La calificación de perenne, habitualmente aplicada a las coníferas y las azaleas, es ajustada y precisamente aplicable al humor de Les Luthiers, ...
El País (España) - 22/10/93
Cuando el humor viene así, de esta manera, uno no tiene la culpa si sale del teatro con agujetas en el abdomen y caracolillos en la razón.
La Maga - 24/06/92
Alguna vez, Les Luthiers debieran hacer algo mal. Comentar sus espectáculos se ha tornado casi aburrido.
Son cinco, actúan como uno y satisfacen a millones. No crean
que voy a hacer este panegírico de Les Luthiers, por el sólo hecho
de que sean íntimos amigos míos, sino porque soy de los que creen
que el elogio sólo lo merece quien lo merece, y creo que está
clara la redundancia.
Hace ya muchos, pero aún dentro de este mismo siglo, cuando yo paseaba
por la calle Prim de Madrid, alguien me dijo que pasase al Teatro Marquina a
ver un grupo llamado Les Luthiers. Por entonces yo era algo más analfabeto
que ahora e ignoraba que "luthier" quería decir "fabricante de instrumentos",
y pensé que se trataba de algún grupo progre con mensajes metafísicos
o tal vez se tratase de unos saltimbanquis húngaros y/o por qué
no?, de una secta esotérica en vía de crear adeptos para misiones
inconfesables. Me senté en mi butaca, sin previo pago de su importe por
aquello de las influencias, dispuesto a tragarme lo que fuera por mor de la
buena recomendación.
Poco a poco se me iba abriendo la boca, y no de hambre, sino de asombro ante
un grupo que interpretaba magistralmente sus textos llenos de un humor desacostumbrado
por lo inteligente y elegante. Un grupo que al mismo tiempo manejaba unos extraños
instrumentos fabricados por ellos mismos -de ahí "Les Luthiers"-, que
sonaban a cántico celestial pese a haber utilizado para su construcción
latas de conserva y los más insospechados enseres o trastos caseros.
Pero si he dicho que era asombrosa su manera de interpretar sus textos y su
manera también de hacer sonar aquellos instrumentos, no era menos asombrosa
su calidad como cantantes, sus tonalidades, su empastamiento de grupo perfectamente
armonizado y ensayado, hasta conseguir un trabajo rayano en la perfección.
Ustedes saben, o los que me conozcan, que he dedicado mi vida al humor y, debido
a mi entusiasmo, con nota bastante aceptale, si la inmodestia no se tiene en
cuenta. Con ello quiero decir que me considero con autoridad de criterio suficiente
para poder erigirme en crítico positivo, cuando el caso lo merece.
He visto y oido a gentes con verdadera gracia y talento salir a un escenario
y hacer que los espectadores se caigan al suelo retorcidos de hilaridad. He
visto y oido a grupos de cantantes que me han hecho romper casi mis manos con
el aplauso. Pero lo que nunca había visto y oído es un reducido
grupo de cinco personas que dominaran las tres secuencias o las tres formas
de expresión de una manera tan magistral. Porque Les Luthiers divierten
y asombran. se sale de su espectáculo degustando el arte por el arte
y la gracia por la gracia. No son músicos de charanga, sino que conocen
muy bien un oficio que hay que estudiar mucho y despacio. Así como conocen
el arte y la técnica del canto, que hay que ensayar mucho y despacio.
Así como también conocen bien la literatura del humor, la creación
de la literatura de humor sin la menor concesión a la chabacanería
o a la nota de mal gusto.
Creo sinceramente que estos cinco argentinos, estos cinco amigos, estos cinco
genios, son un grupo irrepetible con los que raramente nos obsequia la fortuna.
Verlos es un placer, pero aún más que un placer, una verdadera
suerte.
Sólo tienen un defecto. Pero no sé cuál es.
JOSE LUIS COLL