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La
casa de Shere Rom. Una experiencia preventiva de intervención
socio-educativa a partir del uso de las nuevas tecnologías en la
comunidad gitana |
A
càrrec del Sr. Mª. José Luque i
la Sra. Isabel Crespo, Grup de Recerca en Desenvolupament Humà, Intervenció
Social i Interculturalitat. Departament de Psicologia de l’Educació, de la
UAB.
Hace
poco, una estudiante de pedagogía se dirigió a uno de nosotros para requerir
información y textos de referencia sobre la cultura gitana. Estaba
desarrollando su prácticum en una entidad que llevaba a cabo actividades de
tiempo libre con niños de esa etnia. Al preguntarle sobre las actividades
respondió: “¡Oh! Cualquier cosa. Su situación es tan mala que cualquier
cosa que hagas sirve de algo”.
Si
esta afirmación era preocupante en alguien a punto de terminar su licenciatura,
lo era más al estar refrendada por los profesionales que dirigían aquella
entidad y tutelaban la formación de esta estudiante. Y más aún que este
estado de opinión fuera habitual entre muchas organizaciones sociales y entre
bastantes profesionales de la educación. Detrás de esta actitud hay una visión
profundamente etnocéntrica y clasista: “A los gitanos (o a los pobres), que
carecen de todo, con un poco que les des ya salen ganando”. Entendemos que
esto es una falacia por dos motivos.
En
primer lugar, es un error conceptualizar a los miembros de comunidades excluidas
como simplemente “carentes” de algo (recursos, conocimientos...). Por el
contrario, poseen mucho: poseen una cultura. En el caso concreto de los gitanos,
ésta supone un conjunto articulado de conocimientos y habilidades que les ha
permitido sobrevivir en un entorno social a menudo hostil. Supone una organización
social que funciona tan bien que ha permitido su cohesión como grupo por más
de 500 años en tierras gobernadas por extraños que desconfiaban de ellos por
eso mismo. Supone una identidad grupal tan sólida que les ha permitido mantener
su orgullo en condiciones de miseria económica y marginación, evitando caer en
la disgregación.
En
segundo lugar, no es cierto que cualquier intervención sea buena o, en el peor
de los casos, inocua. Por el contrario, (ver San Roman, 1994) muchas
intervenciones bienintencionadas tienen funestas consecuencias cuando no se
tiene en cuenta que “ahí había algo antes de que nosotros llegáramos”.
Del mismo modo que la “evangelización" de América supuso en la mayoría
de los casos la destrucción de la estructura social y la miseria de los pueblos
“beneficiados” por aquellos que les iban a “civilizar”, la falta de
conocimiento, auténtico respeto y sensibilidad hacia a los grupos sociales
sobre los que se interviene está en el origen de procesos sociales
disgregadores, nefastos para los que los sufren. Toda intervención supone una
opción política, un proyecto de transformación social. Tan malo es que ese
proyecto apunte conscientemente a la exclusión, la asimilación pura y dura o a
la destrucción de una comunidad, como que no se sea consciente de lo que se está
haciendo. En este ámbito, la ignorancia y la falta de compromiso son un crimen.
Los
miembros de nuestro equipo hemos ido aprendiendo todo esto como resultado de un
largo período de aprendizaje en la colaboración con miembros de la comunidad
gitana de Sant Roc (un barrio de Badalona) con quienes nos pusimos en contacto
con el objetivo de estudiar los procesos de socialización familiar y
comunitaria (Lalueza y Crespo, 1996). Queríamos saber qué “paquete” de
conocimientos, creencias, valores y presupuestos constitutivos (ver Bruner,
1986; Schweder, 1986) llevan consigo los niños gitanos al entrar en la escuela.
Nos resistíamos a la idea subyacente en muchas de las intervenciones en el
medio escolar, según la cual las dificultades de los niños gitanos en este ámbito
se deben a una situación de “déficit” o de “carencia”. Por el
contrario, intuíamos que la escuela es un universo cultural que presenta la
realidad de una manera diferente a como lo hacen las familias gitanas. Y esas
realidades alternativas, e incluso contrapuestas, definen de manera diferente la
propia identidad de los niños (para ver un estudio de caso, consultar Crespo,
Lalueza y Perinat, 1994).
La realidad dónde trabajamos
Toda
población o comunidad donde intervenimos reúne unas características propias
que le hacen ser única y diferente. Si además, dicha comunidad cuenta con una
cultura diferente a la mayoritaria la particularidad es aún mayor. Por esto, es
fundamental conocer esas características y entenderlas para saber dónde
queremos llegar y cómo llegaremos hasta allí.
