No
aceptamos ni aceptaremos presiones ni amenazas
JUVENTUD REBELDE .CUBA 290301
LA HABANA, marzo 27 (AIN) Texto íntegro
del discurso pronunciado este martes por Felipe Pérez Roque, ministro de
Relaciones Exteriores de Cuba, en el 57 período de sesiones de la Comisión de
Derechos Humanos de Naciones Unidas, que tiene lugar en Ginebra, Suiza:
Señor Presidente:
Hablo en nombre de Cuba.
Venimos a acusar a los que mienten; a decir
nuestras verdades, y venimos armados de razones: un arsenal de ideas justas y la
historia de luchas de nuestro pueblo, al que nada ni nadie puede doblegar en su
empeño de conquistar toda la justicia, y al que agresiones, bloqueos y
difamaciones no le han podido aplastar su férrea voluntad de luchar, ni mellar
siquiera su plena independencia.
La Comisión de Derechos Humanos esta hoy más
dividida que nunca y amenazada de llegar a un punto irreversible de descrédito.
De un lado estamos los representantes del
Tercer Mundo: somos los rehenes de la deuda, víctimas del injusto desorden
implantado en el mundo, solo dueños de nuestra miseria y postergación; somos
los que aportamos los millones de hambrientos, de pobres, de analfabetos, de niños
y madres que mueren, los que hemos cimentado con nuestro sufrimiento la
opulencia de nuestros explotadores. Somos siempre, en esta Comisión, los
acusados.
De otro lado están los representantes de
los países desarrollados y ricos: son los acreedores, los que consumen casi
todo lo que se produce, los que derrochan, contaminan y olvidan que nos deben su
riqueza. Y son, además, los que pretenden convertirse en acusadores y jueces de
nuestros países.
Es hora ya de barrer de los trabajos de
esta Comisión la hipocresía y el doble rasero. ¿Podría Estados Unidos
explicar por que vota en contra de considerar al hambre, que hoy afecta a casi
mil millones de personas, como un ultraje y una violación de la dignidad
humana?. ¿Podría explicar que mientras pretende acusar a Cuba, a la vez se
opone a condenar las flagrantes y masivas violaciones de los derechos humanos
perpetradas por el ejército israelí contra el valeroso pueblo palestino?
Ha llegado el momento de exigir que se
ponga en práctica un amplio proceso de reforma y democratización de esta
Comisión.
Cada año lo discutimos y se han aprobado
con ese propósito varias resoluciones. Pero lo cierto es que la Comisión de
Derechos Humanos continua siendo un instrumento al servicio de los intereses de
dominación de Estados Unidos y sus aliados.
¿Podría cambiar esta situación? Por
supuesto. Pero requerimos que ustedes, los representantes de los países
desarrollados, acepten con modestia la justeza de nuestras demandas. Se requiere
que ustedes reconozcan que no son los dueños absolutos de la verdad. Es preciso
renunciar a la noción racista de que los pobres no podemos también tener razón.
Necesitamos un mundo más democrático y
tolerante. ¿Por que un pequeño grupo de ricos y poderosos países quieren
imponer un mundo cada vez menos democrático y plural? ¿Por que no luchamos por
mayor tolerancia no solo dentro de los países sino en las relaciones entre los
países? ¿Por que no se puede aceptar la existencia de diversos modelos de
ordenamiento civil y político?
¿Con qué derecho se intenta consagrar un
único modelo de democracia? ¿No acordamos ya en la Conferencia Mundial de
Derechos Humanos que todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación
y en virtud de este derecho establecen libremente su condición política?.
Sólo de la colaboración respetuosa pueden
resultar útiles los trabajos de esta Comisión; jamas de la imposición dogmática
y la arrogancia.
Cuba seguirá exigiendo que esta Comisión
deje de ser rehén de intereses injustificables. Cuba no dejara de batallar
mientras no se respete el derecho de todos los países, mientras no se garantice
un funcionamiento plural, transparente, objetivo y democrático en los trabajos
de esta Comisión.
Señor Presidente:
Estados Unidos acusa a Cuba de violación
de los derechos humanos. Como todos sabemos, en esta acusación no se dirime una
genuina preocupación por la situación de los derechos humanos en Cuba. Se
dirime, realmente, si un pequeño país del Tercer Mundo puede o no escoger su
propio camino y construir a su manera un futuro de igualdad y bienestar para sus
hijos.
