CRUZ
El tiempo sigue en su giro
Y nosotros, solitarios,
De los indios sanguinarios
No teníamos qué esperar.
3095 El que nos salvó al llegar 
Era el más hospitalario.

Mostró noble corazón,
Cristiano anhelaba ser.
La justicia es un deber,
3100   Y sus méritos no callo:
Nos regaló unos caballos
Y a veces nos vino a ver.

A la voluntá de Dios
Ni con la intención resisto.
3105  El nos salvó.... pero ¡ah, Cristo!,
Muchas veces he deseado
No nos hubiera salvado
Ni jamás haberío visto.

Quien recibe beneficios
3110   Jamás los debe olvidar;
Y al que tiene que rodar
En su vida trabajosa,
Le pasan a veces cosas
Que son duras de pelar 

3115   Voy dentrando poco a poco 
En lo triste del pasage; 
Cuando es amargo el brebage 
El corazón no se alegra.  
Dentró una virgüela negra
3120   Que los diezmó a los salvages.

Al sentir tal mortandá,
Los indio, desesperaos,
Gritaban alborotaos:
«Cristiano echando guaiicho »
3125   No quedó en los toldos vicho
Que no salió redotao .

Sus remedios son secretos,
Los tienen las adivinas;
No los conocen las chinas,
3130   Sino alguna ya muy vieja,
Y es la que los aconseja,
Con mil embustes, la indina.

Allí soporta el paciente 
Las terribles curaciones, 
3135   Pues a golpes y estrujones,
Son los remedios aquellos:
Lo agarran de los cabellos
Y le arrancan los mechones.

Les hacen mil heregías
3140   Que el presenciarlas da horror, 
Brama el indio de dolor
Por los tormentos que pasa;
Y untándolo todo en grasa
Lo ponen a hervir al sol.

3145   Y puesto allí boca arriba,
Al rededor le hacen fueao;
Una china viene luego
Y al dido le da de gritos.
Hay algunos tan malditos
3150   Que sanan con este juego.

A otros les cuecen la boca 
Aunque de dolores cruja;
Lo agarran y allí lo estrujan, 
Labios le queman y dientes
3155   Con un güevo bien caliente
De alguna gallina bruja.

Conoce el indio el peligro
Y pierde toda esperanza;
Si a escapárseles alcanza
3160   Dispara como una liebre;
Le da delirios la fiebre
Y ya le cain con la lanza.

Esas fiebres son terribles,
Y aunque de esto no disputo
3165   Ni de saber me reputo,
Será, decíamos nosotros,
De tanta carne de potro
Como comen estos brutos.

Había un gringuito cautivo
3170   Que siempre hablaba del barco, 
Y lo augaron en un charco
Por causante de la peste.
Tenía los ojos celestes
Como potrillito zarco.

3175   Que le dieran esa muerte
Dispuso una china vieja;
Y aunque se aflige y se queja, 
Es inútil que resista.
Ponía el infeliz la vista
3180   Como la pone la oveja.

Nosotros nos alejamos 
Para no ver tanto estrago.  
Cruz sentía los amagos
De la peste que reinaba,
3185   Y la idea nos acosaba
De volver a nuestros pagos.

Pero contra el plan mejor 
El destino se revela:
¡La sangre se me congela!,
3190   El que nos había salvado, 
Cayó también atacado
De la fiebre y la virgüela.

No podíamos dudar
Al verlo en tal padecer
3195   El fin que había de tener,
Y Cruz, que era tan humano, 
«Vamos, me dijo, paisano 
A cumplir con un deber.»

Fuimos a estar a su lado
3200   Para ayudarlo a curar.
Lo vinieron a buscar
Y hacerle como a los otros; 
Lo defendimos nosotros,
No lo dejamos ranciar.

3205   Iba creciendo la plaga
Y la mortandá seguía;
A su lado nos tenía 
Cuidándolo con pacencia.  
Pero acabó su asistencia
3210   Al fin de unos pocos días.

El recuerdo me atormenta,
Se renueva mi pesar,
Me dan ganas de llorar;
Nada a mis penas igualo:
3215   Cruz también cayó muy malo
Ya para no levantar.

Todos pueden figurarse
Cuánto tuve que sufrir;
Yo no hacía sino gemir,
3220   Y aumentaba nú aflición
No saber una oración
Pa ayudarlo a bien morir.

Se le pasmó la virgüela,
Y el pobre estaba en un grito;
3225   Me recomendó un hijito,
Que en su pago había dejado.
«Ha quedado abandonado,
Me dijo, aquel pobrecito.»

«Si vuelve, busquemeló»,
3230   Me repetía a media voz.
«En el mundo éramos dos,
Pues él ya no tiene madre:
Que sepa el fin de su padre
Y encomiende mi alma a Dios.»

3235   Lo apretaba contra el pecho
Dominao por el dolor;
Era su pena mayor
El morir allá entre infieles.
Sufriendo dolores crueles
3240   Entregó su alma al Criador.

De rodillas a su lado
Yo lo encomendé a Jesús.
Faltó a mis ojos la luz;
Tubo un terrible desmayo;
3245   Caí como herido del rayo
Cuando lo vi muerto a Cruz.

 

VOLVER

.

.