El Cuervo Ingenuo

Fábulas del entretiempo, Mariano González Mangada

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331 La ideología de la defensa total

En una república de pajarillas ultramarinos, una bandada de buitres militares acapararon todos los poderes políticos y económicos gracias a la ideología de la Defensa Total, porque, decían, tenemos que defendemos de los demás Pájaros que son enemigos potenciales, y defender las fronteras que quedan tan bonitas en los mapas y defender la unidad de la patria, ya que tantas guerras nos ha costado meteros en cintura; y por defender, os defenderemos hasta de vosotros mismos y de vuestros ideales y fantasías enfermizas Para que viváis seguros en la recia paz armada de la Defensa Total, pero se callaban como putas que no les iban a defender del miedo, porque si los pajarillos vencían el miedo, la ideología de la Defensa Total no tenía defensa posible.

332 Pólvora en salvas

Hubo una vez un país de pingüinos muy ceremonioso y bullanguero que llegó a gastar toda la pólvora, la mitad en salvas y la otra mitad en fallas y fuegos artificiales. Y cuando ya no les quedó nada de pólvora, fundieron las escopetas para hacer podaderas y los cañones para hacer tractores y con las fragatas y corbetas construyeron aulas marinas para la enseñanza de los misterios del mar y así con todos los demás chismes de matar y, gracias a su pasión por la ceremonia y la bullanga vivieron por fin como dios; así que ¡quien sabe! A lo mejor la desaparición de los ejércitos se la deberemos un día entre otras cosas a la multiplicación de las salvas de ordenanza y al incremento de las fiestas populares y de las ferias de Valencia.

333 Saber morir

La codorniz sencilla de la fábula 174 se dio cuenta un día de que se le habían pasado sin comentario unas curiosas palabras del himno de la fiel infantería que dicen "que por saber morir, sabe vencer". Y, además de que ponía sus peros lógicos a la concatenación causal, (que le parecía una exageración retóricopoética discutible, porque si uno sabía morir y se moría, el que vencía era el enemigo y no él), no le parecía que fuera cosa fácil saber morir, porque, para que fuera una auténtica ciencia, era necesaria la práctica y experiencia, y, como sólo nos morimos una vez, no es fácil conseguiría; y por eso a la codorniz le gustaba más estudiar para saber vivir, y, aunque sabía que a todos nos llegará nuestra hora, para dejar un poco de sitio y de cosas que hacer a los que vienen detrás, no le apetecía salir a buscaría expresamente por ahí o adelantaría para sacar un notable o un sobresaliente en la ciencia de saber morir, sino esperar tranquilamente alguna de las enfermedades incurables contemporáneos, como un accidente de tráfico o un error médico y contentarse con el aprobado general que da la muerte a todos los seres humanos.

334 El pájaro carpintero y el monumento

A un pájaro carpintero aficionado a la historia, que paseaba un domingo de abril junto al monumento a los Héroes de Cavite, le preguntaron sus hijas pajaritas carpinteritas qué les estaba diciendo la señora gorda vestida de noche y con corona a los dos marineros con escopetas que miraban a lo lejos, y el pájaro carpintero no supo al principio qué responderles; porque, como los desastres de Cavite (que está en Filipinas, junto a Manita) y de Santiago de Cuba fueron en 1898, y el monumento se inauguró 28 años después por el rey Alfonso XIII y el dictador Miguel Primo de Rivera, se ve que para entonces ya se habían olvidado las amargas quejas de los pensadores honestos de la generación del 98, a las que nadie había hecho mucho caso, ni los tenderos (que siguieron llamando a sus establecimientos de alimentación tiendas de ultramarinos y almacenes de coloniales, a pesar que ya no había colonias ni provincias de ultramar), ni los militares (que para el año 1921 ya habían organizado otra cosecha de muertos en Marruecos, donde tampoco se les había perdido nada a ninguno de los pobres que murieron allí); y, como la dictadura de Primo de Rivera fue, entre otras cosas, para evitar la investigación de las responsabilidades de la guerra de Marruecos, que llegaban hasta el rey, a lo mejor el monumento de piedra a los héroes de Cavite y Santiago de Cuba fue para echar un poco más de tierra encima del desastre de Marruecos; pero, como todo eso no lo podían entender así de golpe, sus dos hijas pajaritas carpinteritas, les dijo que lo que la señora gorda decía a los marineros era que, si otra vez tenían que viajar a Filipinas, a Cuba o a Marruecos, que nunca llevaran escopetas, y luego siguieron los tres paseando y tomando el sol.

335 El perro y la porra

A un perro manso, que era policía municipal, no le gustaba que le dijeran guardia de la porra, pero todas las tardes, cuando llegaba de trabajar y se quitaba el uniforme, se encontraba colgado del cinto un palo tieso en forma de te minúscula pero alargada que mismamente no podía negar era una porra y aunque los ayuntamientos democráticos le habían dado un aire de trasto de Kung Fu o de defensa personal, era prima hermana de la porra primigenia de ofensa personal, que inventó el hombre de las cavernas, y deseaba con toda su alma, que la dichosa porra se convirtiera en una barra de pan, y/o en un chorizo o salchichón, que también tienen forma de porra, pero son armas para la manutención personal propia o ajena, con la que los policías municipales podían fácilmente sacar del apuro a los que van pidiendo veinte duros por la calle para comprarse un bocadillo.

