El Cuervo Ingenuo

Fábulas del entretiempo, Mariano González Mangada

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121 Noticias de fábula

Han sido detenidos los responsables de los últimos atentados de la Banda Terrorista KIO en Cartagena. Se les han incautado 80 Kilos de situaciones explosivas, varios Kilómetros de mecha que deberían aguantar sus trabajadores, circuitos viciosos impresos en tinta antipática, croquis de futuras quiebras fraudulentas, OPAS hostiles y suspensiones de pagos y cientos de carteles de propaganda de la guerra del Golfo. Han sido condenados por la Audiencia Nacional a 830 años de exención de impuestos y a recibir 2 billones de subvenciones a fondo perdido. Las costas de juicio las pagarán, como es habitual, los trabajadores.

122 El tonto que le gustaba figurar

Hubo una vez un hombre que por el selecto ambiente familiar y la esmerada educación en colegios de pago, resultó al final que era tonto para pavo y te gustaba figurar y si alguien le decía que no se moviera sí quería salir en la foto, pues no se movía a lo mejor tres días seguidos hasta que venía su mujer del Continente y decía, come y comía y asistía como público a los concursos de televisión y reía cuando lo ponía el cartel y aplau- día cuando se lo mandaban y un día discutió con un amigo y éste lo mandó a la mierda, se marchó y por ahí debe andar buscándola tan contento porque hasta había conseguido salir en el programa Quién sabe Dónde.

123 El profeta y las piedras

Un profeta, harto de profetizar hermosas profecías contra la injusticia, como veía que la gente no le hacía ni puto caso se calló unos años a ver. Como es natural, y lo dice el Evangelio entonces hablaron las piedras.
Pero como había mucho ruido de altavoces, televisores, guerras y tractores amarillos, y la gente salía poco al campo y los pocos que salían habían olvidado el lenguaje de las piedras pues tampoco les hicieron ni puto caso como al profeta; pero ni él ni las piedras se desanimaron, porque ya se sabe que la injusticia es muy grande y no se va a arreglar así de golpe con unas profecías o con unos gritos (aunque sean de piedras), pero seguro que no tiene más remedio que irse arreglando, un poco por lo menos; o mejor, un mucho o del todo, por lo más.

124 El caracol y el enigma del Santo Padre

Un caracol devoto se preguntaba cómo era posible que, si Jesús había dicho a los discípulos que no llamaran a nadie padre sobre la tierra y ningún pastor se había atrevido a quitarlo de los evangelios, cómo era posible que todos los católicos llamaran a un hombre que se veía que era Karol Wojtyla (o Juan Pablo II, según), nada menos que Santo Padre, o sea, no sólo padre con mayúscula, sino encima santo también con mayúscula. Y con el tiempo se inclinaba a pensar que a lo mejor era porque Juan Pablo II no estaba sobre la tierra, sino, como se veía por los viajes frecuentes y por las encíclicas, mayormente en las nubes, y desde allí algunas veces tronaba en plan Júpiter Olímpico, como cuando pasó por la Nicaragua Sandinista o cuando le mentaban la Teología de la Liberación.

125 El azul y el marrón

Aunque la madera se vende hoy pintada generalmente de azul, el color que sigue predominando en las Comisarías es el marrón, pero no en los uniformes, sino en la comida de los presuntos. Porque cuando a un presunto se le han tomado los datos y las huellas (por pura formalidad, porque esa es la forma de hacer las presentaciones en la Comisaría ) los inspectores de guardia le invitan a comerse algún marrón de los muchos que a diario se depositan en los estantes por los ciudadanos afectados. El presunto se niega al principio por educación pero ante la insistencia de los inspectores se come 1, 2 o 3 o los que sean necesarios para mantener en equilibrio el Stock. Algunas veces el marrón está muy frío, es muy grande o ya muy rancio y el presunto tiene que invitar a algún conocido a que le ayude a comérselo y así en general el balance del flujo se va por ahora manteniendo casi constante hasta que desaparezcan los marrones y las Comisarías no se sabe si por este orden, pero sí por esta necesidad que tenemos de ser felices.

