ESCENA X

Sale ROSAURA con baquero2, espacía y daga.

ROSAURA.

Generoso Segismundo,

cuya majestad heroica

sale al día de sus hechos

de la noche de sus sombras;

y como el mayor planeta,

que en los brazos de la aurora

se res tltuye luciente

a las flores y a las rosas,

y sobre mares y montes

cuando coronado asoma.

luz esparce, rayos brilla.

cumbres baña, espumas borda;

así amanezcas al mundo,

luciente sol de Polonia,

que a una mujer infelice,

que hoy a tus plantas se arroja,

ampares por ser mujer

y desdichada: dos cosas.

que para obligar a un hombre

que de valiente blasona,

cualquiera de las dos basta

de las dos cualquiera sobra.

Tres veces son las que ya

me admiras, tres las que Ignoras

quién soy, pues las tres me has visto

en diverso traje y forma.

La primen me creíste

varón en la rigurosa

prisión, donde fue tu vida

de mis desdichas lisonja.

La segunda me admiraste

mujer, cuando fue la pompa

de tu majestad un sueño,

una fantasma, una sombra.

La tercera es hoy, que siendo

monstruo de una especie y otra.

entre galas de mujer

armas de varón me adornan.

Y porque compadecido

mejor mi amparo dispongas.

es bien que de mis sucesos

trágicas fortunas oigas.

De noble madre nací

en la corte de Moscovia,

que, según fue desdichada,

debió de ser muy hermosa.

En ésta puso los ojos

un traidor, que no le nombra

mi voz por no conocerle,

de cuyo valor me informa

el mío: pues siendo objeto

de su idea, siento ahora

no haber nacido gentil,

para persuadirme loca

a que fue algún dios de aquellos

que en metamorfosis lloran

lluvia de oro, cisne y toro

Dánae, Leda y Europa.

Cuando pensé que alargaba.

citando aleves historias,

el discurso, hallo que en él

te he dicho en razones pocas

que mi madre, persuadida

a finezas amorosas,

fue, como ninguna. bella.

y fue infeliz como todas.

Aquella necia disculpa

de fe y palabra de esposa

la alcanzó tanto, que aún hoy

el pensamiento la cobra,

habiendo sido un tirano.

tan Eneas de su Troya,3

que la dejó hasta la espada.

Enváinese aquí su hoja,

que yo la desnudaré

antes que acabe la historia.

De este, pues, mal dado nudo

que ní ata ni aprisiona,

o matrimonio o delito

si bien todo es una cosa,

nací yo tan parecida,

que fui un retrato, una copia

ya que en la hermosura no.

en la dicha y en las obras;

y así, no habré menester

decir que poco dichosa

heredera de fortunas,

corrí con ella una propia.

Lo más que podré decirte

de mí, es el dueño que roba

los trofeos de mi honor.

los despojos de mi honra.

Astolfo... ¡Ay de mí! al nombrarle

se encoleriza y se enoja

el corazón, propio efeto

de que enemigo se nombra.-

Astolfo fue el dueño ingrato

que olvidado de las glorias

(porque en un pasado amor

se olvida hasta la memoria),

vino a Polonia, llamado

de su conquista famosa,

a casarse con Estrella,

que fue de mi ocaso antorcha.

¿Quién creerá, que habiendo sido

una estrella quien conforma d

os amantes, sea una Estrella

la que los divida ahora?

Yo ofendida, yo burlada,

quedé triste, quedé loca,

quedé muerta, quedé yo,

que es decir que quedó toda

la confusión del infierno

cifrada en mi Babilonia;

y declarándome muda

(porque hay penas y congojas

que las dicen los afectos

mucho mejor que la boca),

dije mis penas callando,

hasta que una vez a solas,

Violante mi madre (¡ay, cielos!)

rompió la prisión, y en tropa

del pecho salieron juntas,

tropezando unas con otras.

No me embaracé en decirlas;

que en sabiendo una persona

que, a quien sus flaquezas cuenta,

ha sido cómplice en otras,

parece que ya le hace

la salva y le desahoga;

que a veces el mal ejemplo

sirve de algo. En fin, piadosa

oyó mis quejas, y quiso

consolarme con las propias:

juez que ha sido delincuente,

¡qué fácilmente perdona!

Y escarmentando en sí misma,

y por negar a la ociosa

libertad, al tiempo fácil,

el remedio de su honra,

no le tuvo en mis desdichas;

por mejor consejo toma

que le siga, y que le obligue,

con finezas prodigiosas.

a la deuda de mi honor:

y para que a menos costa

fuese, quiso mi fortuna

que en traje de hombre me ponga.

Descolgó una antigua espada

que es ésta que ciño; ahora

es tiempo que se desnude,

como prometí, la hoja.

Pues confiada en sus señas,

me dijo: "Parte a Polonia,

y procura que te vean

ese acero que te adorna,

los más nobles; que en alguno

podrá ser que hallen piadosa

acogida tus fortunas,

y consuelo tus congojas."

Llegué a Polonia, en efeto:

pasemos, pues que no importa

el decirlo, y ya se sabe.

que un bruto que se desboca

me llevó a tu cueva, adonde

tú de mirarme te asombras.