Rechazo con profundo desprecio la acusación
contra Cuba, fabricada por Estados Unidos, e impuesta mediante salvajes
presiones en el seno de esta Comisión. Sostengo con toda firmeza, mirando a los
ojos de cada uno de ustedes, que no existen violaciones de los derechos humanos
en Cuba; que no tiene absolutamente ninguna justificación el intento de
singularizar a Cuba en esta Comisión; que tal aseveración es solo posible
debido a la incapacidad patológica de Estados Unidos de aceptar a Cuba como un
país independiente, que ya no le pertenece.
Después de más de cuarenta años de
genocida bloqueo y guerra económica, invasiones, actos terroristas, intentos de
subversión, sabotajes, planes de asesinato de dirigentes cubanos, guerra biológica
y muchas otras agresiones, la Comisión de Derechos Humanos es el mas reciente
campo de batalla entre el intento opresor de Estados Unidos contra Cuba y
nuestras ansias de independencia, justicia y desarrollo.
No voy a emplear tiempo en explicar la
realidad cubana y en probar la naturaleza injusta y selectiva de las acusaciones
de Estados Unidos. En realidad, no hace falta. Ustedes, lo reconozcan o no, lo
saben. Me limitare a decir que Estados Unidos es el país con menos autoridad
moral para juzgar a Cuba en materia de derechos humanos y de democracia.
No puedo dejar de preguntar: ¿Ha visto
alguien en Cuba siquiera una vez a la policía golpeando a los trabajadores o a
los estudiantes en una manifestación, disparando contra ellos balas de goma,
lanzándoles perros, caballos o gases lacrimógenos, como ocurre diariamente en
no pocos rincones del mundo de hoy?
Ustedes saben que en Cuba los dirigentes
marchan junto al pueblo en las manifestaciones.
Hasta el reciente informe del departamento
de Estado norteamericano sobre la situación de los derechos humanos en el
mundo, al que, por supuesto, no reconozco legitimidad alguna, y en el que, como
sabemos, del único país que no se habla es de los propios Estados Unidos,
reconoce que no hay muertes ni desapariciones por motivos políticos en Cuba.
Pese a su odio visceral contra nuestro país,
su obsesión por condenarnos y su falta de escrúpulos, Estados Unidos no se ha
atrevido a mentir, al menos, en éste asunto. ¡ Es tan límpida y humana
nuestra obra, que es imposible negarla¡
¿Alguien en esta sala puede mencionar un
solo caso de tortura, asesinato o desaparecido en Cuba? ¿Alguien en esta sala
conoce un solo caso de periodista asesinado en Cuba, o de secuestro de niños,
como no sea el intento fallido de secuestrar a un niño cubano en Estados
Unidos, o de venta de niños, o de esclavitud?
¿Alguien oyó hablar alguna vez de un
escuadrón de la muerte en Cuba?
¿Alguien ha visto en Cuba una manifestación
de madres y abuelas clamando por sus hijos y nietos asesinados o desaparecidos?
¿Ha oído algunos de ustedes que el
gobierno cubano, a espaldas del pueblo, haya impuesto un programa de ajuste del
Fondo Monetario Internacional o que haya regalado las riquezas del país a las
transnacionales? ¿Se han preguntado ustedes por que tras 40 años de bloqueo y
10 años de gravísimas dificultades económicas conservamos, y crece por día
el apoyo abrumador de nuestro pueblo?
La respuesta esta en que la Revolución le
pertenece al pueblo, no a una elite obsesionada con el poder.
Los dirigentes en Cuba vemos en nuestras
responsabilidades un deber, una actitud ante la vida, no un medio de vida.
Nuestra autoridad se basa no sólo en nuestra elección democrática y
transparente, sin dinero ni corrupción, sino en la convicción de nuestro
pueblo de que no robamos, que no nos sentimos por encima de sus necesidades y
sueños, que compartimos sus dificultades, que no renunciamos a una vida austera
y comprometida.
¿Debe interpretarse entonces que nos
creemos una sociedad perfecta? No, no estamos satisfechos. Sólo estamos
empezando.
Estamos tratando de borrar siglos de
marginación e injusticias. Intentamos elevar la educación y la cultura hasta
planos nunca antes alcanzados por nuestro pueblo. Nos esforzamos por lograr para
nuestros hijos niveles de igualdad, justicia social y participación ciudadana,
como los de ninguna otra sociedad.