El
barrio de Sant Roc se encuentra en Badalona, en el Área Metropolitana de
Barcelona, un barrio construido a principios de los años 70, y en el que vive
una población en la que predominan integrantes de etnia gitana, provenientes en
su mayoría de poblados de barracas de los años 50 y 60, especialmente del
Somorrostro (barrio de barracas ya desaparecido que se encontraba en las
inmediaciones de la actual Villa Olímpica)
Este
barrio necesita de una atención prioritaria porque cuenta con unos altos
niveles de marginación. Destaca el elevado índice de paro que afecta
especialmente a jóvenes y mujeres, y que es consecuencia del bajo nivel de
formación de una parte importante de la población. Lo más preocupante es que
este nivel no parece estar en vías de mejora si atendemos al índice de fracaso
escolar, del abandono precoz de los estudios y del bajo nivel de competencia
conseguido al final de la escolaridad primaria. En consecuencia, si tenemos en
cuenta el progresivo incremento de las exigencias sociales de formación, hay un
peligro real de cronificación de las situaciones de exclusión social.
En
el mundo laboral, la distancia entre los jóvenes con un mínimo de formación y
cualificación y los que no la tienen aumenta a gran velocidad, y este proceso
no ha hecho más que comenzar. No se trata sólo de tener el el certificado de
estudios secundarios. La capacidad para utilizar un lenguaje formalizado,
proposicional y descontextualizado al cual sólo pueden acceder a través de un
currículum escolar completo, como también unos mínimos conocimientos en el
uso de herramientas como por ejemplo ordenadores, marcan la barrera entre la
inclusión en el sistema y la supervivencia en sus márgenes.
Otra
característica de este barrio es la presencia de una importante comunidad étnica,
los gitanos. Aunque hay muchos ejemplos de integración y de convivencia, no se
pueden obviar los conflictos frecuentes que enfrentan a miembros de diferentes
grupos culturales. Por otro lado, los miembros de las comunidades gitanas sufren
a menudo una marginación social y laboral de especial magnitud. Los jóvenes
presentan un nivel de formación muy bajo (los que llegan a completar la formación
secundaria son excepción) y constituyen el grupo étnico y cultural con mayor
índice de fracaso escolar, conflictividad y abandono escolar de todos los que
conviven en Catalunya. Como minoría que vive en desventaja, ha desarrollado
formas de relación con la mayoría de la población con un fuerte componente
defensivo, lo cual si no se tiene en cuenta, puede dificultar (o imposibilitar)
políticas dirigidas a la integración de este colectivo.
La
integración social (o inclusión social) es posible mediante las redes a las
que pertenecen las personas y las familias, ya que proporcionan bienes,
servicios, información y/o apoyo afectivo. Pero estas redes están sometidas a
un profundo proceso de cambio en nuestra sociedad. Así, de unas relaciones
“dadas” se transita a unas relaciones que dependen en gran parte de la
información y de los conocimientos de los individuos. Es decir, de un contexto
tradicional en que las relaciones de los sujetos están en gran parte
determinadas por su pertenencia a una familia y a una comunidad, se transita a
otra en que las relaciones son fruto de habilidades y decisiones individuales.
Pero
en los sectores económicamente desfavorecidos las alternativas al tejido
tradicional son escasas y poco eficaces. Si se pierde este tejido, la no
participación en otras redes supone aislamiento social y marginación. Por lo
que respecta a la población gitana de Sant Roc disponemos de numerosos ejemplos
de como la pérdida de lazos tradicionales con la comunidad ha supuesto la
exclusión. Entendemos que para luchar contra la exclusión social es necesario
que sean los mismos usuarios del proyecto los gestores, mediadores y promotores
del cambio y no simplemente unos usuarios pasivos y cualquier intento de
intervención con minorías culturales únicamente cobra sentido en el marco de
la implicación y el rol activo que la población destinataria pueda tener en su
realización. La experiencia socio-educativa que explicamos a continuación es
un ejemplo de ello.
La
casa de Shere Rom
Nuestra
toma de contacto con miembros de la comunidad gitana de Sant Roc fue un proceso
lento. Nosotros teníamos nuestro proyecto, pero ellos tenían sus intereses y,
de entrada, no coincidían plenamente. Así pues, había que negociar. Una vez
que las primeras conversaciones llegaron a buen puerto, pasamos a establecer las
modalidades de trabajo conjunto. Había que lograr los objetivos comunes
surgidos precisamente del proceso de negociación, de las conversaciones
preliminares en que quedaron planteadas nuestras coincidencias y discrepancias.