336 El periquito y las guerras justas

Un periquito teólogo moral que se ganaba honradamente la vida rumiando y sacando brillo a la sana doctrina moral de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, tenía dificultades de conciencia con la doctrina de la guerra justa; porque, si la teoría no estaba muy clara, la práctica, mucho menos; y, aunque repasara la historia con un candil, no encontraba casi ninguna que lo fuera de verdad, sobre todo en los tiempos modernos y contemporáneos; y entonces ¿qué coño hacían en los ejércitos tantos capellanes castrenses?
Y a veces pensaba que a lo mejor la guerra justa era la que causaba sólo los muertos y las destrucciones necesarias y nada más; pero veía que no, que ni siquiera así había guerras justas, porque en muertos y destrucciones todas las guerras se pasaban una barbaridad.

337 Nuevos métodos en la solución de conflictos

Un paso muy importante en la extinción de los ejércitos en el reino animal se debió, como muchas otras cosas, a unos países muy pobres y muy lejanos de lagartijas del tercer mundo, que caían muy cerca del quinto coño, porque resulta que, como eran tan pobres, decidieron solucionar los conflictos en vez de con guerras, que eran carísimas, con partidos de fútbol, que son mucho más baratos y se pueden organizar sin muchos protocolos y declaraciones y fomentan también el desahogo de la agresividad y los sentimientos patrióticos; y como además producían beneficios económicos con las entradas y con los derechos de la televisión, la radio, la propaganda etc., la moda pasó a los lagartos de los países centrales, que son más ricos y más cercanos; sólo que allí, como se iban imponiendo regímenes presidencialistas, se sustituyeron los partidos de fútbol por combates de boxeo entre Presidentes, y curiosamente, el nivel de conflictos descendió muchísimo, porque los Presidentes hacían lo imposible por arreglar las cosas por las buenas, antes de ponerse en calzoncillos para subir a darse de hostias en el ring.

338 El mirlo, los ricos y los pobres

Un mirlo militante se había dedicado durante muchos años a intentar hacer más ricos a los pobres, y consiguió poco, porque cuando los pobres mejoraban algo, los ricos habían mejorado cien veces más y los pobres seguían siendo más pobres que antes. Por eso, un día decidió cambiar de estrategia, y se dedicó exclusivamente a hacer más pobres a los ricos, de manera parecida al Vivillo y al Pernales, sólo que como vivía en una ciudad de la Mancha y tenia algunos estudios de electrónica, en lugar de resucitar el bandolerismo agrario andaluz, inauguró el bandolerismo urbano manchego, eso sí, asistido por ordenador.

339 El pájaro de cuentas y de letras

Había una vez un "gran pájaro de cuentas" que dominaba las cuatro reglas, o sea, sumar, restar, multiplicar y dividir, pero tenía mala fama, porque sumaba cobros y restaba pagos, multiplicaba beneficios y dividía las pérdidas entre todos menos él. Y cuando los demás pájaros le criticaban un poco, porque los iba desplomando poco a poco y mucho a mucho, y le sugerían que se convirtiera en "un pájaro de letras" respondía, que él utilizaba las operaciones aritméticas según la ley sacrosanta occidental y cristiana del máximo beneficio, y que también dominaba las letras, especialmente las de bola, a 30, 60 y 90 días.

340 La reinserción de la cárcel

Algunas veces parece que no sirve para nada dar gritos por la calle, pero una vez en una manifestación en Cartagena se gritó muchas veces aquello de "Y la cárcel, ¿PA QUÉ? Y la cárcel, ¿PA QUÉ? ¿PA QUÉ? ¿PA QUÉ?" Y algunos gritos quedaron prendidos en las ramas del eucalipto, que está a la puerta de la cárcel de San Antón, abrazado por una hiedra; y cuando soplaba el lebeche, sonaban bajito en las orejas de la cárcel, que los estuvo meditando varios años, sobre todo, por la tarde, cuando se ponía el sol detrás de la Muela y Peñas Blancas. Y haciendo un balance de su vida de cárcel desde los años 30, en que fue construida, no le parecía que había servido mucho para reinsertar al personal como estaba escrito en las leyes, y les gustaba repetir a los mandamases en las fiestas de N. S. de la Merced, que es, la pobre, la patrona de las Cárceles. Así que, una noche de mayo, que hacía muy buen tiempo, la cárcel hizo las maletas y se fue quien sabe dónde, y hasta hoy; y el Tribunal Supremo decretó la libertad de todos los penados, en una famosa sentencia, que era muy breve, porque decía sólo: "Decretamos que "presoak kalera", porque la cárcel ¿pa qué?" Y todavía los estudiantes de derecho, que analizan la sentencia, se preguntan por qué los sesudos magistrados usaron el euskera "presoak kalera", en lugar, del castellano "presos a la calle .

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