El Cuervo Ingenuo

Fábulas del entretiempo, Mariano González Mangada

.

201 La tórtola y el refrán

Una tórtola crédula, aficionada al tesoro de sabiduría popular de los refranes, quiso poner en práctica uno que decía: "Entre dos que bien se quieren, con uno que coma, basta"; y como ella y su tórtolo se querían bien, pues a la hora de comer había un solo plato que se comía ella y el tórtolo se quedaba embobado mirándola comer y se alimentaba de amor Pero se ve que el amor debe tener pocas proteínas e hidratos de carbono, porque el tórtolo se puso flaquísimo y se murió. Entonces la tórtola escribió al Sr Kreisler proponiéndole un nuevo refrán no contenido en las anteriores colecciones del Marqués de Santillana, Hernán Valle, Correas o Rodríguez Marín que decía así : "Entre dos que bien se quieren, con una que coma pronto se queda viuda".

202 La insumisión de las garitas

La desmilitarización, o sea, la civilización de Cartagena comenzó por las garitas de los cuarteles; y fue que una pintada insumisa que vivía enfrente del Club de Cabos salió una noche a darse una vuelta por Cartagena, y, al pasar por delante del Parque de Artillería, una de las garitas leyó que decía: "NI CIVIL NI MILITAR: EL SERVICIO PA CAGAR" y le entró tal ataque de risa que se le desencuadernaron los ladrillos, los cuales bajaron ordenadamente a apilarse en la baldosa en columna de a tres, (que no en vano habían sido militares tanto tiempo), dejaron al pobre centinela como en cueros, subido allá en lo alto sin el reparo protector; y el centinela, que era valenciano, dio parte de lo sucedido, o mejor, todo lo sucedido con pelos y señales al cabo de guardia, y éste al sargento, y el sargento al oficial, y así la noticia recorrió todo el escalafón jerárquico hasta llegar al Almirante; pero para entonces ya se habían desencuadernado en cadena todas las garitas de la ciudad y de los alrededores, hasta las garitas de la cárcel, donde está la Guardia Civil, que resulta que es militar, y los ladrillos, animados por un fervor pacifista y benévolo inexplicable, se habían ido desfilando hasta Los Mateos, donde se habían erigido en un grupo de viviendas protegidas que adjudicaron ellos mismos a emigrantes magrebíes; y luego fueron detrás los muros de los cuarteles, y el del Arsenal, que es tan largo, (y des pués de tantos años, la calle Real pudo volver a ver el mar y se puso muy contenta), y las bóvedas subterráneas de una urbanización para bombas que hay en la falda del Roldán, y ya no hubo quien parara la cosa buena; porque, además, los militares no se quedaron sin trabajo, sino que se dedicaron a combatir el hambre y la desigualdad, sobre las que lograron unos triunfos mucho más gloriosos que los de los Tercios de Flandes.

203 Sociología de las procesiones

Un ratonico sociólogo se encontraba habitualmente en paro y en la primavera del 93, aprovechando una subvención de la Comunidad Europea, a través de la Universidad de Murcia, aceptó realizar un estudio sociológico sobre las procesiones de la Semana Santa de Cartagena, (estudio que luego firmó un catedrático como propio para cobrar la integridad de la subvención y pagarle a él a 300 pelas la hora).
El ratonico utilizó el método contemplativo integral de la muestra, pues se sentó en una silla de la calle de la Serreta para la procesión de la burrica el domingo de ramos y no se levantó hasta la del resucitado, que es la mañana de Pascua, y allí sentado, vio, y luego lo expresó en las conclusiones de su estudio, que las procesiones eran un auténtico fenómeno sociológico que resumía y polarizaba todas las contradicciones sociales de la estructura y de la coyuntura de la ciudad de Cartagena, y que a veces se convertía indudablemente en el aspecto principal de la contradicción principal, especialmente en los momentos de crisis que, como es sabido son casi todos; y unas veces ayudaba a superar temporalmente las contradicciones entre pobres y ricos, civiles y militares, clérigos y laicos (siendo realmente la capa de los nazarenos cofrades una buena capa que todo lo tapa);,Pero, otras veces, las agudizaba un montón, como había pasado ese año, en que el ex-hermano mayor de las cofradías, acompañado de sus hijos (que lógicamente serían ex-sobrinos mayores) le dio de hostias al Sr. Vicario Episcopal (que debiera ser padre mayor o abuelo mayor de las mismas cofradías); y los portapasos de San Juan, que cobraban 5.000 pelas por llevar el trono, se habían cabreado con el golpe de estado que se había dado en la Agrupación aprovechando el aumento de devoción, en virtud del cual los portapasos iban a pagar, en vez de cobrar, por llevar el Santo, y se corrió la voz de que iban a mantear al Presidente de la Agrupación al pasar la procesión por la Uva Jumillana, que es un bar donde hay una famosa peña del Cartagena Efesé, y el Ayuntamiento puso allí un retén de unos 50 guardias y el Presidente iba escoltado por dos vigilantes de seguridad muy altos vestidos de nazarenos y al final no pasó nada; y que todo esto, aunque pareciera cosa de fábula, era tan real como el IRPF Y también explicaba en las conclusiones por qué iba tan poca gente en Cartagena a las manifestaciones y a los carnavales; y era porque, las procesiones, como fenómeno sociológico Ciudadano total, eran simultáneamente una gran manifestación masiva un gran carnaval, a la vez organizado y espontáneo, y donde todos los ciudadanos eran intermitentemente actores y espectadores desde su más tierna infancia; y como duraban tantísimo, a la gente no le quedaban fuerzas ni ganas para más manifestaciones ni carnavales hasta la primavera siguiente. Y, en un apéndice, que fue censurado por el Catedrático, alabando el prodigio de autoorganización popular y de construcción de tejido social que significaban las procesiones, deseaba que los revolucionarios, con el tiempo y una caña, fueran capaces de crear para bien de todos siquiera la mitad de ese tejido social, y entonces la revolución sería inminente e imparable.

