'00) hay un respiro, se reagrupan las fuerzas enfrentadas, hay una tregua ante el desgaste mutuo. Las defensas se refuerzan. Ya solo toca defender pero se hará a toda costa: no pasarán. Se reorganiza toda la ciudad.
El compositor transmite que el espíritu de Leningrado es nuestra fuerza, la moral no está apagada ni destruida (22'40). Seremos fuertes. Es un respiro antes de un nuevo ataque. Los alemanes reciben refuerzos (25'40): no esperaban esta resistencia y empiezan a respetar al adversario.
El segundo movimiento, un moderato subtitulado "Recuerdos", es lírico, evocador, y por tanto las imágenes son anímicas, en un plano psicológico, son sensaciones de lo que significó para Shostakovich su ciudad natal, con momentos donde combina paradójicamente la nostalgia, con unas gotas de humor, y el drama de las purgas estalinistas, y aunque él mismo padeció su propio terror, el músico es un espectador que no transmite su propio miedo aunque sí la alegría de su juventud (en este momento tiene 35 años) junto al dolor por la pérdida de buenos amigos. Esta descripción solo la reconoció Shostakovich años después de la muerte del dictador Stalin.
Es un movimiento enigmático, no fácil de interpretar, y por supuesto en el plano de las sensaciones anímicas; nunca es una descripción visual de una ciudad sino que refiere sobre su historia y sus vivencias. Evidencia un paseo por el recuerdo de Leningrado, con toques de jovialidad, con un oboe (1'30, corte 2°) que declara cierta placidez pero contenida; más tarde la orquesta presenta el pasado de una ciudad imperial (4'45) e incluso el clarinete grave (7'40) describe una vitalidad grisácea, recuperando el tono casi alegre del movimiento con la flauta (9'10) que optimiza el mensaje de que la vida debe seguir. Los tres pizzicatos presentes, intercalados, podrían simbolizar una libertad coartada, el riesgo permanente bajo el régimen, un peligro presente que obliga a ser precavido. Aunque se intuye el recuerdo doloroso de Shostakovich a amigos suyos represalíados por el régimen de Stalin, personalmente no observo el homenaje que algunos musicólogos denotan; según mi modesto criterio, el compositor lo traslada al inicio del tercer movimiento donde en sus primeras notas sí vislumbro ese Réquiem, aunque ampliado a las víctimas del conflicto bélico presente.
El tercer movimiento, un adagio subtitulado "La inmensidad de mi patria", sigue la línea anterior en cuanto a su introspección personal, ofreciendo más sensaciones o recuerdos que imágenes o movimientos. El inicio fúnebre homenajea a todos los caídos en esta cruzada bélica (y a los represaliados entre 1936 a 1939), en un tono patético y trágico. Sin embargo la presencia de la flauta (3'20, corte 3°) reafirma que la vida no solo sigue sino que debe seguir; hay un sabor amargo a continuación. Se intuyen en algunos pasajes (4'50) la luz del día, la belleza y la calma pese a la Guerra que lo envuelve todo. Hay una esperanza en la gran capacidad histórica del pueblo ruso para sobreponerse ante las adversidades, y con ella, su ánimo combativo (6'00).
El ritmo de un tren denota esa fuerza (6'35) y se va describiendo la gloria, el espíritu revolucionario y su resistencia.
Hay dos fragmentos más en forma de Memorial (9'25 y 12'40); hay dolor pero vuelve a traslucirse (11'04) el espíritu sereno de la nación ysu orgullo; la música plasma la confianza en la madre Rusia.
En el último recuerdo a los ausentes (13'05) se proclama lavoluntad de no olvidarlos jamás, y tras la mirada al pasado hay que volver lavista al duro presente que conecta directamente con la cuarta y última partede la sinfonía.
El cuarto movimiento, subtitulado "La Victoria", que Shostakovich compuso lejos de Leningrado, en la retaguardia a la que le obligó su propio gobierno, vuelve a recrear imágenes que fácilmente plasmaríamos en el celuloide. Se inicia con una calma temporal en un escenario con alta tensión donde solo se ven las ruinas y cuyos combatientes son invisibles. Aparece un murmullo (0'23, corte 4°) en las trincheras rusas ante un enemigo que ha estabilizado el frente; el movimiento en las filas rusas es cada vez más evidente. Los refuerzos van surgiendo, al principio (1'00) con el mayor sigilo estratégico, dando paso al estallido (1'45) de un contraataque que los alemanes no se esperan.