Pasemos que allí Clotaldo

de mi parte se apasiona,

que pide mi vida al rey,

que el rey mi vida le otorga;

que informado de quién soy,

me persuade a que me ponga

mi propio traje, y que sirva

a Estrella, donde ingeniosa

estorbé el amor de Astolfo

y el ser Estrella su esposa.

Pasemos que aquí me viste

otra vez confuso, y otra

con el traje de mujer

confundiste entrambas formas,

y vamos a que Clotaldo,

persuadido a que le importa

que se casen y que reinen

Astolfo y Estrella hermosa,

contra mi honor me aconseja

que la pretensión deponga.

Yo, viendo que tú ¡oh, valiente

Segismundo! a quien hoy toca

la venganza, pues el cielo

quiere que la cárcel rompas

de esa rústica prisión,

donde ha sido tu persona

al sentimiento una fiera.

al sufrimiento una roca.

las armas contra tu patria

y contra tu padre tomas.

vengo a ayudarte, mezclando

entre las galas costosas

de Diana, los arneses

de Palas, vistíendo ahora

ya la tela y ya el acero,

que entrambos juntos me adornan.

Ea, pues. fuerte caudillo,

a los dos juntos importa

impedir y deshacer

estas concertadas bodas:

a mí. porque no se case

el que mi esposo se nombra,

y a ti. porque, estando juntos

sus dos estados, no pongan

con más poder y más fuerza

en duda nuestra victoria.

Mujer vengó a persuadirte

al remedio de mi honra,

y varón vengo a alentarte.

a que cobres tu corona.

Mujer vengo a enternecerte

cuando a tus plantas me ponga

y varón vengo a servirte

cuando a tus gentes socorra.

Mujer vengo a que me valgas

en mi agravio y mi congoja,

y varón vengo a valerte

con mi acero y mi persona.

Y así piensa, que si hoy

como a mujer me enamoras

como varón te daré

la muerte en defensa honrosa

de mi honor, porque he de ser

en su conquista amorosa,

mujer para darte quejas.

varón para ganar honras.

SEGISMUNDO

Cielos, si es verdad que sueño,

suspendedme la memoria.

que no es posible que quepan

en un sueño tantas cosas.

¡Válgame Dios, quién supiera,

o saber salir de todas,

o no pensar en ninguna!

¿Quién vio penas tan dudosas?

Si soñé aquella grandeza

en que me vi, ¿cómo ahora

esta mujer me refiere

unas señas tan notorias?

Luego fue verdad, no sueño:

y si fue verdad, que es otra

confusión y no menor,

¿cómo mi vida le nombra

sueño? ¿Pues tan parecidas

a los sueños son las glorias.

que las verdaderas son

tenidas por mentirosas,

y las fingidas por ciertas?

¿Tan poco hay de unas a otras,

que hay cuestión sobre saber

si lo que se ve y se goza,

es mentira o es verdad?

¿Tan semejante es la copia

al original, que hay duda

en saber si es ella propia?

Pues si es así, y ha de verse

desvanecida entre sombras

la grandeza y el poder,

la majestad y la pompa,

sepamos aprovechar

este rato que nos toca,

pues sólo se goza en ella

lo que entre sueños se goza.

Rosaura está en mi poder,

su hermosura el alma adora,

gocemos, pues, la ocasión.

el amor las leyes rompa

del valor y confianza

con que i mis plantas se postra.

Esto es sueño, y pues lo es

soñemos dichas ahora

que después serán pesares.

Mas ¡con mis razones propias

vuelvo a convencerme a mí!

Si es sueño, si es vanagloría,

¿quién, por vanagloria humana,

pierde una divina gloria?

¿Qué pasado bien no es sueño?

¿Quién tuvo dichas heroicas

que entre sí no diga, cuando

las revuelve en su memoria:

sin duda que fue soñado

cuanto vi? Pues si esto toca

mi desengaño, si sé

que es el gusto llama hermosa,

que la convierte en cenizas

cualquiera viento que sopla.

acudamos a lo eterno.

que es la fama vividora

donde ni duermen las dichas,

ni las grandezas reposan.

Rosaura está sin honor;

más a un príncipe le toca

el dar honor, que quitarle.

¡Vive Dios! que de su honra

he de ser conquistador,

antes que de mi corona.

Huyamos de la ocasión,

que es muy fuerte.-Al arma toca.

que hoy he de dar la batalla,

antes que las negras sombras

sepulten los rayos de oro

entre verdinegras ondas,

ROSAURA.

¡Señor! ¿pues así te ausentas?

¿Pues ni una palabra sola

no te debe mi cuidado,

no merece mi congoja?

¿Cómo es posible, señor,

que nl me,mires nl oigas?

¿Aún no me vuelves el rostro?

SEGISMUNDO.

Rosaura. al honor le importa,

por ser piadoso contigo.

ser cruel contigo ahora.

No te responde mi voz.

porque mi honor te responda;

no te hablo, porque quiero

que te hablen por mi mis obras.

ni te miro, porque es fuerza,

en pena tan rigurosa.

que no mire tu hermosura

quien ha de mirar tu honra.

Vanse.

ROSAURA.

¿Qué enigmas, cielos, son éstas?

Después de tanto pesar.

¡aún me queda que dudar

con equivocas respuestas!