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ESCENA XIII Suena ruido de armas. Salen el Rey, CLOTALDO y ASTOLFO, huyendo. BASILIO. ¿Hay más infelice rey? ¿Hay padre más perseguido? CLOTALDO. Ya tu ejército vencido baja sin tino ni ley. ASTOLFO. Los traidores vencedores quedan. BASILIO. En batallas tales los que vencen son leales, los vencidos los traidores. Huyamos, Clotaldo, pues, del cruel, del inhumano rigor de un hijo tirano. Disparan dentro y cae CLARÍN, herido, de donde está. BASILIO. ¡Válgame el cielo! ASTOLFO. ¿Quién es este infelice soldado, que a nuestros pies ha caído en sangre todo teñido? CLARíN. Soy un hombre desdichado, que por quererme guardar de la muerte, la busqué. Huyendo de ella, topé con ella, pues no hay lugar, para la muerte secreto; de donde claro se arguye que quien más su efeto huye. es quien se llega a su efeto. Por eso, tornad, tornad a la lid sangrienta luego, que entre las armas y el fuego hay mayor seguridad que en el monte más guardado. pues no hay seguro camino a la fuerza del destino y a la Inclemencia del hado; y así, aunque a líbraros vais de la muerte con huir, mirad que vais a morir si está de Dios que muráis. (Cae dentro.) [Muere.] BASILIO ¡Mirad que vais a morir si está de Dios que muráis! ¡Qué bien (¡ay cielos!) persuade nuestro error, nuestra ignorancia, a mayor conocimiento este cadáver que habla por la boca de una herida siendo el humor que desata sangrienta lengua que enseña que son diligencias vanas del hombre, cuantas dispone contra mayor fuerza y causa! Pues yo, por librar de muertes y sediciones mi patria. vine a entregarla a los mismos de quien pretendí librarla. CLOTALDO. Aunque el hado, señor, sabe todos los caminos, y halla a quien busca entre lo espeso de las peñas, no es cristiana determinación decir que no hay reparo a su saña. Sí hay, que el prudente varón vitoria del hado alcanza; y si no estás reservado de la pena y la desgracia. haz por donde te reserves. ASTOLFO. Clotaldo, señor, te habla como prudente varón que madura edad alcanza; yo como joven valiente: entre las espesas ramas de ese monte está un caballo, veloz aborto del aura; huye en él, que yo, entretanto, te guardaré las espaldas. BASILIO. Si está de Dios que yo muera, o si la muerte me aguarda aquí, hoy la quiero buscar, esperando cara a cara. |