ESCENA III

Dentro, CLOTALDO.

CLOTALDO.

¡Guardas desta torre

que, dormidas o cobardes,

disteis paso a dos personas

que han quebrantado la cárcel!

ROSAURA.

¡Nueva confusión padezco!

SEGISMUNDO.

Este es Clotaldo, mi alcaide:

aún no acaban mis desdichas.

¿Dentro)

CLOTALDO.

¡Acudid, y vigilantes,

sin que puedan defenderse,

o prendeldes. o mataldes!

Dentro, todos.

Todos.

¡Traición!

CLARíN.

Guardas desta torre,

que entrar aquí nos dejasteis,

pues que nos dais a escoger.

el prendernos es más fácil.

Sale CLOTALDO con escopeta, y soldados, todos con los rostros cubiertos.

CLOTALDO.

Todos os cubrid los rostros,

que es diligencia importante,

mientras estamos aquí,

que no nos conozca nadie.

CLARíN.

¿Enmascaraditos hay?

CLOTALDO.

Oh, vosotros, que, ignorantes,

de aqueste vedado sitio

coto y término pasasteis

contra el decreto del rey

que manda que no ose nadie

examinar el prodigio

que entre estos peñascos yace:

rendid las armas y vidas,

o aquesta pistola, áspid

de metal, escupirá

el veneno penetrante

de dos balas, cuyo fuego

será escándalo del aire.

SEGISMUNDO.

Primero, tirano dueño,

que los ofendas y agravies,

será mi vida despojo

de estos lazos miserables,

pues en ellos, vive Dios,

tengo de despedazarme

con las manos, con los dientes,

entre aquestas peñas,

antes que su desdicha consienta

y que llore sus ultrajes.

CLOTALDO.

Si sabes que tus desdichas.

Segismundo, son tan grandes,

que antes de nacer moriste

por ley del cielo; si sabes

que aquestas prisiones son

de tus furias arrogantes

un freno que las detenga,

y una rienda que las pare,

¿por qué blasonas? La puerta

cerrad de esa estrecha cárcel;

escondelde en ella.

Ciérranle la puerta y dice dentro:

SEGISMUNDO.

¡Ah, cielos!

¡Qué bien hacéis en quitarme

la libertad!, porque fuera

contra vosotras gigante

que, para quebrar al sol

esos vidrios y cristales,

sobre cimientos de piedra

pusiera montes de jaspe.

CLOTALDO.

Quizá, porque no los pongas

hoy padeces tantos males.