ESCENA IV

Sale CLOTALDO.

CLOTALDO.

¿Qué alboroto es éste, cielos?

SEGISMUNDO.

Clotaldo.

CLOTALDO.

Señor. (Aparte.) En mí

su crueldad prueba.

CLARíN.

Yo apuesto

que le despeña del monte. (Vase.)

CLOTALDO.

A tus reales plantas llego,

ya sé que a morir.

SEGISMUNDO.

Levanta,

levanta, padre, del suelo;

que tú has de ser norte y guía

de quien fìe mis aciertos;

que ya sé que mi crianza

a tu mucha lealtad debo.

Dame los brazos.

CLOTALDO.

¿Qué dices?

SEGISMUNDO.

Que estoy soñando, y que quiero

obrar bien, pues no se pierde

obrar bien, aun entre sueños.

CLOTALDO.

Pues, señor, si el obrar bien

es ya tu blasón, es cierto

que no te ofenda el que yo

hoy solicite lo mesmo.

¿A tu padre has de hacer guerra?

Yo aconsejarte no puedo

contra mi rey, ni valerte.

A tus plantas estoy puesto,

dame la muerte.

SEGISMUNDO.

¡Villano,

traidor, Ingrato! Mas ¡cielos!

reportarme me conviene,

que aún no sé si estoy despierto.

Clotaldo, vuestro valor

os envidio y agradezco.

Idos a servir al rey,

que en el campo nos veremos.-

Vosotros tocad al arma.

CLOTALDO.

Mil veces tus plantas beso.

SEGISMUNDO.

A reinar, fortuna, vamos;

no me despiertes si duermo,

y si es verdad, no me duermas.

Mas sea verdad o sueño,

obrar bien es lo que importa;

si fuere verdad, por serlo;

si no, por ganar amigos

para cuando despertemos.

Vanse y tocan al arma..