Haremos todos los esfuerzos necesarios para
seguir perfeccionando nuestra obra, hacer todavía más eficiente y
participativo nuestro sistema político, que es --lo sabemos bien--
incomparablemente más democrático que el de nuestros falaces acusadores.
En Cuba luchamos por una sociedad cada vez
más tolerante y humana. Soñamos con un pueblo cada vez más culto e instruido,
que equivale a decir un pueblo cada vez mas libre. Aspiramos a todo el
conocimiento posible para todo el pueblo, y no solo para una elite. Soñamos con
un pueblo de profunda sensibilidad social, liberado de egoísmos, con arraigadas
convicciones humanistas.
Soñamos, y cada vez estamos más cerca de
alcanzar esos sueños, con un pueblo para el que la Patria sea Humanidad. Una
sociedad como la nuestra, en la que el hombre y su dignidad son el centro, no
comulga con la violencia, la represión o el engaño.
No se nos puede presionar. Hacemos lo que
creemos justo y conveniente. Tenemos ética. Tenemos moral. Y debo decirlo con
toda claridad: no aceptamos ni aceptaremos presiones ni amenazas.
Es hora de definiciones. Quien secunde a
Estados Unidos en su inocuo proceder contra Cuba, no tiene autoridad moral para
hablarnos de derechos humanos. No se puede rechazar el bloqueo a Cuba y al mismo
tiempo ser cómplice de Estados Unidos en la maniobra con que intenta
justificarlo.
Tenemos el aliento y la simpatía de los
pueblos de América Latina, que saben que nuestra lucha es también por sus
derechos, que recuerdan el apoyo solidario de Cuba en los tiempos en que las
dictaduras sostenidas por Estados Unidos torturaron, asesinaron y desaparecieron
a cientos de miles de personas en Nuestra América.
Sabemos también que la lucha de Cuba es
por el respeto a los derechos de todo el Tercer Mundo, para que cese el
menosprecio, el desconocimiento de nuestro derecho a un mundo más equitativo y
justo, de nuestro derecho al desarrollo y a la vida.
Señor presidente:
A Estados Unidos le molesta que Cuba quiera
ser libre e independiente. ¡ y Cuba no va a renunciar a ser cada vez más libre
y más independiente¡
A Estados Unidos le molesta que Cuba sea
socialista. ¡Y Cuba va a ser cada vez mas socialista¡
A Estados Unidos le molesta que en Cuba
mande el pueblo. ¡Y en Cuba cada vez el pueblo será más dueño de su destino¡
A Estados Unidos le molesta que Cuba salga
al paso de sus aspiraciones imperialistas y hegemónicas. ¡Y Cuba será cada
vez mas antiimperialista y solidaria con las causas justas¡
Estados Unidos quiere organizar en una Cuba
fragmentada y débil el partido que pida la anexión a Estados Unidos. ¡Y en
Cuba seguirá existiendo el partido de la unidad y la independencia, de la
justicia social y la dignidad, de la igualdad real y la solidaridad verdadera
entre todos los hombres y todos los pueblos, sin lo cual no puede haber ni
libertad ni democracia ni paz¡
Cuarenta años de heroica resistencia
sostienen nuestras ideas, nuestra razón, nuestra verdad, nuestra invencible
fuerza, nuestra irrenunciable e indestructible libertad.
Los gobernantes de Estados Unidos no saben
ya que hacer con Cuba. En un campo o en otro seguirán sufriendo derrota tras
derrota. Lo que trata de alcanzar en esta Comisión, sobre la base de
humillantes presiones a sus miembros, y a un altísimo costo político,
demuestra que olvidan aquella famosa reflexión del Rey Pirro: "Con otra
victoria como esta, estoy perdido".
Nos han convertido en el pueblo más libre
de la Tierra, que nada depende ya de su comercio, de sus créditos y de sus
inversiones.
Disfrutamos hoy del raro privilegio, casi
único, de poder decirles toda la verdad y destruir cada una de sus mentiras,
desde esta o cualquier otra tribuna.
No acusamos a su pueblo, capaz de ser noble
e idealista; acusamos a un sistema hegemónico de dominación, y a un orden político
y económico egoísta y rapaz, impuesto al mundo, que es insostenible.
Algunos nos piden un gesto para complacer a
Estados Unidos. El gesto que hago, a nombre de mi pueblo, es levantar el puño y
decir bien alto las palabras que durante cuarenta años hemos repetido los
cubanos ante cada uno de sus crímenes y agresiones contra Cuba:
¡Patria o Muerte¡ ¡Venceremos¡