MORTALIDAD INFANTIL EN EL 2000: 7,2

GRANMA, CUBA 070101- JOSE A. DE LA OSA

Es la menor tasa de América Latina y entre las cinco más bajas alcanzadas en toda la historia de nuestro país. Se incrementa en 8 décimas en relación con 1999. Prácticamente el ciento por ciento de los partos se produjeron en las maternidades. En el primer año los niños se protegen contra 12 enfermedades

Una mortalidad infantil de 7,2 por mil nacidos vivos en el año que acaba de terminar, según cifras preliminares, mantiene a Cuba con la menor tasa de América Latina y queda registrada también entre las cinco más bajas de las alcanzadas en toda la historia de nuestro país: 7,9 en 1996, 7,2 (1997), 7,1 (1998), y 6,4 en 1999, avaladas por rigurosas estadísticas.

El aumento de 8 décimas en relación con 1999 se produjo a expensas del incremento de las tasas de malformaciones congénitas incompatibles con la vida, fundamentalmente en la capital y en Santiago de Cuba.

Los analistas del Departamento Materno-Infantil y de la Dirección de Estadísticas del MINSAP señalaron además factores relacionados con la morbilidad materno-infantil en las provincias de Santiago de Cuba y Granma, que incidieron significativamente en el incremento de la tasa del 2000. Entre las principales afecciones se encuentran las perinatales (alrededor del parto), y la inmadurez del recién nacido.

El Ministerio de Salud Pública establecerá de inmediato las acciones sanitarias correspondientes, en coordinación con las autoridades de esos territorios.

La mortalidad infantil es un indicador internacional que mide de forma sintética el bienestar y desarrollo de un país, al abarcar condiciones sociales, económicas, biológicas, políticas, demográficas y sanitarias de la población.

Véase si no que países como Suecia y Suiza tienen una tasa de 3; Austria, Dinamarca, Finlandia, Japón, 4; Chipre, Cuba y Estados Unidos, 7; Chile, 11; Costa Rica, 13; Uruguay, 15; Argentina, 19; o los que muestran incluso más de 100, como Burkina Faso, Nigeria, Etiopía, Mozambique, o Sierra Leona con 182, según reportes del Estado Mundial de la Infancia, publicación de la UNICEF del 2001.

En su conjunto los países industrializados tienen una mortalidad infantil de 6 por mil nacidos vivos, los que se encuentran en desarrollo 64, los países menos adelantados 107 y el mundo 59. La tasa de América Latina y el Caribe es de 32 .

Entre los factores que han contribuido a este favorable indicador de mortalidad infantil en Cuba -era de alrededor de 60/70 por mil nacidos antes del triunfo de la Revolución-- se reconoce, en primer lugar, la indeclinable voluntad política del Gobierno revolucionario de proteger y atender la salud de nuestro pueblo, en especial la de la madre y el niño, no obstante el recrudecido y criminal bloqueo que mantienen los Estados Unidos contra nuestro país por más de 40 años.

También la existencia de un alto grado de escolaridad de la población, un sistema de salud universal, accesible y gratuito para toda la población, sustentado en una amplia red de atención primaria de salud con el médico y enfermera de familia, que junto a las campañas de promoción y prevención sanitaria han permitido alcanzar hoy una "cultura popular de salud" .

Los profesionales y técnicos del sector, sobre todo los vinculados a la asistencia de la madre y el niño, responden con su cotidiana y abnegada labor al programa de atención materno-infantil, de máxima prioridad en la labor del Ministerio de Salud Publica, no por ser considerado un indicador de desarrollo económico -ni mucho menos una "cifra"--, sino porque el tesoro que representa la vida de cada niño, constituye para nuestra sociedad en su conjunto un valor de alta sensibilidad humana.

