El Cuervo Ingenuo

Fábulas del entretiempo, Mariano González Mangada

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351 El perro muerto de hambre y la ética

Hubo una vez en Cartagena un perro muerto de hambre que deseaba mejorar su nivel de vida, principalmente para poder tener ética y moral, porque veía a los grandes perros pontífices pontificar sobre la moral y le daba envidia no poder dedicarse a eso con sosiego; y hasta tenía ya preparadas y bien meditadas dos o tres "opciones preferenciales" de tipo moral, que deseaba llevar a cabo para adorno de su espíritu, pero resulta que, al estar muerto de hambre habitualmente, con luchar por malvivir tenía bastante; y en eso andaba, cuando un día, que hacía mucho viento y se lo llevaba el aire, lo atropelló un camión de la basura.

352 El mochuelo que quería ser alguien y lo consiguió

Había una vez un mochuelo pobre, que harto de no ser nadie", se propuso con todas sus fuerzas ser "alguien" y lo consiguió y hasta con letra mayúscula; y, a partir de entonces, le pasó lo que le pasó a Ulises, fértil en astucias, cuando le dijo a Polifemo que se llamaba "Nadie", pero al revés, y así, cuando hacía cualquier cosa notable la gente decía: Eso sin duda lo ha hecho "Alguien". Y cuando llegaba a algún sitio los periódicos decían: Ha venido aquí "Alguien".
Y cuando vio que esta manera de ser "alguien" era peor que no ser "nadie" ' se montó en su coche y en la peor curva de las Cuestas del Cedacero, se salió, a caso hecho, a toda galleta y se mató. Y la gente comentándolo decía: Es que esa curva es tan mala que tarde o temprano "alguien" se tenía que salir por allí.

353 El hombre que gastaba mucha saliva en balde

Había una vez un hombre que gastaba mucha saliva en balde, hablando sin parar de cosas que no sabía, ni interesaban a nadie y, como la saliva es necesaria para la masticación, tenía unas digestiones largas y pesadísimas, y gastaba arrobas de bicarbonato, basta que un día aprendió el lenguaje de los sordomudos y expresión corporal, y la cosa mejoró bastante para él, porque, aunque los demás le seguían haciendo el mismo caso nulo que antes, se maravillaban de lo ágil y esbelto que se mantenía y además no volvió a tener nunca problemas digestivos.

354 La oruga escatológica

Hubo una vez una oruga escatológica, o sea, preocupada a tope con el fin del mundo, sobre todo desde que vio la película "El día de la bestia". Y hasta le parecía que iba en la línea de Juan Bautista y de Jesús de Nazaret. Pero un día acertó a leer unos papeles de un tal Juan Luis Segundo y cayó en la cuenta de que no, de que Jesús no era exactamente un profeta del fin del mundo, sino al revés, del comienzo del mundo, porque cuando todos los pobres comieran y rieran, no se iba a acabar la tierra, sino, al revés, iba a salir el hombre de la caverna primitiva y ser una tierra de personas, en vez de una tierra de lobos, erizada de misiles para defender a los ricos.

355 El reinado de Dios y el Estado del bienestar

A una abubilla teóloga, en medio de la desorientación ideológica de final del milenio y como veía según los telediarios que la conflictividad de los oprimidos había bajado mucho, le asaltaron unas dudas tremendas de si no se confundiría el reinado de Dios con el Estado del bienestar, que era una cosa que decían que había en los países centrales del mundo y, por tanto, también en las Españas.

Pero, cuando comparó el sueldo del rey con las pensiones del Ayuntamiento y algunas otras cosillas como ésa, pensó que no, que había que seguir pensando en el reinado de Dios como en otra cosa distinta y mucho mejor, aunque mientras tanto, no sería malo conseguir pensiones no contributivas en todas los países, hasta en Burkina Fasso, que son tan pobres que la mayoría de la gente no sabe por dónde cae su país.

356 El niño que sabía leer en los ojos veraces de los demás

I - Había una vez un niño que, como el hijo que no tuvo Mario Benedetti, sabía leer en los ojos veraces de los demás y se corrió tanto la voz que una vez lo invitaron como atracción circense a una fiesta de la alta sociedad, pero no se sabe por qué, el niño se volvió allí completamente analfabeto.
II - 18 de Junio de 1993. Hotel Gasteiz. Rueda de prensa de Senideak sobre agresiones en las cárceles a presos vascos: Un perro funcionario, mientras propinaba una paliza a un preso vasco, se hizo daño en una mano y presentó una denuncia por agresión contra el preso, denuncia que fue estimada por el juez condenando al preso a dos años más de cárcel por agresión a la autoridad.

357 El mirlo y el amor campestre

Un mirlo aficionado a la poesía, que vivía en la rambla de la Azohía, subía una mañana a darse un vuelo por el pico de la Panadera, donde todavía quedan rastros de trincheras y un par de puestos de observación de tiro abandonados, y mientras miraba cómo el sol iba pintando el mar, los montes y el Campillo de Adentro, veía claramente que era mucho mejor para la naturaleza hacer el amor y no la guerra y, por eso, convenía que la gente fuera saliendo al campo a hacer el amor, en las ramblas, y en las oquedades de las peñas y debajo de los pinos y los garroferos, perfumados de romero, tomillo, alhucema y olivardilla, como estaba escrito en "El Cantar de los Cantares".

358 El Estado y el mal menor

Una bandada de búhos, que habían ocupado las cúpulas de las Instituciones y vivían holgadamente a su costa, o sea, a costa de todos, invertían cantidades fabulosas de tiempo, especialmente en los debates sobre el Corrupto Estado de la nación (que debería llamarse mejor, el estado del estado) para persuadir a los demás Y Para Persuadirse de que el estado de desastre del Estado, con sus mierdas inherentes y añadidas, era necesariamente un mal menor para ellos, a pesar de que estaban convencidos de que el Estado actual estaba tan jodidamente jodido, que, si no era el mal mayor, era uno de los males mayores, pero a ver quien coño lo arreglaba sin quitarles a ellos el puesto de trabajo, Porque decían como el evangelio: "cavar no puedo y mendigar me da vergüenza"

359 Los gorriones y los sueldos de los gestores

Los gorriones demócratas de un País recientemente democrático, que había recibido para su democracia las bendiciones apostólicas de la Casa Blanca, aceptaron asignar sueldos fabulosos a los gestores, de las sumas mis que fabulosas de los Presupuestos Generales o Particulares de la Cosa pública por que les dijeron que así no tendrían tentaciones de apropiarse indebidamente de lo que no era suyo, sino de todos. Pero ¡ay! como casi todos estiraban más el Pie de lo que daba de sí la sábana de su sueldo, se constipaban, y Para curarse el resfriado, chorizaban tan a manos llenas que daba miedo. Los gorriones decidieron, entonces, dar esos cargos con sueldos modestos a gorriones modestos, acostumbrados a empinar la olla con el sueldo base e incluso con la ayuda familiar y, la cosa mejoró una barbaridad, porque, aunque alguno chorizara algo, eran cantidades modestas, como, por ejemplo, para tomar una cerveza en verano o un asiático en invierno.

360 El grajo alabancero

Hubo una vez, en Cartagena, un grajo, que se ganaba la vida como "alabancero oral y escrito", y era contratado por las sociedades de "Bombos Mutuos" para redactar las loas y panegíricos, con que se obsequiaban sus miembros para reforzar su autoestima, y, aunque ganaba sus buenas perricas, no se sentía feliz.
Y tenía envidia de Antonio Oliver, que había hecho sus loas a las cosas mas sencillas, como Neruda con sus "Odas Elementales".

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