El Cuervo Ingenuo

Fábulas del entretiempo, Mariano González Mangada

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291 Los derechos del peatón

Por fin, un decreto ley recoge los derechos del peatón en 29 artículos con la categoría de disposiciones transitorias, pues gracias al poder de las multinacionales del automóvil, hoy todo va sobre ruedas y se considera científicamente a los peatones como una especie en vías de extinción. El artículo primero declara que el peatón es el titular primario y natural de derecho de las vías públicas siempre y cuando no haya ningún vehículo aparcado o circulando por las inmediaciones; los 14 artículos siguientes enumeran los tipos de pompas fúnebres que corresponden al peatón en caso de ser arrollado y muerto en la acera o en un paso de peatones debidamente señalizado; y los 14 artículos finales, señalan las indemnizaciones de las Compañías de Seguros en caso de accidente no mortal, que consisten en una gama escalonada de automóviles conforme a la gravedad de los atropellos, desde el Rolls Royce inoxidable totalmente automático a la silla de ruedas descapotable con motor eléctrico y baterías.
Para la Garba Ecologista
II Paseo urbano en bicicleta

292 El animal que siempre andaba solo

La gata Casandra conoce otra versión del maravilloso cuento de Kipling, "El gato que siempre andaba solo", que, si no es más cierta, ciertamente recoge el punto de vista de los felinos. El animal miedoso que siempre andaba solo y aburrido era el hombre, y un día oyó al gato que estaba echado en su limpia cueva ronronear de placer, y le dio tal envidia que le dijo: "Oh enemigo, dame tu ronroneo para que yo pierda mi miedo y mi soledad y me sienta bien". Y el gato le contestó. "Oh enemigo, si tú vives en una cueva limpia como ésta y si yo puedo estar siempre tumbado junto al fuego y si me das leche de la vaca tres veces al día yo ronronearé para ti y te quitaré el miedo y la tristeza por siempre, Por siempre y por siempre". Y fue así como el Hombre buscó una cueva y la limpió y le puso una cortina en la puerta e inventó el fuego y domesticó la vaca. Y cuando lo hizo, llamó al gato y le juró cumplir las tres condiciones por la cortina de la puerta, por el fuego encendido y por las vasijas de leche, que estaban junto al fuego por siempre, por siempre y por siempre. Lo de que los perros persiguen a los gatos basta hacerles subir a los árboles, no es más que pura envidia, y lo de que el hombre les tira a veces los zapatos, no es más que arrepentimiento por el pacto que no se puede romper a causa de los tres testigos y que hace que el gato sea el rey de la casa. Y en una nota añade Casandra, que el pacto lo hizo un gato con un hombre y, por eso, las gatas unas ronronean y otras no, y las mujeres suelen poner bastantes peros aún hoy en día, cuando un hombre quiere meter un gato en el piso.

293 El tranvía y el taxi

Cuatro personas salieron un miércoles de trabajar y formaron una pequeña cola en la parada de "un tranvía llamado deseo". Al cabo de veinte minutos, pasó un inspector y les dijo que el único tranvía de la línea había sufrido una avería y que perdonaran por Dios. Los cuatro se pusieron de acuerdo y tomaron un taxi, que hizo un recorrido similar al del tranvía y, aunque el viaje les resultó bastante más caro, como el taxi no se llamaba deseo, sino débito matrimonial, los cuatro llegaron con caras largas a casa a cenar y a meterse directamente en la cama.

294 El papagayo y los discursos reales

Había una vez un papagayo, licenciado en retórica barata, que trabajaba como redactor de discursos para reyes, y a veces, tenía dificultades de expresión; porque, como los discursos tenían que contentar a todas las clases sociales y aludir a los acontecimientos actuales sin tomar partido, pues las formulaciones que le salían eran muy generales y más propias de un catecismo de primera comunión que de personas de 54 años, que es la edad que suelen tener los reyes por término medio; sin contar con la dificultad añadida de los discursos que pronuncia o lee un rey en su nombre y en el de la reina y que repiten tanto: la reina y yo, etc.; y una vez que todos los discursos tenían que subrayar la naturaleza humana y cárnica de los reyes, según una campaña de la "Asociación Mundial de Reyes Destronados y Tronados", que acuñó el famoso eslogan: "los reyes también mean" se le ocurrió acabar un discurso regio en la inauguración de una escuela infantil con estas palabras: "los reyes, queridos niños, somos como vosotros y también meamos y después nos sacudimos la colita para no mojar los calzoncillos", pero como al final asistió también la reina, vio que la imagen literaria ya no era del todo exacta y hablar de papel o toallitas higiénicas la hubiera alargado poco literariamente y tuvo que cambiar el final del discurso.

295 La supervivencia política

La supervivencia política de los que tenemos la vocación de servir al pueblo - comentaba un ilustre escarabajo pelotero - suele tener dos partes, una, la supervivencia y otra, la política y, a veces, entran en contradicción, de modo que si uno intenta hacer una determinada política, peligra su supervivencia y, por eso, la mayoría aseguramos primero la supervivencia (algunos con relativa generosidad de modo que sobrevivamos bien y así podamos servir mejor) y luego, adaptamos la opción política a las condiciones de supervivencia, lo que a veces limita mucho las opciones, pero no hay más cera que la que arde, y no vamos a ser tan tontos como Lenin, que llegó a Presidente del Gobierno de la URSS (que en paz descanse) y se contentaba con el sueldo de un obrero metalúrgico.

