ESCENA VII

Sale ROSAURA, [ya vestida de] dama.

ROSAURA.

Siguiendo a Estrella vengo,

y gran temor de hallar a Astolfo tengo;

que Clotaldo desea

que no sepa quién soy, y no me vea,

porque dice que importa al honor mío;

y de Clotaldo fío

su efeto, pues le debo agradecida

aquí el amparo de mi honor y vida.

CLARÍN.

¿Qué es lo que te ha agradado

más de cuanto hoy has visto y admirado?

SEGISMUNDO.

Nada me ha suspendido,

que todo lo tenía prevenido;

mas, si admirar hubiera

algo en el mundo, la hermosura fuera

de la mujer. Leía

una vez en los libros que tenía,

que lo que a Dios mayor estudio debe

era el hombre, por ser un mundo breve;

mas ya que lo es recelo

la mujer, pues ha sido un breve cielo,

y más beldad encierra

que el hombre, cuanto va de cielo a tierra;

y más si es la que miro.

ROSAURA.

El príncipe está aquí; yo me retiro.

SEGISMUNDO.

Oye, mujer, detente;

no juntes el ocaso y el oriente,

huyendo al primer paso;

que juntos el oriente y el ocaso,

la lumbre y sombra fría,

serás sin duda síncopa del día.

Pero ¿qué es lo que veo?

ROSAURA.

Lo mismo que estoy viendo dudo y creo.

SEGISMUNDO.

Yo he visto esta belleza

otra vez.

ROSAURA

Yo esta pompa, esta grandeza

he visto reducida

a una estrecha prisión.

SEGISMUNDO.

Ya hallé mi vida;

mujer, que aqueste nombre

es el mejor requiebro para el hombre:

¿quién eres? Que sin verte

adoración me debes, y. de suerte

por la fe te conquisto,

que me persuado a que otra vez te he visto.

¿Quién eres, mujer bella?

ROSAURA.

(Disimular me importa.) Soy de Estrella

una infelice dama.

SEGISMUNDO.

No digas tal, di el sol, a cuya llama

aquella estrella vive,

pues de tus rayos resplandor recibe;

yo vi. en reino de olores.

que presidía entre comunes flores

la deidad de la rosa,

y era su emperatriz por más hermosa.

Yo vi entre piedras finas

de la docta academia de sus minas

preferir el diamante.

y ser su emperador por más brillante.

Yo en esas cortes bellas

de la inquieta república de estrellas,

vi en el lugar primero.

por rey de las estrellas el lucero.

Yo en esferas perfetas

llamando el sol a cortes los planetas,

le vi que presidía,

como mayor oráculo del día.

Pues ¿cómo si entre estrellas,

piedras, planetas, llores, las más bellas

prefìeren, tú has servido

la de menos beldad habiendo sido

por más bella y hermosa,

sol, lucero, diamante, estrella y rosa?