ESCENA VII

CLOTALDO.

¿Podréte hablar?

BASILIO.

¡Oh, Clotaldo!

Tú seas muy bien venido

CLOTALDO.

Aunque viniendo a tus plantas

es fuerza el haberlo sido,

esta vez rompe, señor

el hado triste y esquivo

el privilegio a la ley

y a la costumbre el estilo

BASILIO.

¿Qué tienes?

CLOTALDO.

Una desdicha,

señor, que me ha sucedido,

cuando pudiera tenerla

por el mayor regocijo

BASILIO.

Prosigue.

CLOTALDO.

Este bello joven,

osado o inadvertido,

entró en la torre, señor,

adonde al príncipe ha visto.

Y es...

BASILIO.

No te aflijas, Clotaldo.

Si otro día hubiera sido,

confieso que lo sintiera:

pero ya el secreto he dicho,

y no importa que él lo sepa,

supuesto que yo lo digo

Vedme después, porque tengo

muchas cosas que advertiros,

y muchas que hagáis por mí;

que habéis de ser, os aviso,

instrumento del mayor

suceso que el mundo ha visto..

Y a esos presos, porque al fin

no presumáis que castigo d

escuidos vuestros, perdono.

Vase.

CLOTALDO.

¡Vivas, gran señor, mil siglos!