296 Morfología de la prosodia amorosa

Había una vez una página de escritura redondilla, donde la A quería amorosamente enlazar con la B, pero la B no le hacía ni puto caso, porque hacía unos veinte años que quiso enlazarse con la C, y como la C estaba en babia, no hubo nada y ahora enlazaba amistosamente, en general, con todas las letras del alfabeto, mientras la pobre A seguía dando vueltas a su alrededor como un satélite abandonado. Por su parte la D buscó enlazar amorosamente con la C durante unos quince años hasta que C bajó de la luna, ponderó las circunstancias y aceptó un enlace informal. Pero D empezó a darle la barrila con que si la E, la F, la G, la H y hasta le tiraban los tejos a la C y la C se los devolvía, y entonces la C estiró el enlace con la D como si se tratara de una escritura árabe hasta la media distancia amorosa, circunstancia que aprovechó la j para mirar amorosamente a la C y confesárselo repetidamente, pero la C con la experiencia acumulada con la D no se atrevía a aceptar el enlace amoroso con la j no fuera a pasar lo mismo que con la D y también por miedo a que se rompiera el enlace amistoso a media distancia con la D y, a lo mejor, más enlaces, porque parece que las letras son muy abiertas al principio y que aceptan múltiples combinaciones, amorosas y amistosas, pero una vez que se forma una sílaba amorosa, parece que prefieren los monosílabos a la formación de palabras polisílabas o frases más complejas, lo que a lo mejor no es culpa suya, sino solamente de la prosodia amorosa hoy realmente posible, que, en general, se reduce a interjecciones difícilmente pronunciables como Cj, BP, UF y otras, y que es ciertamente mucho más limitada y exclusiva que la prosodia amistosa y, a veces, incluso la impide casi totalmente.

297 La autogestión en la literatura

En un país lejano y al calor de una campaña bajo el lema: "Crear lectores activos", se desató una polémica encendida sobre la autogestión en la literatura, que hizo que durante una temporada todos los libros se publicaran en blanco y el protoautor del libro sugería simplemente el título probable y un esbozo del argumento, con lo que el lector activo comenzaba a escribir y al cabo de 1 o 2 años se obtenían una media de unas dos mil novelas de auténtica creación literaria por cada título. Los problemas surgieron a la hora de poner a disposición de la Comunidad literaria internacional tal cantidad de tesoros y, por eso, y por la presión de las empresas fabricantes de tinta de imprenta, la autogestión literaria se abandonó por el momento y se volvió a la tradicional división del trabajo entre lectores y escritores; pero los lectores activos de aquella época guardan con especial cariño sus ejemplares únicos, cada uno con dos fotocopias para evitar pérdidas, que serían irreparables para las generaciones venideras.

298 La manada de piojos

Una manada mediana de piojos muertos de hambre", a base de mucho esfuerzo y muchas trampas, se convirtieron en una "manada de piojos revividos hartos de comer" que es una de las cosas más peligrosas que hay en este mundo, y hacían bueno el dicho: "no sirvas a quien sirvió, ni pidas a quien pidió". Y un laboratorio revolucionario experimental de insecticidas sociales, que deseaba acabar con plagas semejantes, diseñó un producto que exterminaba, no a los piojos, ya fueran "muertos de hambre" 0 "hartos de comer", sino directamente "al servir" y "al pedir" y, curiosamente, desterrados estos dos focos de infección, las manadas de piojos se iban convirtiendo con relativa facilidad en personas humanas, incluso simpáticas y agradables.

299 El perro suicida

Un pequeño perro callejero color canela vivía muchos años en las seiscientas y un día se enamoró de él una perrilla joven blanca y negra y siempre estaban juntos. Pero el perro canelo, a pesar de su apariencia atractiva y juvenil tenía 17 años, que son unos setenta y tantos de la edad de las personas humanas, y ya no se le levantaba, y, como amaba mucho a la perrilla blanca y negra, un día arregló los papeles del casorio en el juzgado y, luego, se tumbaba en medio de la calle para que lo atropellara un coche y la perrilla cobrara la indemnización y fuera feliz, convirtiéndose, tal vez, en el primer perro suicida por amor y por economía de la historia de la literatura; aunque no se sabe si logró sus objetivos, porque la perrilla, que lo quería a él más que a las "perras" de la indemnización, lloraba mucho y le decía que no lo hiciera, porque existen muchas formas de navegación amorosa sin necesidad de levantar el palo mayor.

300 La pájara pinta y la multa

Estaba la pájara pinta sentadita en el verde limón y cuando con el pico recogía la bola y con la hoja recogía la flor, la vio un perro pachón, policía municipal, que no había llegado ni con mucho al cupo de multas del mes, y le puso una por arrancar flores sin permiso, y la pájara pinta se quedó llorando, porque el pájaro pinto estaba en el paro y sólo cobraba la ayuda familiar Y cuando el perro pachón policía municipal iba a llegar a su casa, sus dos hijas estaban jugando en la calle y cantaban la canción que decía.


Estaba la pájara pinta
Sentadita en el verde limón
Con el pico recoge la hoja
Con la hoja recoge la flor
¡Ay mi amor! ¡Ay mi amor!

Y entonces el perro se acordó de su mujer, a la que quería apasionadamente y de una cuñada soltera, a la que quería platónicamente, y rompió la multa, porque, aun en las inexorables decisiones administrativas, también influye, de vez en cuando, el factor humano.

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