A 25 AÑOS DE SU PROMULGACION: La Constitución socialista

GRANMA INTENRACIONAL, CUBA 280201 -FABIO RAIMUNDO TORRADO

La Constitución socialista celebra su aniversario 25. Fue proclamada el 24 de febrero de 1976, luego de su aprobación en referendo popular, por el voto favorable de 5 millones 473 mil 534 electores, el 97,7% de un total de 5 millones 602 mil 973 ciudadanos, que ejercieron su derecho al voto en esa consulta electoral, los cuales constituían el 98% del total de electores. Solamente 54 070 dijeron no a la consulta, para el 1%; otros 44 221 votaron en blanco y hubo 31 148 boletas anuladas. Cifras como estas, asombran a los que se acercan a nuestra democracia, pues en sus países no existe nada parecido, y su admiración es mayor cuando conocen que en Cuba el voto no es obligatorio.

Largo y nada fácil fue el camino recorrido por las instituciones jurídicas del Estado revolucionario desde el 1ro. de Enero de 1959 hasta ese momento, para llegar al régimen estatal definitivo que habría de asumir el país. Ello se debió a que la Dirección de la Revolución no se apresuró a establecer sus formas definitivas, comprendiendo que el asunto no radicaba en la existencia formal de los órganos de poder, sino en crear instituciones bien meditadas y duraderas, que respondieran a las necesidades.

En ese sentido, durante su viaje a la antigua URSS, el 21 de mayo de 1963, el compañero Fidel Castro en un discurso ante los estudiantes de la Universidad Lomonosov apuntó que: "No hemos querido hacerlo de una manera idealista, hemos preferido no apurarnos, puesto que no es un buen procedimiento imaginar leyes e instituciones y luego tratar de adaptar las realidades a esas formas ideales. No son las realidades las que deben adaptarse a las instituciones, sino las instituciones las que deben adaptarse a las realidades".

Luego de varias experiencias sin lograr los resultados esperados, y sobre las cuales, en fecha tan temprana como el año 1965, el Jefe de la Revolución citaba las influencias adversas de: "La copia mecanizada de una serie de métodos o sistemas de organización de otros países, el asesoramiento de múltiples procedencias, la multiplicidad de ideas que presidieron las tareas de organización nacional, las características especiales de nuestro país, que es un país subdesarrollado; el desconocimiento de esas realidades; el intentar de una manera idealista aplicar formas de organización que tal vez habrían correspondido a un país mucho más industrializado y mucho más desarrollado que el nuestro; todas esas cosas de las cuales no se puede culpar absolutamente a nadie, sino exclusivamente a la inexperiencia de todos los revolucionarios, se han estado haciendo evidentes en estos años", se llegó a la conclusión de que existían ya las condiciones para acometer esta labor definitivamente.

Según el General de Ejército Raúl Castro, Segundo Secretario del Comité Central de nuestro Partido, no es hasta 1970 que comienza el proceso de institucionalización de la Revolución, proceso acelerado a partir de 1972, en que maduraron las condiciones, se produjo una recuperación de la economía, y se había avanzado bastante en el proceso de fortalecimiento de las organizaciones de masas. En su discurso con motivo del X Aniversario de la creación de la Federación de Mujeres Cubanas, el 23 de agosto de 1970, Fidel planteó la necesidad de avanzar en el campo que se refiere a cómo hacer que las masas fueran cada vez más partícipes del propio proceso y cómo hacer para que participaran cada vez más en la toma de las decisiones.

Se inició así la adopción de un grupo de medidas por la Dirección de la Revolución, como resultado de los análisis realizados sobre las experiencias adquiridas, las dificultades enfrentadas y los conceptos que fueron perfilándose a partir de estudios e investigaciones, las cuales eran plasmadas en disposiciones del Consejo de Ministros, entonces máximo órgano ejecutivo y legislativo del país, mediante las cuales se creaban organismos centrales nuevos, se desactivaban otros más antiguos, se ampliaba el número de demarcaciones territoriales, se modificaban sus límites, y se comenzaron los estudios preliminares para la institucionalización definitiva de los denominados "poderes locales".

De trascendental importancia fue la decisión conjunta, adoptada el 22 de octubre de 1974, por el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros y el Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, que creó la Comisión, presidida por Blas Roca, encargada de preparar y redactar un anteproyecto de Constitución debidamente fundamentado y articulado. En ella se puntualizaba que el contenido de ese anteproyecto debía ser el de una constitución socialista.