204 La competencia desleal

Le acontecía al cuervo ingenuo, que algunas veces le sorprendía sentado en una silla el final del día. Sin fuerzas para huir del telediario y mientras lo soportaba, le entraba auténtica envidia de ver que los amos del mundo y sus representantes políticos, que eran los protagonistas indudables de todas las noticias, hacían sin parar fábulas mucho más disparatadas que las suyas y hasta pensó en demandarlos por competencia desleal, pero luego vio que no, que debido a la falta de militantes que les abrieran los ojos, la gente no comprendía el intríngulis de esas fábulas, y que era posible que lo mismo pasara con las suyas por más bestias que las hiciera, porque ya dijo A braham en la parábola del pobre Lázaro, que aunque se lo diga uno que baya resucitado de entre los muertos, no se van a enterar, por ahora, pero con el tiempo igual sí.

205 La comadreja y la teología de la blasfemia

Una comadreja teóloga, especialista en la teología negativa, elaboró con relativa facilidad un catálogo de las blasfemias populares más usadas, una vez que la blasfemia hubo desaparecido como delito del Código Penal y no había ya peligro de que los encuestados acabaran en chirona; y, aún antes de terminar el catálogo andaba buscando una matriz o esquema que pusiera orden en tanta frondosidad. Para la introducción ya tenía pensada una hipótesis y era que, como la religiosidad había tenido tanta importancia antes del triunfo de la burguesía (e incluso después y aún ahora a finales del siglo XX, lo que no dejaba de ser curioso), y los portavoces de la religión habían dicho al pueblo que Dios era el que con su Divina Providencia cuidaba de todo lo que pasaba en el mundo, los pobres pobres que veían que por ahora el mundo era un desastre para ellos, pues era natural que se cagaran en ese Dios, su padre, su madre y toda su parentela y de paso en la patena, en el cáliz y en el mismísimo copón bendito. Y después de ordenar como pudo la montonera de blasfemias adaptadas al índice del Catecismo de la Iglesia Católica, le quedaron sin ordenar dos, una recogida en Bullas, el pueblo de los obreros peregrinos, que decía "cago en crista"; y otra, procedente del barrio de los Dolores de Cartagena, que era bíblica en sentido amplio, porque decía "me cago en los judíos de Vera" (Almería).

206 El conejo y el comunicado del 1 de Mayo

Un conejo militante obrero cristiano, en la planificación de principios de curso, aceptó encargarse de redactar el comunicado de su organización para el 1 de mayo, y luego se olvidó, y, cuando llegó el 13 de Abril y le recordaron por teléfono su compromiso, se sentó de madrugada a poner sobre el papel lo de los mártires de Chicago y las 8 horas (que 100 años más tarde deberían ser 4, y que resulta que son 10, 12 o 14), lo de los ideales de emancipación de la clase obrera, la crisis de siempre, la ceguera egoísta de los patronos y su gobierno, el paro juvenil y maduro, las guerras de la burguesía, odiadas de siempre por los obreros y en las que siempre se veían envueltos desde la II Internacional, el trabajo precario y la vivienda más precaria todavía de los trabajadores inmigrantes y otras tristes cosas hermosas que se suelen poner en los comunicados; pero, como no estaba contento con la expresión escrita que les daba, lo tachó todo e hizo un comunicado muy breve en el que decía que su organización militante obrera cristiana aprovechaba la ocasión para, como obreros aunque no mucho y como cristianos aunque no muchos, pedir perdón por todas las palabras que los cristianos habían ofrecido al mundo obrero para decir lo que tenía que hacer, sin tener claro lo que tenían que hacer ellos, y por todas las obras de los cristianos dañinas para el mismo mundo obrero. Y el comunicado lo leyó más o menos la misma poca gente de siempre, pero a algunos de los que lo leyeron les llamó un poco la atención, porque la Iglesia había perdonado muchísimos pecados y vidas que a lo mejor no lo eran, pero casi nunca había pedido perdón a nadie y, desde luego, no al mundo obrero; y decían que, en lo que a ellos les tocaba de mundo obrero, pues que si que la perdonarián un poco, si verdaderamente tuviera dolor de corazór y propósito de la enmienda.

