|
ESCENA VIII CLOTALDO. Mejoró el cielo la suerte. Ya no diré que es mi hijo, pues que lo puedo excusar. Extranjeros peregrinos, libres estáis. ROSAURA. Tus pies beso mil veces. CLARíN. Y yo los viso; que una letra más o menos no reparan dos amigos. ROSAURA. La vida, señor, me has dado, y pues a tu cuenta vivo, eternamente seré esclavo tuyo. CLOTALDO. No ha sido vida la que yo te he dado, porque un hombre bien nacido, si está agraviado no vive; y supuesto que has venido a vengarte de un agravio, según tú propio me has dicho, no te he dado vida yo, porque tú no la has traído; que vida Infame no es vida. (Bien con aquesto le animo.) (Aparte.) ROSAURA. Confieso que no la tengo aunque de ti la recibo: pero yo con la venganza dejaré mi honor tan limpio que pueda mi vida luego, atropellando peligros. parecer dádiva tuya. CLOTALDO. Toma el acero bruñido que trujiste, que yo sé que él baste, en sangre teñido de tu enemigo, a vengarte; porque acero que fue mío (digo este instante, este rato que en mi poder le he tenido), sabrá vengarte ROSAURA. En tu nombre segunda vez me le ciño, y en él juro mi venganza, aunque fuese mi enemigo más poderoso. CLOTALDO. ¿Eslo mucho? ROSAURA. Tanto, que no te lo digo, no porque de tu prudencia mayores cosas no fio, sino porque no se vuelva contra mí el favor que admiro en tu piedad. CLOTALDO. Antes fuera ganarme a mi con decirlo; pues fuera cerrarme el paso de ayudar a tu enemigo. ¡Oh, si supiera quién es! (Aparte.) ROSAURA. Porque no pienses que estimo tan poco esa confianza, sabe que el contrario ha sido no menos que Astolfo, duque de Moscovia. CLOTALDO. (Aparte.) Mal resisto el dolor, porque es más grave que fue imaginado, visto. Apuremos más el caso. Si moscovita has nacido, [A Rosaura] el que es natural señor mal agraviarte ha podido; vuélvete a tu patria, pues, y deja el ardiente brío que te despeña. ROSAURA. Yo sé que, aunque mi príncipe ha sido, pudo agraviarme. CLOTALDO. No pudo, aunque pusiera atrevido la mano en tu rostro. (¡Ay cielos!) ROSAURA. Mayorfueelagravio mío. CLOTALDO. Dilo ya, pues que no puedes decir más que yo imagino. ROSAURA. Si dijera: mas no sé con qué respeto te miro, con qué afecto te venero, con qué estimación te asisto, que no me atrevo a decirte que es este exterior vestido enigma, pues no es de quien parece: juzga advertido, si no soy lo que parezco, y Astolfo a casarse vino con Estrella, si podrá agraviarme. Harto te he dicho. Vanse ROSAURA y CLARÍN. CLOTALDO. ¡Escucha, aguarda, detente! ¿Qué confuso laberinto es éste, donde no puede hallar la razón el hilo? Mi honor es el agraviado, poderoso el enemigo, yo vasallo, ella mujer, descubra el cielo camino; aunque no sé si podrá cuando en tan confuso abismo, es todo el cielo un presagio y es todo el mundo un prodigio. |