Prólogo del autor, Mariano González Mangada

Cuervo Ingenuo no puede, como sí pudo Augusto Monterroso. agradecer nada a los animales del Zoo, porque en Cartagena no hay y ni siquiera quedan patos en el Castillo de los Patos.

Pero sí quiere expresar su agradecimiento a los perros callejeros, a la celosa gata Casandra que lo ama, a la dulce gata Minerva que todavía lo recuerda y a la bella y callada gata Betcha que lo abandonó, a todos los clientes, amigos y pacientes transitorios y permanentes de la Librería Espartaco y al espejo del cuarto de baño, donde mira todas las mañanas a un niño ya mayor que se le parece. Sin ellos y sin otras muchas cosas, estas fábulas no hubieran sido posibles.

Todos los que lean o escuchen estas fábulas tienen el derecho de copiarlas, reproducirlas por cualquier medio, decir que las han hecho ellos, cantarías si les parece y, por supuesto, en caso de placer o necesidad, limpiarse el culo con ellas. Tienen también el derecho de hacer otras parecidas, mejores o incluso peores, todo ello sin permiso escrito ni oral de nadie. Como estas fábulas no valen nada, no tienen precio, Si te sobran veinte o cuarenta duros, apórtalos, Pero no más.

Gracias.

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