Níger -Medicina Cubana allende el desierto de Sahara

GRANMA, CUBA 260401 -Jorge V. Jaime -Enviado especial

DIFFA, Níger.—Irremediablemente, los que más sufren con los largos viajes por carreteras en malas condiciones son los riñones.

Unas 10 horas continuas vinculadas al asiento de un viejo automóvil, se traducen siempre en un dolor agudo que arranca por los glúteos y termina invadiendo toda la espalda.

Esa conclusión es harta conocida por los médicos cubanos Julio Castañeda y Agustín Bartolo Lafourcades, quienes actualmente ejercen su benéfica profesión en el departamento de Diffa, enclavado nada menos que a 1 300 kilómetros de Niamey, la capital de Níger, un país donde los trenes son fantasías de películas.

"Uno de los elementos más hostiles de este país son las enormes distancias entre ciudades, y los escasos medios de transportes adecuados para cubrirlas", comenta el doctor Julio, especialista guantánamero en Medicina General Integral (MGI) de 36 años, quien en Cuba trabaja en el policlínico Omar Rañedo.

Julio Castañeda es el jefe de la misión médica cubana en el departamento de Diffa.

"Y no voy a hablar del calor inclemente y las tormentas de arena", acota.

"Cada vez que tenemos que ir a la capital para cualquier gestión, personal o profesional, lo pensamos tanto que la mayoría de las veces nos arrepentimos de la idea", dice.

"Imagínate que en ocasiones las cartas de nuestros familiares se demoran más en llegar desde Niamey hasta aquí, que de la Isla a Africa", exagera el doctor Lafourcades, quien no ha perdido su buen sentido del humor aun en medio de la desolación del desierto de Sahara.

Ambos galenos son responsables en Cuba de diversos programas para el impulso de la medicina verde, natural y tradicional. Un mismo empeño científico que intentan actualmente implantar en esta región del Tercer Mundo. Pero las condiciones fitosanitarias y la no garantía de una asepsia satisfactoria conspiran contra el éxito del proyecto.

No obstante, todas estas dificultades devienen retos cotidianos para los delegados del Programa Integral de Salud (PIS) del gobierno cubano. Tanto Julio como el doctor Bartolo han decidido contra viento y marea poner en práctica en Níger un sistema sanitario lo más parecido estructuralmente al implantado con éxito en su país natal.

Para comenzar sugirieron a las autoridades de Diffa impulsar iniciativas sostenibles para mejorar la salud de mujeres y niños, el sector poblacional más indefenso frente al terrible espectro de enfermedades que azotan a este gran territorio.

Por ejemplo, los doctores cubanos se ofrecieron para dirigir un plan general de implantación de DIU (dispositivos intrauterinos), una empresa jamás emprendida en estas comunidades.

El distrito de Diffa tiene una población de 28 500 habitantes. Empero, debido a su excepcional cercanía con las fronteras de Chad y Nigeria, muchas de las personas que acuden a las consultas son extranjeras. Los especialistas cubanos atienden diariamente un promedio de 30 pacientes de cero a 60 años, sin contar a las embarazadas.

Antes de llegar los cubanos en agosto del 2000, el Centro de Salud Integral de Diffa contaba solo con dos médicos nigerinos, que desarrollaban fundamentalmente labores administrativas.

La enfermedad más común en esta provincia es el paludismo, sobre todo durante el largo e intenso verano africano, que es el chocolate de los mosquitos trasmisores. Pero además abundan las dolencias respiratorias, principalmente en los meses más fríos, y las de transmisión sexual.

El doctor Julio Castañeda, quien es el jefe de la misión médica cubana en el departamento de Diffa, ha enfrentado patologías bien extrañas en Cuba e incluso en el mundo, como la bi-lharziosis, derivada de un parásito que vive en los ríos dentro de un caracol y cuando penetra al organismo humano provoca la continua expulsión de orina con sangre o hematuria.

Luego de ocho meses en Níger, los doctores Julio y Bartolo son unos personajes famosos y queridos en la comunidad de Di-ffa. La población nativa los admira sobre todo porque no ahorran contacto social y amistoso con las comunidades más pobres o distantes.

"En una ocasión, acudimos de urgencia a un campamento Peule (nómadas que se dedican a la agricultura y la crianza de animales de ordeño), situado a unos siete kilómetros desierto adentro. En la aldea había un brote de neumonía aguda", cuenta Bartolo.

"Consultamos y curamos a una decena de pacientes durante media semana. La mayoría eran niños desnutridos; los antibióticos funcionaron bien. Ahora el líder de los Peule está inmensamente agradecido y nos saluda en cada encuentro callejero con exótica y especial deferencia", señala.

El médico MGI Agustín Bartolo Lafourcades, de 33 años, natural del municipio de Niceto Pérez, en Guantánamo, labora en Cuba en el policlínico Gilberto Isalgue, en el poblado oriental de La Yaya.

"Consideramos que en estas pequeñas entregas de altruismo y generosidad internacionalista radica la principal grandeza del PIS, un plan muy válido para los desamparados del mundo", concluye el doctor Castañeda.

La brigada médica cubana en Níger, 64 galenos, brinda sus servicios fundamentalmente en comunas rurales y zonas inhóspitas, lejos de la periferia de las capitales provinciales y donde las autoridades locales tienen dificultades para ubicar a sus propios profesionales.

En los últimos dos años y medio, los médicos cubanos han atendido en este país del Africa subsahariana, con 11 millones de habitantes, a 230 000 pacientes. Este récord comprende unas 4 000 intervenciones quirúrgicas y 3 500 partos.