Por
ello, dejamos de hablar en términos de “nuestros” objetivos y “sus”
objetivos para pasar a elaborar los objetivos y estrategias comunes. Ambas
partes tuvimos que modificar algunas de nuestras expectativas y pretensiones
para adaptarlas a las del otro y trazar un marco de acción consensuado. Cada
una de las partes hubo de estar dispuesta a escuchar a la otra e incluso dejarse
convencer. Por ello fue una experiencia transformadora: ninguno de los
interlocutores salió de ella tal como entró (Lalueza, Crespo y Pallí, 1998).
Como
resultado de este proceso se han puesto en marcha diversas actividades que han
sido codirigidas por investigadores de la UAB y miembros de la Asociación
Gitana de Badalona. Ésta participa actualmente con otras entidades del barrio
en el Plan de Dinamización Comunitaria (PLADICO) que lleva a cabo la Dirección
General de Serveis Comunitaris desde hace 1 año en el barrio de Sant Roc.
Durante este tiempo, se han puesto en marcha diferentes proyectos con el
objetivo de dinamizar y fomentar la participación de la población. Tres de
estos proyectos se llevan a cabo en el local de la Asociación Gitana de
Badalona y han contado con el apoyo técnico de DEHISI en el diseño y la
ejecución de éstos. Este apoyo consta de la dotación de recursos
intelectuales y un compromiso de participación en la sostenibilidad de este
proyecto. Además de la implicación de los componentes de este grupo,
(investigadores, profesores y profesionales de la Psicología y la Pedagogía)
se aporta la colaboración de estudiantes de diversas licenciaturas y
diplomaturas que realizan parte de sus créditos prácticos.
La
actividad principal que se realiza es la Casa de Shere Rom (cuyo nombre se
refiere a un personaje histórico de la comunidad gitana europea) y
se desarrolla desde octubre de 1998. Ésta es una actividad fuera del
horario y del espacio escolar, de acceso voluntario y con un sistema explícito
de reglas de participación, en la que se utilizan herramientas informática y
una estructura de funcionamiento que provee una relación individualizada entre
el “aprendiz” y un educador que media en la actividad. Participan en ella
algo mas de 50 niños (en turnos de 13) entre 5 y 12 años y, de forma paralela,
un grupo variable de niños entre 3 y 5 años.
En
un principio, esta experiencia estaba pensada para que pudiesen participar en
ella niños y adolescentes pero las características técnicas de los
ordenadores y de los juegos disponibles nos llevaron a reducir las edades. En
estos momentos estamos pendientes de diversas subvenciones que permitan renovar
el sistema informático.
Es
de especial importancia el hecho de que esta actividad se desarrolla en un
espacio que la comunidad gitana considera propio (los locales de la “Asociación
Gitana”) y que a ella asisten también algunos niños “payos”. Es, por
tanto, una institución gitana que se ofrece a todo el barrio.
Objetivos
Nuestro
principal objetivo consiste en favorecer la integración de niños y niñas
gitanos en los procesos de educación formal. Concretamente, pretendemos:
1.
Facilitar acceso al tipo de conocimiento que proporciona la escuela
evitando el rechazo que ésta genera en tanto que institución percibida como
ajena.
2.
Favorecer el desarrollo de las capacidades cognitivas y comunicativas
necesarias para la participación den la escuela.
3.
Colaborar en que el acceso a la escuela y la adquisición de los
correspondientes conocimientos y conductas se efectúe evitando la deculturación
y la pérdida de los vínculos de la comunidad gitana.
4.
Estimularla participación de los adultos gitanos en un proyecto
educativo que sea percibido como propio de la comunidad.
5.
Garantizar el acceso a tecnologías (informática y telemática) de las
que la mayoría de la comunidad gitana está privada.
Para
ello nuestra intervención debe:
1.
Organizar actividades que favorezcan el desarrollo cognitivo y social en
un entorno que niños y niñas gitanos puedan considerar un espacio propio.
2.
Crear un contexto de actividad que, por su voluntariedad y contenido lúdico,
favorezca la implicación de niños y niñas.
3.
Desarrollar prácticas no escolares en las que se utilicen los códigos
de lenguaje propios de la actividad escolar.
4.
Hacer del uso de ordenadores una práctica cotidiana.
5.
Organizar la actividad de acuerdo a unas reglas que no se perciban como
una imposición “paya”, sino como fruto del consenso en el contexto de una
institución propia de la comunidad.
6.
Coordinar con las escuelas del entorno el contenido de las actividades,
atendiendo a las implicaciones en la dinámica de la comunidad.
7.
Implicar a las familias en
el proceso educativo de sus hijos.
