Detenido el descenso en el agua embalsada

GRANMA, CUBA 160501 - Juan Varela Pérez - JORGE VALIENTE

LAS LLUVIAS DE ABRIL DEJARON CIERTA RECUPERACIÓN EN ALGUNAS PRESAS MUY CRÍTICAS

Un abril más lluvioso que lo habitual permitió frenar el brusco descenso que experimentaban los niveles de agua embalsada y disminuir el acelerado agotamiento en esas reservas.

La presa Céspedes, importante en el abasto a la capital santiaguera, almacena 94 millones de m3, aún lejos de su capacidad.

Los 3 635 millones de m3 que hoy se almacenan en la red de instalaciones del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos representan el 40 % en el llenado de las presas.

El régimen de precipitaciones del pasado mes (79 mm, el 110% del promedio histórico) dejó cierto alivio y mejoría en algunas de las capacidades que mostraban un estado muy crítico.

Los territorios más favorecidos fueron Isla de la Juventud y Holguín, al rebasar cada una los 100 mm.; Villa Clara y La Habana, 98, y Santiago de Cuba marcó 93 en sus pluviómetros.

Continúan en situación desventajosa Guantánamo, la peor, con menos del 20% del agua que deben tener sus presas; Granma, Camagüey, Matanzas, Santiago de Cuba y Pinar del Río. Ninguna rebasa siquiera el 30%.

En el caso de Santiago, el ingeniero Francis Rodríguez, especialista del organismo, aclara que Gota Blanca y la Carlos Manuel de Céspedes, por el volumen acumulado y pese a las limitaciones, están en condiciones de garantizar, por un año, los niveles actuales de abastecimiento a esa capital.

Menos tensa es la situación en Cienfuegos, Ciego de Avila y Ciudad de La Habana, que reportan entre el 64 y el 74% de llenado; las de Holguín y Las Tunas, el 53, y en Sancti Spíritus, 54. La Zaza, la mayor del país, cerró abril con 440 millones de m3.

Los técnicos precisan que cualquier aguacero influye positivamente en el manto freático, en la caña, los pastos y otros cultivos. Pero no sucede igual con los embalses necesitados de lluvias fuertes y reiteradas en las zonas que, directa o indirectamente, los "alimentan" mediante arrastres. Las presas cercanas a las montañas o lomeríos se favorecen mucho de las aguas que bajan de estas.

Una prueba de lo antes señalado es que, por la escasez de precipitaciones en lugares que alimentan las fuentes que abastecen a Ciudad de La Habana (Vento-Artemisa-Quivicán) esta muestra hoy una reducción significativa en sus niveles.

Aunque casi todas las provincias, en mayor o menor cuantía, detuvieron el ritmo creciente del descenso, Santiago de Cuba e Isla de la Juventud lograron aumentar sus reservas.

Como dato de interés podemos decir que Moa fue, en abril, el municipio más lluvioso del país con 222 mm, lo cual elevó a 113 millones el nivel de explotación de la presa allí existente.