Durante el año recién transcurrido ocurrieron 143 359 nacimientos, los que prácticamente en un ciento por ciento se produjeron en las maternidades, con un fallecimiento de 1 039 niños, sumando todas las causas de deceso infantil. En 1962 solo por afecciones diarreicas derivadas de las deplorables condiciones sanitarias heredadas por la Revolución, murieron 3 000 niños menores de un año, y una mortalidad infantil, ese año, de 42 por mil nacidos vivos.

Desde los años 80 se consolidó y perfeccionó el Programa Nacional de Atención Materno-Infantil, se crearon los servicios de terapia intensiva pediátrica y comenzó el desarrollo de los laboratorios provinciales de tecnología avanzada (genética prenatal e inmunoquímica) y se inició la preparación del personal de la red de Cardiocentros.

Para conocer el porqué pueden nacer niños con malformaciones congénitas incompatibles con la vida, no obstante la generalización de la técnica y alto desarrollo científico de los especialistas que realizan estos pesquisajes a todas las gestantes del país, es importante saber que los exámenes mediante el Ultrasonido y los de alfafetoproteína, no descartan en un ciento por ciento la probabilidad de estos nacimientos. Cifras internacionales sitúan la certeza de los diagnósticos en alrededor de un 80 por ciento.

Las provincias que lograron las más bajas tasas en el 2000 son Villa Clara, con 5,0; Cienfuegos, 5,4; Pinar del Río, 5,9; Sancti Spíritus, 6,2; Matanzas, 6,4; Camagüey, 7,0, y Las Tunas 7,0. El municipio especial Isla de la Juventud, 4,9.

Todas las provincias se sitúan por debajo de ocho, excepto Granma (8,2), Santiago de Cuba (8,7), Guantánamo (9,2) y Ciego de Avila (8,1).

 

-CUANDO LA REALIDAD PUEDE ENGENDRAR LA MARAVILLA

El programa de atención a la madre y al niño, como toda la asistencia médica que se brinda en el país, es universal, porque alcanza a todos los ciudadanos sin excepción y se ofrece de forma gratuita.

En un acercamiento a las atenciones que recibieron las más de 143 000 gestantes durante el pasado año, vemos que antes de cumplir las 14 semanas de embarazo se inician los cuidados especializados, para recibir como promedio entre 8 y 10 consultas por el médico de familia y el obstetra del grupo básico.

No habría que precisar en nuestro medio que las gestantes calificadas de riesgo, por padecimientos de diabetes, hipertensión o infecciones vaginales, reciben tantos controles como individualmente cada una de ellas demande; y si presentan riesgos genéticos se tratan incluso antes de quedar embarazadas en consultas especializadas.

En este programa se ha consolidado la sistematización de los exámenes de hemoglobina, orina, glicemia, estudios especiales para el pesquisaje de malformaciones congénitas (ultrasonido y alfafetoproteína), electroforesis de hemoglobina para la detección de la sicklemia, pruebas de VIH para el diagnóstico del SIDA, serología y antígeno de superficie para conocer si son portadoras de hepatitis B durante los nueve meses del embarazo.

La atención del niño comienza desde su nacimiento con una toma de sangre del cordón umbilical para determinar la posible existencia de una alteración de la glándula tiroides, hipotiroidismo, que de no tratarse a tiempo conduce al cretinismo. Entre los cinco y quince días de nacido se realiza la prueba de fenilcetonuria, enfermedad del metabolismo que puede conducir también al retraso mental si no se atiende precozmente.

En sus primeros 12 meses de vida recibe inmunizaciones contra 12 enfermedades. Son ellas las vacunas contra las formas graves de tuberculosis y el haemophilus influenzae, hepatitis B, difteria, tos ferina, tétanos, la antimeningocóccica grupos B y C, paperas, rubéola, sarampión y la antipolio.

También se ha mantenido el promedio de 25 controles del médico de familia y del pediatra, en la consulta y

en la propia casa durante el primer año de vida del niño.

Las abuelas y las madres, la familia cubana, conocen de cerca esta esmerada atención.

No obstante los logros, no podemos escatimar esfuerzos en continuar perfeccionando nuestro sistema de salud.