207 El cervatillo y el obrero ideal

Un cervatillo parado joven consultaba todos los días las ofertas de trabajo y veía que se lo ponían muy difícil; porque el obrero ideal tenía que ser joven con dilatada experiencia en el ramo, de grandes ambiciones pero que aceptara un contrato en prácticas con la mitad del sueldo del convenio; con gran capacídad de iniciativa, pero sumiso y obediente; con amplia facilidad de palabra y dominando varios idiomas y al mismo tiempo ciego y sordomudo; y le parecía que el obrero ideal era para la mayoría de los empresarios una mezcla a partes iguales de Supermán y Quasimodo, sólo que todo el mundo sabia que Supermán no tenía que trabajar porque podía ponerse en calzoncillos en el ascensor por ejemplo y encontrar tesoros ocultos con su supervista y Quasimodo ya trabajaba de campanero en Nuestra Señora de París y además se babía muerto hacía bastante.

208 La ratita y la drogadicción

Con respecto al fenómeno social de la drogadicción y sus consecuencias funestas para unos, pero beneficiosas para otros, entre ellos para el Estado Moderno, se arbitraron centenares de soluciones en memoriales parecidos a los de los memorialistas y arbitristas del Siglo de Oro, pero que ahora se llamaban informes y propuestas, y casi todos insistían en los procedimientos represivos para que los camellos no vendieran a excepción de un memorial de una ratita de alcantarilla, pobre pero limpia, que proponía solamente que los drogatas no la compraran, cosa que parecía lo mismo, pero no era igual ni muchísimo menos, y aún que la ratita sabía que era más difícil que lo primero, intuía que por ahí iba la solución, porque decía que nadie compraría un ele fante para animal de compañía de un décimo piso, aunque se lo vendieran muy barato, y no porque a lo mejor no sirviera, sino sólo porque la gente estaba convencida de que no valía para eso.

209 El ratonico y la muestra

Al ratonico sociólogo que siempre estaba en el paro le tocó hacer con poco tiempo un informe basado en una encuesta por encargo de una gran empresa de sociología informatizada que no hacia más que cobrar y encargar el trabajo a otra más pequeña por la mitad del precio y ésta a otra y así, y como la cosa le venía subcontratada en el décimo escalón por lo menos, prácticamente no había ya dinero para una muestra mínimamente representativa, pero el ratonico pensó que para muestra basta un botón y fue a una mercería y compró uno y le salió un informe redondo y con cuatro agujeritos en el centro.

210 La grulla y la construccíon del socialismo

Una grulla que volvía de los países del Este de Europa se paró a repostar con su bandada en las salinas de San Pedro del Pinatar y trabó conversación con el Cuervo ingenuo que pasaba por allí; y el Cuervo le comentó lo difícil que se estaba poniendo la cuestión de lo que quería decir al principio la palabra socialismo, y la grulla decía por ahí, ahí le duele y que esa era la cuestión. Porque hacer una revolución, pues mal, o bien, algunas se iban haciendo y cada vez mejor, aunque mientras no fuera mundial, todas tenían una frontera o límite, que era el límite entre las fuerzas de la revolución y las fuerzas o la permisividad temporal de los amos del mundo, pero que la auténtica dificultad no era hacer la revolución, sino construir el socialismo y que no era tan fácil. Porque en los países llamados socialistas se enseñaba en la escuela, pero se ve que la gente no se lo había aprendido bien y no es que fueran torpes, sino que eran muchos siglos usando las palabras tuyo y mío, para en unos años aprender a usar la palabra nuestro o de todos. Y una torda que oyó la conversación dijo que a lo mejor el socialismo era antinatural, porque parece que lo natural en el hombre es el egoísmo.
Y la grulla te dijo, que a lo meíor si, pero que lo que no es tan claro es lo que significa la palabra natural, que vende tanto hoy.
Y si fuera verdad la teoría evolucionista, pues lo natural en el hombre sería el gorila y aunque a veces parece que si, pero en general no es cierto, porque el hombre a veces hace regalos y dice chistes, lo que no se sabe por ahora de ningún gorila.
Y a lo mejor el socialismo era como montar en bicicleta, que para nuestros tatarabuelos hubiera sido antinatural y suicida, pero para nuestros hijos era la cosa más natural del mundo.

Volver

.