Con la fe de defender el propió suelo nacional, los rusos surgen al campo de batalla y su número infinito y su arrojo se abalanzan sobre el enemigo, rompiendo sus líneas, en todo el frente, aplastándole. Es como una marea humana interminable (3'50) que viene a representar a los combatientes soviéticos.
Una fanfarria y cañonazos (4'45) que martillean al contrario. La superioridad propia empieza a ser un hecho.
Tras un duro combate donde se intuye que es factible la victoria, se va rechazando al ejercito invasor y la línea del frente se va fragmentando, rompiendo el asedio sobre la ciudad. Surge en sus habitantes, envueltos entre los desastres que han vivido, un expectante sosiego. A la alegría de una victoria parcial (6'20) se suma el precio doloroso de sus luctuosas consecuencias: ruinas, destrucción y muerte. La guerra se aleja, las noticias son esperanzadoras y el conflicto va derrumbando al ejercito alemán ante unos héroes que no solo han recuperado la fuerza sino que su mejor arma es la fe en la victoria definitiva.
Se respira un aire apacible (9'15), la reconstrucción es obligada y el horizonte de momento está casi despejado. Hay esperanza pero inquietud. La miseria y el dolor no desaparecen pese a adivinarse la victoria final que era el deseo ferviente del compositor aunque en ese momento desconocía cómo se produciría.
La música en sus compases finales declara la victoria casi completa (12'38), con fanfarrias significativas de gloria (13'32) pero el protagonista imaginario de este drama ya no se deleita con la destrucción del enemigo sino con el poder saborear la libertad recuperada, y su mejor símbolo es oír y contemplar (14'50, 15'20 y 15'35) las olas marinas del Báltico que con fuerza llegan a la costa de Leningrado, con un horizonte limpio y tranquilo. Las lágrimas y el dolor quedan atrás y lo que se respira es la paz interior en un atardecer plácido frente a la inmensidad del mar.
Nuevas fanfarrias de victoria, y pese al precio que ha supuesto, la nación se ha liberado. Luminosidad del atardecer de un sol en poniente. Cañonazos finales (16'12), no de batalla, sino de victoria.
Ese era el deseo final de Shostakovich aunque la realidad era otra y tuvo que esperar casi tres años y medio para que la predicción del fínale del cuarto movimiento de esta sinfonía se hiciera realidad. Aún tuvo que componer su VIII sinfonía donde se sigue mostrando la actualidad dolorosa de la guerra pero el rumbo del conflicto claramente se va encaminando hacia la victoria definitiva.
Con su mensaje diáfano, reivindico la entrañable Séptima que alguien definió como una sinfonía sobre los hombres de la Unión Soviética cuando en realidad Shostakovich no solo se refiere a la Gran Rusia sino a toda la Humanidad. Es un canto de esperanza aunque nos rodeen las mayores de las adversidades, es la confianza de que habrá futuro, es la fe por el mejor de los destinos.
NR: La asignación de los minutos es orientativa ya que puede sufrir variaciones de un registro a otro pues los tempi con que programa cada director su interpretación suelen muy ser variables. La versión en que me baso es la grabación correspondiente al concierto ofrecido el 11 de mayo de 1995 por la Orquesta Filarmónica de San Petersburgo dirigida por Vladimir Ashkenazy.
Datos históricos:
San Petersburgo se funda en 1703, pasa a llamarse Petrogrado entre 1914 y 1924, transformándose a continuación en Leningrado.
En la década de los noventa recupera la ciudad su nombre primigenio.
22-06-41 se inicia la invasión alemana de la Unión Soviética
02-09-41 los alemanes llegan a la defensa exterior de Leningrado,
bloqueada la ciudad por el norte por los finlandeses (aliados de los alemanes)
03-09-41 finaliza la composición del 1° movimiento de la VII sinfonía
17-09-41 finaliza la composición del 2° movimiento de la VII sinfonía
29-09-41 finaliza la composición del 3° movimiento de la VIIsinfonía
-10-41 Shostakovich marcha de Leningrado hacia la retaguardia
27-12-41 finaliza la composición del 4° movimiento de la VII sinfonía
05-03-42 estreno en Moscú de la VII sinfonía
09-08-42 estreno en Leningrado de la VII sinfonía
12-01-43 se inicia la liberación de Schüsselburg, en las afueras de Leningrado
enero-44 ofensiva soviética que aleja el frente bélico de Leningrado
enero-45 los soviéticos pisan suelo alemán
08-05-45 final de la II Guerra Mundial en el frente europeo
|
|
|
|
Updated 20181008 (a)
|
|