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Reflexiones:  

A más filosofía, menos psiquiatra.

Pensamientos filosóficos para una vida más sana!

 

 

Pensamiento filosófico de hoy: 

Las cosas importantes de la vida, a veces son cosas pequeñas. En principio parecen insignificantes, pero si te paras a disfrutarlas, a paladearlas, te dejan un sabor a satisfacción que te hace sentir feliz.  ¿No es ese nuestro objetivo?

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¿A dónde vas ?

Es imprescindible saber de dónde vienes, cuáles son tus raíces, pero no es menos importante saber a  dónde vas. Y sobre todo, cómo vas.  Porque lo que realmente cuenta no es  la meta (la muerte), sino el camino (la vida), y sobre todo tu caminar.

Dicen que no se puede vivir de la filosofía, pero yo digo que se debe vivir “con filosofía”. Y para un camino tan largo, siempre necesitaremos algo más. Un momento de alegría. La contemplación de un paraje fascinante. El encuentro de nuevos amigos. Compañía. Pan y vino.

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Para el camino.

¡Detén un momento tu caminar ! y recuerda o imagina alguna de estas cosas. Un encuentro, por ejemplo: Dónde nos conocimos? Porqué nos interesamos el uno por el otro? Qué sentimos en nuestro primer contacto? Qué emociones vivimos juntos?. Un tropiezo, otro ejemplo: ¿Qué me ocurrió? ¿Cuál fue la causa? ¿Cómo lo superé?. Una gran alegría: Aprobar un examen que no esperabas. Conseguir ese trabajo ansiado. Tener el primer hijo.

Hay que pararse a pensar muchas veces a lo largo del camino, asumir los problemas, las incidencias, y disfrutar de los buenos momentos. No sea que lleguemos al final, y nos demos cuenta que no nos paramos a pensar en ningún momento y por eso no tenemos recuerdos. Recuerdos tan intensos que si cerramos los ojos es como volver a vivirlos.

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El Taoísmo nos cuenta el cuento de la vaquita.

Paseando iban por el bosque el maestro con su alumno, cuando encontraron una casa algo ruinosa y destartalada. En ella vivía una familia pobre y muy necesitada, según observaron. El maestro sugirió al alumno que les preguntara cómo sobrevivían, y así lo hizo.

-Tenemos una vaquita que nos da leche y la vendemos para comprar comida, -le respondieron.

Cuando el alumno preguntó al maestro cómo ellos podrían ayudar a aquella gente, éste le dijo que volverían por la noche y harían algo que les ayudaría. Así lo hicieron. Sin que nadie les viera, cogieron la vaquita y la llevaron junto a un barranco. Allí, el maestro empujó a la vaca y lógicamente la mató. El alumno quedó consternado. En vez de ayudarles les habían quitado el único medio de vida que tenían. El maestro, aunque no pudo consolarle le dijo que, pasado un tiempo, volverían a visitar a la familia, a ver qué tal les iba.

Así lo hicieron unos meses después, y encontraron que aquella familia había arreglado un poco la casa y que no iban tan mal vestidos, hasta tenían un huerto, así que se acercaron y el alumno les preguntó.

Un día nuestra vaca se cayó por el barranco –explicó el padre-, y como era nuestro único medio de vida al que ya estábamos conformados, tuvimos que buscar alternativas y por suerte ahora vendemos leña del bosque, cultivamos nuestro huerto, y otras cosas que antes ni se nos ocurrían. Nuestra vida ha cambiado a mejor y ya ni nos acordamos de nuestra vaquita.

Esta es la lección que debes aprender –dijo el maestro a su alumno-, a veces en la vida nos conformamos con una vaquita, y por ello perdemos la oportunidad de hacer o tener otras muchas cosas. Piensa un poco, todos tenemos nuestra vaquita. ¿Cuál es la tuya?

 

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