|
ESCENA XIV Tocan al arma y sale SEGISMUNDO y toda la compañía. SOLDADO. En lo Intrincado del monte, entre sus espesas ramas, el rey se esconde. SEGISMUNDO. ¡Seguilde! No quede en sus cumbres planta que no examine el cuidado, tronco a tronco, y rama a rama. CLOTALDO. ¡Huye, señor! BASILIO. ¿Para qué? ASTOLFO. ¿Qué intentas? BASILIO. Astolfo, aparta CLOTALDO. ¿Qué quieres? BASILIO. Hacer, Clotaldo un remedio que me falta.- Si a mí buscándome vas ya estoy, príncipe, a tus plantas sea de ellas blanca alfombra esta nieve de mis canas. Pisa mi cerviz, y huella mi corona; postra, arrastra mi decoro y mi respeto, toma de mi honor venganza, sírvete de mí cautivo y tras prevenciones tantas, cumpla el hado su homenaje, cumpla el cielo su palabra. SEGISMUNDO. Corte ilustre de Polonia, que de admiraciones tantas sois testigos, atended que vuestro príncipe os habla. Lo que está determinado del cielo, y en azul tabla Dios con el dedo escribió de quien son cifras y estampas tantos papeles azules que adornan letras doradas, nunca engañan, nunca mienten; porque quien miente y engaña es quien, para usar mal de ellas, las penetra y las alcanza. Mi padre, que está presente por excusarse a la saña de mi condición, me hizo un bruto, una fiera humana; de suerte, que cuando yo por mi nobleza gallarda, por mi sangre generosa, por mi condición bizarra hubiera nacido dócil y humilde, sólo bastara tal género de vivir, tal linaje de crianza, a hacer fieras mis costumbres: ¡qué buen modo de estorbarlas! . Si a cualquier hombre dijesen: "Alguna fiera inhumana te dará muerte" ¿escogiera buen remedio en despertallas cuando estuviesen durmiendo? Si dijeran: "Esta espada que traes ceñida ha de ser quien te dé la muerte"; vana diligencia de evitarlo fuera entonces desnudarla y ponérsela a los pechos. Si dijesen: "Golfos de agua han de ser tu sepultura en monumentos de plata"; mal hiciera en darse al mar, cuando soberbio levanta rizados montes de nieve, de cristal crespas montañas. Lo mismo le ha sucedido que a quien, porque le amenaza una fiera, la despierta; que a quien, temiendo una espada, la desnuda: y que a quien mueve las ondas de una borrasca; y cuando fuera (escuchadme) dormida fiera mi saña, templada espada mi furia, mi rigor, quieta bonanza, la fortuna no se vence con injusticia y venganza. porque antes se incita más; y así, quien vencer aguarda a su fortuna, ha de ser con prudencia y con templanza. No antes de venir el daño se reserva ni se guarda quien le previene: que aunque puede humilde (cosa es clara) reservarse de él, no es sino después que se halla en la ocasión, porque aquésta no hay camino de estorbarla. Sirva de ejemplo este raro espectáculo, esta extraña admiración, este horror, este prodigio; pues nada es más, que llegar a ver con prevenciones tan varias, rendido a mis pies a un padre, y atropellado a un monarca. Sentencia del cielo fue; por más que quiso estorbarla él, no pudo: ¿y podré yo, que soy menor en las canas, en el valor y en la ciencia, vencerla.? -Señor, levanta. dame tu mano; que ya que el cielo te desengaña de que has errado en el modo de vencerle, humilde aguarda mi cuello a que tú te vengues: rendido estoy a tus plantas. BASILIO. Hijo, que tan noble acción otra vez en mis entrañas te engendra, príncipe eres. A ti el laurel y la palma se te deben; tú venciste; corónente tus hazañas. TODOS. ¡Viva Segismundo, viva! SEGISMUNDO. Pues que ya vencer aguarda mi valor grandes vitorias, hoy ha de ser la más alta vencerme a mí: Astolfo dé la mano luego a Rosaura, pues sabe que de su honor es deuda, y yo he de cobrarla. ASTOLFO. Aunque es verdad que la debo obligaciones, repara que ella no sabe quién es; y es bajeza y es infamia casarme yo con mujer... CLOTALDO. No prosigas, tente, aguarda; porque Rosaura es tan noble como tú, Astolfo, y mi espada lo defenderá en el campo; que es mi hija, y esto basta. ASTOLFO. ¿Qué dices? CLOTALDO. Que yo hasta verla casada, noble y honrada, no la quise descubrir. La historia de esto es muy larga; pero, en fin, es hija mía. ASTOLFO. Pues siendo así, mi palabra cumpliré. SEGISMUNDO. Pues porque Estrella no quede desconsolada, viendo que principe pierde de tanto valor y fama, de mi propia mano yo con esposo he de casarla que en méritos y fortuna, si no le excede, le iguala. Dame la mano. ESTRELLA. Yo gano en merecer dicha tanta. SEGISMUNDO. A Clotaldo, que leal sirvió a mi padre, le aguardan mis brazos, con las mercedes que él pidiere que le haga. SOLDADO 1.º Si así a quien no te ha servido honras, a mí que fui causa del alboroto del reino, y de la torre en que estabas te saqué, ¿qué me darás? SEGISMUNDO. La torre; y porque no salgas de ella nunca hasta morir, has de estar allí con guardas, que el traidor no es menester siendo la traición pasada. BASILIO. Tu ingenio a todos admira. ASTOLFO. ¡Qué condición tan mudada! ROSAURA. ¡Qué discreto y qué prudente! SEGISMUNDO. ¿Qué os admira? ¿qué os espanta si fue mi maestro un sueño, y estoy temiendo en mis ansias que he de despertar y hallarme otra vez en mi cerrada prisión? Y cuando no sea, el soñarlo sólo basta: pues así llegué a saber que toda la dicha humana en fin pasa como sueño, y quiero hoy aprovecharla el tiempo que me durare, pidiendo de nuestras faltas perdón, pues de pechos nobles es tan propio el perdonarlas. |