126 Los agentes supersecretos

Hubo una vez una Agencia Central de Información que llegó a contar con numerosos agentes supersecretos tan secretos que no lo sabían ni ellos, ni cobraban nada por una misión muy sencilla pero importantísima que consistía en que los supersecretos agentes escuchaban y se creían todas las noticias y pensamientos dominantes (o sea de la clase dominante) difundidos por las otras Agencias No Centrales de Información y los repetían en el bar y en la calle a los amigos y conocidos hasta formar una red tan espesa que cualquier noticia o pensamiento revolucionario era incapaz de levantar el vuelo y costó Dios y ayuda librarse de esa red tan tupida tan sutil y tan barata.

127 El totovío y la esperanza

Había una vez una totovía* macho o sea un totovío, que nunca perdía la esperanza y cuando le preguntaban que cómo podía ser, decía que es que se había casado con ella porque sabía que la esperanza era muy celosa y por eso era posible que la esperanza lo perdiera a él pero que él perdiera la esperanza era imposible.

*Totovía. Nombre de pájaro: Cogujada o alondra moñuda.

128 Los conejos liberados

Una confederación de madrigueras de conejos militantes obreros cristianos quisieron liberar a algunos de ellos para trabajar exclusivamente para la organización y así ayudarle en su misión de evangelizar al mundo de los demás conejos obreros. Los conejos liberados se fueron a la capital y se sentaron en unos despachos a escribir primero de lo que sabían; luego de lo que creían que sabían porque les sonaba; y después de lo que no sabian ni les sonaba, pero creían importante; y como no tenían otra cosa que hacer y les cundía, atascaron las madrigueras de la confederación con tal cantidad de folios, que los conejos ya no podían salir ni para traer hierba, ni para evangelizar, ni para vigilar a los perros ni a los cazadores, ni tan siquiera para echar una ojeada a los nuevos mamotretos que iban llegando y fue un relativo problema; y por eso los conejos, aunque eran pacientes y bondadosos, tendían algunas veces a pensar que los liberados, como se veía sin ir más lejos con la liberación de los obispos, en vez de ayudar, estorbaban.

129 La humedad y los poros

Habia una humedad que vivía en una vivienda de protección oficial y, siguiendo su tendencia natural a respirar, levantaba los azulejos del cuarto de baño, se asomaba por los techos, hacia florecer los papeles pintados de las paredes y bufaba los suelos, y, se preguntaba por qué los arquitectos no se habían dado cuenta de que la humedad era como el sudor de la tierra, y, así como el cuerpo humano tenia sus poros, también los edificios, las constituciones, las leyes, los amores imposibles y las revoluciones necesitaban poros, es decir, caminos de salida, y, cuando no se los ponian, era peor.

130 La oruga procesionista

Habia una vez una oruga que los naturalistas llaman procesionaria, pero que, como había nacido en Cartagena era procesionista de toda la vida y en el año 1993 agarró un cabreo de mil pares de diablos exorcizados, porque, decía, las orugas pobres era natural que aprovecharan los tiempos de crisis para ir, en la auténtica fiesta del pueblo, que cuando no había otra cosa eran las procesiones, a la iglesia a hablar con Dios porque era gratis y no les llevaba la contraria, y que siempre había habido gente bien, como el Don Guido de Antonio Machado, que:

Gran pagano se hizo hermano
De una Santa Cofradía
Y el Viernes Santo salía
Llevando un cirio en la mano
Aquel trueno vestido de nazareno

Pero lo hacían sólo como un requisito para que los amortajaran luego con hábito y no como ahora que venían orugones funestos dentro de las cofradías y esos días dejaban vacias las cajas fuertes de los bancos donde guardaban las joyas para que sus legítimas (o recicladas) fueran enjaezadas con todos los arreos a ponerle las bragas a la Virgen y por eso eran capaces de dar no sólo codazos, lo que es normal en las aglomeraciones municipales y espesas, sino incluso cuchilladas y navajazos barberos y todo eso no por devoción o fervor, sino por pura ansia de codearse con capitostes militares o civiles y salir en las fotos y que, como las cosas siguieran así, el próximo año no iba a ir nadie y tendrían que traer para que cantaran la salve a las niñas huérfanas del Cotolengo de Santa Eduvigis dirigidas por Les Luthiers y que a lo mejor tenia razón una oruga roja vecina suya que decía que para arreglar el mundo más necesaria era una mala manifestación que una buena procesión, aunque no sólo.

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