Hasta
ahora
Es
muy pronto todavía para hablar de resultados. Acabamos de completar un curso y
estamos a punto de empezar a analizar la gran cantidad de fichas y de datos que
se han generado en todo este año. Aún y así la mera observación de la
actividad resulta muy ilustrativa. En primer lugar, es de resaltar el interés
que ha despertado en el barrio. No hay sitio para un solo niño más. Cuando
exponían sus razones para participar en la carta a Shere Rom, aparecían por
igual las expectativas de jugar y de aprender (desde “aprender ordenador” a
“aprender a escribir cosas”). De entrada, los niños sólo sabían que allí
había ordenadores, y su acceso a la actividad tenía algo de aventura, de
entrar en lo desconocido. La mayoría de los niños venían por iniciativa
propia, aunque también algunos fueron “enviados” por sus familias. Un
aspecto muy importante consiste en la relación de niños y familias con el
lugar. Realmente es considerado como algo propio. En el mismo local se realizan
diversas actividades en otro horario que implican a adultos, como un taller de
costura o clases para el carnet de conducir, por lo que no es un espacio ajeno
para algunas de las madres de los niños. Además, la gestión la lleva la misma
Asociación Gitana y nosotros somos una especie de técnicos especialistas en
las actividades puestas en marcha por un grupo de gitanos. No hay imposición ni
beneficencia.
A
la confianza que muestran las familias contribuye el hecho de que no se rechazan
los niños más pequeños, muchos de los cuales están a cargo de sus hermanos
un poco mayores. Si bien organizamos la actividad para la franja de 5 a 12 años,
nos encontramos con que varios niños venían acompañados de sus hermanos o
primos menores, por lo que si cerrábamos el paso a éstos estábamos vetando la
asistencia de los primeros. Así que organizamos una actividad paralela (de
momento sin utilizar los ordenadores) en la misma sala con niños de 3 y 4 años.
El
resultado es una actividad que, comparada con la escuela, tiene una apariencia
caótica, con interacciones constantes entre los tres colectivos (educadores, niños
grandes y niños pequeños). Pero la gran motivación mostrada por la mayoría
de los niños ante la pantalla del ordenador (no sólo ante los juegos, sino
también a la hora de escribir textos) facilita la continuidad de la tarea hasta
el final. Como hemos dicho más arriba, el nivel escolar mostrado por muchos de
los niños al inicio de la actividad resulta descorazonador. Pero también es
cierto que en la mayoría hay una gran motivación para aprender, y capacidad de
sobras para ello. Si esta actividad ha permitido un avance real, podremos
saberlo a lo largo de este nuevo curso en el cual pondremos todos nuestros
esfuerzos en la evaluación.
Por
último, deseamos advertir que la Casa de Shere Rom no se plantea, en absoluto,
como alternativa a la escuela, sino como una actividad que debería ayudar a los
niños a adquirir herramientas que les faciliten su integración en aquella.
Además pretendemos que sea fuente de nuevas ideas aplicables a la escuela. Así,
hemos iniciado en colaboración con el CEIP Borí i Fontestá y el IES Badalona
9, ambos del barrio, una modalidad que parte del mismo formato que la Casa de
Shere Rom pero que al estar enclavada en las instalaciones del instituto
presenta una dinámica institucional totalmente diferente. Igualmente, estamos a
la espera de los resultados. La Casa de Shere Rom es en la actualidad un
laboratorio de innovación educativa en el que la cultura es algo más que una
variable. Pretendemos que sea un espacio de encuentro entre dos culturas en
proceso de transformación, donde las interacciones son mutuas. Creemos que lo
estamos consiguiendo.
Una última reflexión
Es
importante destacar el carácter preventivo de esta intervención no únicamente
por lo que supone la obtención de los objetivos previstos sino porque la
obertura de esta actividad a todas la personas del barrio forma parte del
proyecto y la filosofía de la Asociación Gitana de Badalona: velar, para que
los gitanos no sean usuarios y beneficiarios pasivos, sino promover su integración
social (especialmente la de los niños y los jóvenes mediante actividades
destinadas a ellos) y comprometerlos en actividades y servicios para toda la
comunidad. La especial característica de esta propuesta (una entidad gitana
contribuye a la promoción de una colectividad multiétnica) supone un cambio
radical en las relaciones habituales de los gitanos con la sociedad mayoritaria.
De pedir mejoras para su pueblo, se pasa a mostrar la voluntad de ser agentes
activos del progreso social.
Los grupos que se han formado como consecuencia de las diferentes actividades (especialmente grupos de adolescentes) han expresado necesidades y propuestas de acción con diferentes niveles de articulación. Algunas de éstas han sido la base de otros proyectos que hemos realizado conjuntamente y que esperamos puedan comenzar a funcionar en breve. Creemos que esta actitud activa y participativa de los jóvenes del barrio no puede ser superada por ningún proyecto de carácter preventivo que ninguna entidad ni profesional pueda llevar a cabo.