En el acto de entrega del anteproyecto, el 24 de febrero de 1975, Fidel consignó: "Nuestro pueblo podrá sentirse orgulloso cuando se discuta esta Constitución. La Revolución dará un gran paso histórico hacia la institucionalización, hacia el cese del carácter provisional del Gobierno Revolucionario (...) es nuestro propósito una vez que se haya aprobado esta Constitución, luchar consecuente y tenazmente, para que cada uno de los preceptos de esa Constitución se cumplan; que nadie le pueda imputar a la Revolución jamás, de que acordó leyes y principios que después no se cumplieron".

Ese mismo año tuvo lugar la discusión pública del anteproyecto, proceso en el cual participaron 6 216 981 personas, las cuales hicieron 12 883 propuestas de modificaciones; 2 343 sugerencias de adiciones de contenido constitucional, así como 84 solicitudes de aclaraciones. Posteriormente fue aprobada por el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, y sometida a referendo popular, tal como se dijo más arriba.

Quince años después, en el Llamamiento al IV Congreso del Partido Comunista de Cuba y en el debate alrededor del mismo, durante 1990 y 1991, uno de los puntos abordados se refería a la necesidad de realizar una reflexión sobre el Poder Popular, a fin de afirmar todo lo positivo y valioso alcanzado por esos órganos desde 1976, y liberarlos de formalismos y otras insuficiencias. En consecuencia, al realizarse el magno evento partidista, una de las recomendaciones aprobadas fue la de valorar las posibles modificaciones de la Constitución en esa materia, así como de todo lo que estuviera requerido de actualización o de precisiones, debiendo tomarse como guía y fuente de inspiración la rica historia y tradición institucional y constitucionalista cubanas, cuyos orígenes estaban en las primeras luchas libertarias de nuestros mambises, según expresaba el documento aprobado.

Durante los días 10 al 12 de julio de 1992, la Asamblea Nacional del Poder Popular analizó el proyecto de Ley que modificaría la Constitución, aprobándolo con algunas enmiendas. Fueron derogados 16 artículos, 64 resultaron modificados, y se introdujeron 13 nuevos. Asimismo, el Preámbulo fue objeto de algunas precisiones y actualizaciones. Del total de 494 diputados existentes, estaban presentes 469 y solamente se requería el voto de 368 para modificar la Constitución. Sin embargo, la ley fue aprobada por unanimidad, tras 296 intervenciones de los parlamentarios.

Resulta evidente la enorme importancia que encierra una Constitución en la conformación del sistema político imperante en una sociedad. Por ello, una de las formas más socorridas para debilitarlo consiste en atacar su Constitución y las instituciones estatales y de derecho que la misma refrenda. Esto fue lo ocurrido en el caso de Cuba desde los primeros momentos de su promulgación. Ella ha sido víctima de ataques y críticas, en los que se le analiza de forma tergiversada, unas veces encubiertamente y otras, mayormente, de forma abierta, con el fin de cuestionar el sistema político socialista en ella establecido. En su esencia, tales críticas se formulan a partir de los dogmas occidentales, que buscan y sobrevaloran las alternancias en el poder y nunca la alternativa que los niegue, a menos que sea para derrocar un sistema político socialista.

Debe quedar claro que nuestra Constitución socialista, como toda obra humana, no es perfecta. Está requerida de actualización, de mayor desarrollo en sus instituciones ampliamente participativas, pero ninguna de estas necesidades demerita la plena vigencia de los principios que le sirvieron de base, y que son la garantía de la continuidad de la obra iniciada en 1959. Tal como es, permite a la Revolución, mientras subsistan las actuales circunstancias, continuar hacia adelante para, como se dijo en el V Congreso del Partido Comunista de Cuba, entregar a los cubanos del Siglo XXI un país como quería Martí, con toda la justicia conquistada.

Ello queda demostrado porque pese a la complejidad de las coyunturas que han tenido lugar a lo largo del cuarto de siglo transcurrido, estas han sido sorteadas exitosamente, gracias al apoyo irrestricto del pueblo cubano a su proyecto político, expresado en su Constitución, y a la maestría política de la dirección revolucionaria guiada por nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro.