DISCURSO DE FIDEL EN LA IGLESIA DE RIVERSIDE, DE NUEVA YORK
(segunda parte)
Esos médicos organizan la infraestructura, dirigen, preparan jóvenes. Si les asignan jóvenes ayudantes de 15 años de edad, con sexto grado, con los textos correspondientes, los pueden convertir en enfermeros en la mitad del tiempo que necesita una escuela de enfermería; si quieren preparar especialistas en ortopedia, cirugía y otras ramas, los pueden preparar en la mitad del tiempo que se emplea en una residencia hospitalaria. De modo que esos médicos podrían hacer muchas más cosas que crear la infraestructura: preparar decenas de miles de personas calificadas. Y en adición a ello, la creación de facultades universitarias de medicina en los países donde no existan. Cuba no cobraría un solo centavo por esos servicios, ni esperaría años para ponerlos en práctica (Aplausos).
Dirán que no hay dinero. Se podría sacar un poco del que se gasta en publicidad, que incita al consumo no solo en las sociedades desarrolladas, sino también a miles de millones de ciudadanos que viven en países subdesarrollados donde no pueden disfrutar prácticamente de ningún consumo, y un poco de los gastos militares, que son 800 000 millones (Aplausos).
Pueden hacer una edición mundial de bonos para que mucha gente buena y que no conozca esto pueda adquirir bonos como parte de la contribución, y algo más: un pequeño impuesto a las operaciones especulativas, y sobraría el dinero no solo para eso, sino prácticamente para desarrollar a ese Tercer Mundo. Es necesario, es absolutamente elemental.
¿Por qué no se hace eso? ¿Por qué se habla tanto de derechos humanos cuando están ocurriendo todas estas calamidades en el mundo? ¿Quiénes son los responsables de que mueran decenas de millones de personas que pudieran salvarse cada año, entre ellos niños -de los que perecen más de 11 millones-, adolescentes, jóvenes y adultos, que mueren también por falta de la adecuada asistencia, o que mueren por una enfermedad que no se atiende a tiempo, o por alguna malformación que puede resolverse, o por una operación quirúrgica u ortopédica en caso de accidentes? No se sabe cuántos mueren que pueden salvarse, o a cuántas personas de edad avanzada se les podría prolongar la vida.
A una persona que vive 50 años -ustedes conocen a muchas y tienen muchos familiares- le gustaría vivir 10 años más, 20 años más, 30 años más; y las personas de 70 años desean vivir 5, 8 o 10 años más; o personas de mi edad, de 74, de esa que ustedes recordaron hoy, desearían vivir 4 o 5 años más y hasta 10, para ver cómo evoluciona el mundo y si algunas de las predicciones se cumplen.
En mi caso, realmente, me gustaría, por aprovechar un poco más la experiencia adquirida durante mucho tiempo luchando por servir al pueblo (Aplausos). Los adversarios hablan de "Castro en el gobierno hace equis años", "la dictadura de Castro", "la tiranía de Castro", "que está en el poder y no quiere dejar el poder" ; no se sabe cuántas cosas más. El poder si no es para hacer algo, para hacer el bien, no sirve para nada en absoluto, y sería loco desearlo (Aplausos).
Además -como les he explicado a muchos visitantes-, tengo muy pocos poderes constitucionales y legales, mínimos. Yo no nombro embajadores. En todas partes del mundo el Presidente del país nombra a los embajadores, nombra a los ministros. Yo no nombro a los ministros, yo no nombro a ningún cargo del Estado. Los embajadores que se proponen los propone una comisión que analiza todos los cuadros y los propone, los someten al Consejo de Estado, que tiene que aprobarlo -son 31 miembros-, y a mí me corresponde, al final, firmarlo.
Lo mismo que los indultos, o conmutación de pena en caso de la sanción más severa, tienen que ser discutidos por los 31 miembros del Consejo de Estado.
Pero a mí no me importa, ni necesito eso. Pienso que un gobernante o alguien que dirija no necesita cargos, lo que necesita es autoridad moral, lo que necesita es poder moral (Aplausos).
A lo largo de 41 años, solo una vez se produjeron en la Ciudad de La Habana, cerca del puerto, determinados desórdenes públicos. Estaban asociados al aviso que enviaron por radio de que un grupo de naves procedentes de Estados Unidos se acercarían para recoger inmigrantes. Conocían que nosotros no disparábamos ni intentábamos interceptar naves con personas a bordo. Cuando comenzaron a venir lanchas rápidas procedentes de Estados Unidos en operaciones de contrabando, una de ellas se situó junto a la costa, al este de La Habana; el personal de vigilancia, sorprendido por aquel hecho inusitado, le da el alto y dispara. Hubo algunos heridos, no sé si algún muerto.
Otra vez un tractor -llevaba una carreta con gente hacia la costa- trató de aplastar a un policía que se le puso delante y otros que le acompañaban dispararon: hubo algunos heridos y algunas bajas. Eran ya dos veces.
En otra ocasión, una arenera secuestrada se la llevaban con personal a bordo -todo esto estimulado por la Ley de Ajuste-, una lancha de vigilancia hizo algunos disparos; por suerte, no le dieron a nadie.
De inmediato una instrucción directa a todas las fuerzas de guardafronteras y a todas las autoridades: "No disparar contra ni tratar de interceptar ninguna embarcación con personas a bordo que intenten salir, aunque estén en el medio de la bahía."
Entonces, hasta la lancha de Regla, que muchos de ustedes saben que es un medio de transporte entre La Habana Vieja y el municipio de Regla, era objeto de secuestros. Venía alguien con un revólver y varios cómplices a bordo, reducían al conductor y por el mismo puerto salían. Nadie las tocaba.
El famoso incidente de que hablan con el remolcador 13 de Marzo tiene su historia detallada y completa. Nosotros ordenamos una investigación meticulosa en todos los aspectos. Lo que ocurrió fue que había un lugar donde estaban los remolcadores que prestan servicios al puerto. Lo asaltaron, neutralizaron a los que lo custodiaban, destruyeron las comunicaciones y partieron con él. Tres de los propios trabajadores del centro se montaron en otro remolcador, otros tres o cuatro -no tengo ahora la cifra exacta- se montaron en otro, de noche, sin decirle nada a nadie, y se fueron con los dos remolcadores para tratar de interceptar al que se llevaban. Nadie sabía nada, ya habían pasado horas incluso desde el momento en que se produjo el robo del remolcador.
Tan pronto se conoció el hecho por las autoridades pertinentes, se dieron instrucciones inmediatas a los guardacostas de acercarse a la ruta que llevaban para evitar un accidente y ordenar el regreso de los remolcadores que habían salido para tratar de interceptarlo.
Era de madrugada, mar agitado y olas fuertes. Antes de que llegara un guardacostas, que por suerte salvó a casi la mitad de los que iban en la embarcación secuestrada, ya que el mismo poseía salvavidas, cuerdas y otros medios para socorrer y rescatar náufragos, se había producido un choque entre uno de los dos remolcadores que trataban de interceptarlo con la popa del remolcador robado que se fue a pique. Los pocos tripulantes de aquellos rescataron a varios de los náufragos, a pesar de carecer de medios adecuados y con temor de ser ellos mismos secuestrados. No tardó en llegar el guardacostas que, aun en aquellas condiciones difíciles y en medio de la oscuridad de la noche, pudo salvar a 25 personas. Esa es la historia real de lo sucedido. Ah, pero había que inventar mentiras y crear una cínica leyenda sobre el caso.
Les aseguro que no estoy exagerando ni alterando un átomo los hechos; sentiría infinita vergüenza si tratara de justificar algo que constituyese un acto infame. Jamás ha sido esa nuestra línea de conducta.
En Estados Unidos deben quedar muchos de los 1 200 prisioneros que capturamos en Girón. Ninguno de ellos puede decir que le dieron un culatazo, a pesar de que habían muerto más de 100 compañeros y cientos habían resultado heridos. Yo estaba allí, no fue algo que me contaron, yo mismo participé, realmente, en la recogida de prisioneros. Hasta pasé ante una escuadra de los invasores que estaba armada detrás de unos manglares -iba por un camino cerca de la orilla-, me vieron a pocos metros, nadie disparó.
Hay momentos de una batalla en que la moral de un adversario se pierde totalmente y ninguno vuelve a disparar un tiro. Ellos después en el juicio lo alegaron como un mérito, para que se les tuviera en cuenta que le pasé por delante a la escuadra con armas automáticas y no me dispararon. Muchas gracias, se lo agradezco muchísimo. No habría cumplido estos 74 años, así que les estoy agradecido (Aplausos); pero ninguno puede decir que fueron maltratados, y habían invadido a nuestra patria armados y enviados por una potencia extranjera.
Si hubiese ocurrido al revés, ustedes saben que, cuando menos, los habrían sancionado a cadena perpetua. Y aquí no es muy fácil que liberen a nadie con cadena perpetua, porque aquellos puertorriqueños que llevaban muchos años en prisión y fueron puestos en libertad recientemente (Aplausos), debieron sufrir mucho antes de ver el fruto de una larga lucha solidaria. Yo no sé el número exacto de años que estuvieron en prisión, tal vez algunos de ustedes me lo puedan decir (Le dicen que 20 años).
Hermanas y hermanos, yo les aseguro que en Cuba, cuando algunos de los mercenarios que son pagados desde el exterior por realizar actividades subversivas apenas llevan tres meses presos, llueven las presiones y las cartas de todas partes, en virtud de planes y mecanismos programados de antemano, para que los pongan en libertad. ¡No se sabe a cuántos contrarrevolucionarios justamente sancionados hemos puesto en libertad!, porque la lucha ha sido larga.
Al principio de la Revolución había 300 organizaciones contrarrevolucionarias que hacían terrorismo, y cuando en esa sola acción capturamos 1 200 prisioneros, no estuvieron ni dos años en prisión. Les planteamos a los que los enviaron: "Miren, si pagan una indemnización en medicinas y alimentos para niños, los ponemos a todos en libertad." Unos cuantos de ellos cometieron después crímenes, mataron a compañeros nuestros con bombas y atentados. Si hubiesen estado presos 30 años se habrían salvado las vidas de muchos compañeros; pero ese riesgo no influyó, y un día un barco cargado de "héroes" arribó a Estados Unidos sin problemas. Les entregaron una bandera, creo que se la entregó el Presidente de entonces o a la inversa, para que la desplegaran un día en una Cuba libre. Ellos en realidad no pudieron salvar ni bandera, ni gallardete, ni armas, ni nada. De eso hace muchos años.
Después de aquellos episodios he hablado con unos cuantos de los que estuvieron en aquella expedición, habían cambiado de criterio, de pensamiento y son otras personas. El hombre puede cambiar.
Les mencioné el ejemplo de lo ocurrido en Girón, porque demuestra la continuidad de la política que seguimos desde la guerra en la Sierra Maestra. En los primeros combates, los soldados adversarios luchaban hasta el último cartucho, creían que los íbamos a matar. Después no fue así. En el transcurso de la guerra, hicimos miles de prisioneros. A los heridos los atendíamos con prioridad sobre nuestros propios heridos. Jamás se fusiló a un prisionero, jamás se golpeó a uno solo de ellos. La Cruz Roja Internacional es testigo. Ellos tienen las listas y los expedientes de los cientos de prisioneros que les capturamos en la última ofensiva contra el frente número 1, en el verano de 1958; en ellas se puede investigar si hubo un soldado golpeado, si hubo un soldado fusilado.
Ellos eran nuestros suministradores de armas. Se los llevaban de ahí para otra provincia, y cuando llegaban las columnas y se veían perdidos en algún combate, entonces no luchaban, como al principio, hasta el final. Con más exactitud hay que decir que como regla lucharon siempre, no dejaban de hacer fuerte resistencia; pero cuando veían perdida la batalla, se rendían. Así hubo soldados que se rindieron tres veces. ¿Por qué? Porque había una política con el enemigo igual que había una política con la población. Ellos llegaban matando civiles, quemando casas, robando todo, no pagaban nada. Nosotros llegábamos pagando cada cosa que comprábamos. Si no había nadie, le dejábamos el dinero con un vecino o en otro lugar, y en todo el tiempo que duró la guerra, en el frente número uno de la Sierra Maestra, que fue de donde salieron todas las columnas con la misma doctrina de guerra, la misma doctrina política, no recuerdo un solo caso de algún combatiente nuestro que le haya faltado el respeto a la esposa o a la hija de una familia campesina.
Después que fuimos dispersados, a partir de siete hombres armados, se ganó la guerra en menos de 24 meses luchando contra fuerzas que tenían 80 000 hombres entre soldados, marineros y policías, con el apoyo de todo el pueblo. ¿Por qué? Porque defendíamos una causa justa, en primer lugar (Aplausos); y, en segundo lugar, porque teníamos una política para los campesinos y el pueblo en general, y una política para el adversario. Sin esa política, no habría sido posible la victoria, ni en 2 ni en 30 años, suponiendo que las demás cosas se hicieran más o menos bien.
Esas tradiciones se conservan hasta hoy. Pueden interrogar a sudafricanos que estuvieron prisioneros de nuestras tropas si alguien los golpeó, si uno solo de ellos fue fusilado, porque nuestra política de guerra nosotros la propagábamos y la trasmitíamos a todos aquellos con los cuales cooperábamos, y no digo más sobre esto, porque hay muchos lugares donde los combatientes se matan unos a otros. Es así.
En nuestro caso, ni en nuestra guerra, ni en las misiones internacionalistas, jamás fue golpeado ni fusilado un prisionero. De todas estas cosas que les digo hay testigos vivos. Eso, desde luego, es lo que da moral y autoridad.
Cuando se produjeron aquellos desórdenes en la capital el 5 de agosto de 1994, hasta la policía estaba sorprendida. Nunca había ocurrido. Grupos de civiles que sumaban varios cientos de personas comenzaron a lanzar piedras a vidrieras, a las casas; la gente estaba medio desconcertada. Conocí la noticia, iba para mis oficinas y me dicen: "Está pasando esto." Digo: "Que no se mueva una sola unidad." Alerto a la escolta -nueve hombres que iban conmigo-, había solicitado tres yipis -quería ir en yipi, no en un carro de seguridad, ni carro blindado, ni nada parecido-, llegaron los yipis. Con los nueve de la escolta, un compañero que está por aquí que trabajaba entonces conmigo y ustedes lo conocen, Felipe Pérez Roque, en la actualidad nuestro brillante ministro de Relaciones Exteriores (Aplausos), y el compañero Lage, que se nos unió en el camino, sumábamos en total 12 personas.
Marchamos hacia el lugar de los tumultos. La escolta tenía órdenes terminantes de no usar las armas. Al llegar bajé, caminé a pie e inmediatamente reaccionó la población, en cuestión de minutos cesaron los disturbios y hasta los mismos que lanzaban piedras se contagiaron y marcharon con una enorme masa, llegamos hasta el Malecón y regresamos a pie por esa vía. Ese es y será siempre el estilo de la Revolución (Aplausos).
¡Jamás se ha visto en nuestro país un carro de bomberos lanzando chorros contra el pueblo, jamás se ha visto hombres con una escafandra que los hace parecer ciudadanos venidos de otro planeta, con no se sabe cuántas cosas arriba, reprimiendo manifestaciones y utilizando métodos brutales! En nuestro país jamás ha ocurrido eso. Le pagaríamos un gran premio al que pudiera mostrar una sola imagen.
Recuerdo que en los primeros años de la Revolución había 300 organizaciones contrarrevolucionarias, bandas armadas en todo el país, miles de personas en prisión y cuando iba de visita a la Isla de Pinos, actual Isla de la Juventud, me reunía con aquellos presos, que estaban trabajando en los campos con machetes, hachas, de todo, y hablaba con ellos. ¡Jamás intentaron agredirme!
Con los que invadieron por Girón varias veces me reuní, hasta a la prisión llegué cuando fueron sancionados. ¡Ninguno cometió siquiera una falta de respeto!
No se sabe lo que vale tener una ética y una línea de conducta digna. Esa es la fuerza más poderosa de la que se pueda disponer (Aplausos).
Ya les hablé de los viajes: todo tipo de amenazas. Les dije incluso que me gustaría vivir algunos años más; pero también les puedo asegurar con toda honestidad que no cambiaría un solo principio, no aceptaría un solo deshonor, no aceptaría una sola amenaza a cambio de la vida (Aplausos).
Por eso les conté que era feliz cuando inicié el viaje hacia este país, más bien hacia Nueva York -yo no tengo visa para visitar el país-, solo Nueva York, y dentro de las 25 millas, ni un milímetro más. La satisfacción nacía del desprecio a la lluvia de amenazas y el deseo de encontrarme con ustedes.
Tal vez estos elementos de juicio que les he ofrecido sean útiles para quienes han sido tan valientes y solidarios como ustedes.
Les hablé de los graves problemas sociales del Tercer Mundo. Pero hay también problemas sociales serios incluso en un país tan rico como este, el más rico del mundo. Quiero mencionar algunos.
Treinta y seis millones de personas, el 14% de la población, viven por debajo del nivel de la pobreza, para una tasa dos veces superior a la de otros países desarrollados. El doble que en Europa o Japón.
Cuarenta y tres millones de personas no tienen acceso a seguros de salud, y otros 30 millones tienen una cobertura médica tan débil que resulta prácticamente inexistente.
Hay 30 millones de analfabetos y otros 30 millones de analfabetos funcionales. No son inventos de Cuba, son datos oficiales de los organismos internacionales.
Entre la población negra, la tasa de pobreza alcanza más del 29%; la de toda la población es del 14%. La tasa de pobreza de la población negra es, por tanto, más del doble que la de la población general de Estados Unidos. Entre los niños negros ese índice alcanza el 40%. En algunas ciudades y áreas rurales de Estados Unidos supera el 50%.
A pesar de la expansión económica, las tasas de pobreza de la sociedad norteamericana son de dos a tres veces superior a las de Europa Occidental. El 22% de los niños norteamericanos viven en la pobreza. Son cifras oficiales.
Solamente el 45% de todos los trabajadores del sector privado disfrutan de una cobertura de seguridad social.
Se estima que un 13% de la población total norteamericana no sobrevivirá o sobrepasará los 60 años.
Las mujeres ganan aún solamente un 73% de lo que ganan los hombres en trabajos comparables y constituyen el 70% de los trabajadores empleados a tiempo parcial, los cuales no tienen derecho a ningún tipo de beneficio social.
El 85% de los nuevos trabajadores dedicados a más de un trabajo, entre 1981 y 1995, fueron mujeres.
El 1% más rico de la población, que en 1975 era propietario del 20% de los bienes, ahora posee el 36%. Crece la diferencia.
Entre los 3 600 condenados a la pena de muerte que pueblan en este momento los corredores de la muerte de las prisiones norteamericanas, no hay un solo millonario, no hay una sola persona que pertenezca a la clase media alta. Uno podría preguntarse por qué. Ustedes tal vez puedan responder mejor que yo. No estoy acusando a nadie, digo lo que pasa.
Al parecer, hay que alcanzar la categoría de millonario para adquirir la decencia y la disciplina necesarias para no ser jamás sancionado a una pena de esta índole.
Hay otros datos que son un poquito duros, pero debo decirlos.
En toda la historia de Estados Unidos no ha habido un solo hombre blanco que haya sido ejecutado por haber violado a una mujer negra (Aplausos).
Sin embargo -esto es histórico-, mientras la violación fue considerada un crimen capital, de las 455 personas ejecutadas por violación, 405 eran negros; es decir, 9 de cada 10.
En el estado de Pennsylvania, por ejemplo, allí donde se proclamó en 1776 la Declaración de Independencia, solo el 9% de la población total es afronorteamericana; el 62% de los condenados a muerte, es decir, una proporción siete veces mayor, es de la raza negra.
Otro puntico. Más del 90% de los 3 600 condenados a muerte fueron víctimas, en su infancia, de la violencia física o la violencia sexual.
Un estudio reciente de una organización no gubernamental indica que los hombres negros tienen 13 veces más posibilidades de ser sentenciados a condenas más largas que los blancos cuando se trata de problemas relacionados con la droga, aunque los hombres blancos superan en cinco veces el número de traficantes en Estados Unidos.
Más del 60% de las mujeres encarceladas en Estados Unidos son afronorteamericanas o hispanas.
Tal vez somos lombrosianos todos los hispanos, todos los afronorteamericanos y de otras etnias, que cometemos prácticamente todos los delitos.
No estoy ni mucho menos cohonestando el delito. Tampoco estoy en condiciones de saber con todo detalle y rigor cómo son los procedimientos y qué suele ocurrir. Simplemente me pregunto por qué; simplemente me pregunto si somos genéticamente delincuentes, en cuyo caso qué importa que desaparezcan toda el Africa subsahariana, todos los indios, mestizos y blancos de América Latina, y todos los habitantes de los países del Caribe, incluidos, desde luego, nosotros, los cubanos. Es una pregunta que uno, por lo menos, tiene el derecho a hacerse. Yo, por supuesto, he vivido esos años 74 que ustedes recordaron. He tratado con muchas personas en mi vida.
Nací en el campo como hijo de un latifundista. Mi padre era un campesino pobre de origen español. Había estado primero en Cuba reclutado como soldado en la última guerra de independencia sin haber ido nunca a una escuela. Finalizada la contienda en 1898, fue repatriado a su país de origen. Después volvió motu proprio; trabajó en aquel sistema, con el tiempo logró reunir y dirigir a más de un centenar de jornaleros inmigrantes como él o cubanos. Era la época en que la United Fruit, para desarrollar las plantaciones cañeras en la neocolonia instaurada en Cuba, cortaba y quemaba los bosques de maderas preciosas, aquellas con las que se construyó el famoso Palacio del Escorial, e incluso el barco de guerra mayor de la época del almirante Nelson, hundido en la batalla de Trafalgar. Esas maderas tenían especial prestigio, y mi padre participó con aquellos hombres que había reclutado en el corte de bosques y maderas preciosas. ¿Quién los podía culpar?
Pero, bien, reunió dinero y poco a poco compró tierras, muchas tierras. Llegó a poseer alrededor de 900 hectáreas de tierras propias y más de10 000 hectáreas de tierras arrendadas. Nací y viví en aquella gran finca. Tuve la suerte de ser hijo y no nieto de terrateniente; no pude adquirir mentalidad y cultura de clase rica. Ser revolucionario no tiene ningún mérito, eso depende de muchos factores, y todos mis amigos eran niños y adolescentes pobres de mi propia edad. Conocí los barracones por todos los alrededores, tanto en las tierras de mi familia como en las enormes plantaciones de grandes empresas norteamericanas donde vivían muchos inmigrantes haitianos. Sus condiciones de trabajo y de vida eran peores que las de los esclavos, y se decía que había desaparecido la esclavitud en Cuba desde 1886. Eso no me hizo revolucionario, pero me ayudó a comprender más tarde las realidades y las injusticias sociales en el país donde nací.
Voy a añadir unas palabras a las reflexiones que venía haciendo. Ustedes mencionaron hace breves minutos el nombre de un ciudadano afronorteamericano recientemente ejecutado. Ustedes conocen que nuestro pueblo condenó con toda energía el asesinato judicial de Shaka Sankofa por un crimen que no cometió (Aplausos), a pesar de la unánime repulsa de la opinión pública mundial, e incluso de muchos gobiernos del mundo.
Pedí bastante información, datos, detalles. Llegué hasta ver mapitas, croquis del lugar donde se produjeron los hechos que le imputaban. La única persona que dijo haberlo visto, de noche, a determinada distancia, en un vistazo que ni la más sensible de las cámaras habría podido registrar, y otros elementos de juicio, me llevaron a la convicción de su inocencia. No lo estoy diciendo porque alguien lo haya afirmado, sino porque analicé todos los datos y llegué a esa convicción (Aplausos). Analicé incluso su origen social, las condiciones de marginación en que nació, los primeros problemas legales que tuvo; lo he citado a nuestro propio pueblo como ejemplo de los verdaderos factores que contribuyen a que un joven, negro, o blanco o de cualquier etnia, cometa un delito. Soy también abogado. Conozco un poquito de leyes. Me defendí yo mismo cuando me juzgaron por el ataque a la fortaleza del Moncada. Más de una vez tuve que hacerlo desde que me hice abogado. Casi casi no tenía otro cliente (Risas).
Y si no hubiese llegado a esa convicción, actuaría como un vulgar demagogo al afirmar lo que acabo de decir (Aplausos).
En nuestro país tuvo lugar una mesa redonda con la participación de personalidades internacionales; aquí estoy viendo a una persona que participó en esa mesa redonda.
Sé igualmente que ustedes están enfrascados desde hace rato en una lucha muy justa, una lucha que nuestro pueblo respalda también plenamente: la lucha por la libertad del periodista Mumia Abu-Jamal (Exclamaciones y aplausos prolongados), condenado a muerte, cuya injusta pena ha levantado un gigantesco movimiento de opinión en todo el mundo.
Si nos vamos más lejos y analizamos los datos históricos, para indagar quiénes fueron ese ciudadano blanco por cada 9 afronorteamericanos ejecutados por violación, que fueron alrededor de 50 blancos en total, veremos que, independientemente de otros factores, estaba presente la marginación social, y cuando, como ocurre con los afronorteamericanos, se unen la marginación social y la discriminación racial, decenas y decenas de millones de personas sufren horriblemente la injusticia, aun aquellos que no han sido nunca condenados a la pena capital ni a la prisión, porque nacen condenados a la humillación todos los días de su vida.
Yo soy más o menos blanco, digo más o menos blanco porque no existe ninguna etnia pura. Recuerdo que visité Estados Unidos en 1948, era noviembre, lo recuerdo porque coincidió con aquellos días en que Truman, pese a todos los pronósticos, ganó las elecciones. Había viajado a Harvard; quería realizar estudios de economía. Ya tenía ideas revolucionarias, pero quería armarme con mayores conocimientos. Al viajar de regreso desde Nueva York, lo hice en un carro barato, comprado por unos 200 o 300 dólares, de esos que se venden por ahí un poco más caro que la chatarra, y fui por aquellas carreteras de entonces hasta la Florida para seguir después a Cuba por mar en un ferry. Varias veces paré en algún lugar para un almuerzo, una comida, o adquirir cualquier cosa. Observé desprecio en más de una ocasión, una forma despectiva de trato simplemente porque hablaba otro idioma o por ser hispano. Tuve la percepción de que se discriminaba no solo a determinadas etnias, sino también a personas de otra nacionalidad, a los que hablaban un idioma distinto.
Desde entonces solo volví unos días a Estados Unidos, creo que a finales de 1955. Residía ya en México, preparando el regreso a Cuba. Estuve aquí en Nueva York y en otros puntos visitando a los pocos emigrantes cubanos que había en Estados Unidos, porque en aquel tiempo no existía la Ley de Ajuste -nadie podía ir en un barco o en un bote-, prácticamente no existían ilegales. En definitiva, fue la Revolución la que abrió las puertas a cientos de miles de personas que desde hacía mucho tiempo querían emigrar y no tenían ninguna esperanza.
Por eso, a aquellos que tanto odian a Cuba, a la Revolución y a mí en particular, podríamos recordarles que de vez en cuando le den las gracias a la Revolución, porque sin la Revolución no habría muchos cubanos millonarios (Aplausos), sin la Revolución no habría una llamada Fundación Nacional Cubano Americana (Abucheos), sin la Revolución no habría un número de cubanos que son miembros del Congreso de Estados Unidos, no podrían promover leyes a favor de nada, no serían codiciados en las campañas electorales, no serían complacidos en todo lo que piden, aun cuando la mayor parte no vota porque, en virtud de los privilegios que les concedían, les convenía más ser ciudadanos cubanos que norteamericanos.
Lo que afirmo puede demostrarse de forma irrebatible. Existen estadísticas, las pedí un día: cuántas visas residenciales habían dado, por ejemplo, en los últimos 30 años antes del triunfo de la Revolución; eran cifras insignificantes en las décadas del 30 y el 40, y apenas 2 000 o 3 000 entre 1950 y 1959.
En definitiva fue la Revolución la que abrió las puertas a cientos de miles de personas que desde hacía mucho tiempo querían emigrar y no tenían ninguna esperanza.
Como es conocido, en los primeros días de enero de 1959 se refugiaron en Estados Unidos gran número de criminales de guerra, malversadores y cómplices de Batista que habían asesinado a miles de cubanos y saqueado el país. Las primeras leyes revolucionarias, relacionadas con la recuperación de bienes malversados, rebaja de tarifas de servicios básicos, reintegración a sus puestos de obreros injustamente despedidos durante la tiranía, reformas urbana y agraria, y otras medidas de elemental justicia social, atemorizaron a los sectores más ricos de nuestra sociedad, que comenzaron a emigrar a Estados Unidos.
Desde el primer día de la Revolución, las visas para viajar a Estados Unidos se abrieron inusitadamente, en especial para personas de clase alta y media, médicos y otros profesionales universitarios, profesores y maestros, técnicos y trabajadores calificados, muchos de los cuales habían ansiado siempre emigrar a ese país. La hostilidad a la Revolución y el propósito de privarnos de personal calificado se había hecho patente casi de inmediato. Necesitaban además antiguos oficiales de Batista y personal joven para nutrir la brigada mercenaria de asalto, un plan que nadie conocía entonces. Sin embargo, las salidas legales hacia Estados Unidos se autorizaron siempre. El robo de cerebros estimuló los colosales esfuerzos educacionales que la Revolución triunfante había iniciado de inmediato. Aun en los días de Playa Girón se mantuvieron los vuelos. Con posterioridad a la Crisis de Octubre, las autoridades norteamericanas suspendieron abruptamente los vuelos y las visas. Decenas de miles de familias quedaron separadas. En cambio se recibía en territorio norteamericano, aun antes de la Ley de Ajuste, a cuantas personas arribaran a sus costas por medios propios o secuestrando aviones o embarcaciones.
Después de Camarioca salieron del país, con autorización, de manera legal, absolutamente segura y sin una sola víctima, 360 000 cubanos. Entre ellos, además de familiares de residentes en Estados Unidos, gran número de profesionales y maestros que podían ganar en Estados Unidos un sueldo diez veces mayor que en Cuba, obreros calificados y técnicos de industrias importantes. Se trataba realmente de emigrantes económicos. No obstante, todo el que llegaba recibía el calificativo de "refugiado político" o "exiliado". Si les aplicaran ese concepto a los mexicanos o a otros latinoamericanos que emigran hacia Estados Unidos, habría de 12 a 15 millones de refugiados políticos mexicanos (Aplausos); un millón de refugiados políticos haitianos; un millón de refugiados políticos dominicanos; cientos de miles de centroamericanos serían refugiados políticos, y quién sabe cuántos puertorriqueños (Aplausos). Porque los puertorriqueños son patriotas, aman a su país. ¿Y por qué viajaron a Estados Unidos? Por razones económicas. De modo que hay casi tantos aquí como allá en su isla
Se reúnen un millón en Nueva York, este año los vimos defendiendo la justa causa de Vieques (Aplausos). Sobre eso realizamos una mesa redonda con personalidades internacionales de mucho prestigio
Esas mesas redondas se trasmiten por televisión vía satélite, en idioma inglés, por supuesto, que es el que más se habla, a todo el mundo. También nuestra televisión las trasmite por Internet. Claro, desgraciadamente, tal vez solo el 1% de los africanos tengan Internet, a ellos hay que hablarles por radio. Pasa lo mismo con América Latina.
Sobre este tema de la comunicación y la colaboración con los países del Tercer Mundo deseo informarles que hemos desarrollado un programa para enseñar a leer y escribir por radio. Esa idea surge un día cuando al preguntarle al Presidente de Níger, de visita en Cuba, cuál era el índice de analfabetismo en su país, nos dice: 87% de analfabetismo y solo 17% de cobertura escolar. Se está celebrando la entrada al próximo siglo y al próximo milenio, ¿en cuál siglo del tercer milenio ese país, que tiene la población de Cuba, habrá erradicado el analfabetismo?
Meditaba que nuestro país, con 11 millones de habitantes igual que Níger, disponía de 250 000 profesores y maestros; igual que ocurre con los médicos, posee el índice más alto de maestros per cápita en el mundo. Cuando uno piensa en aquel índice de analfabetismo y además conoce que el índice de mortalidad infantil de 0 a 5 años es en Níger más de 200 por cada 1 000 nacidos vivos, es decir, más de veinticinco veces la mortalidad infantil de Cuba, es imposible dejar de preguntarse: ¿cuándo, cuándo, cuándo? Le pregunto: "¿Tienen radio?" Responde: "Sí, casi todas las familias tienen radio." Digo: "¿Cómo, si no tienen electricidad?" Me explica: "Sí, porque tienen un equipo japonés, que cuesta equis dólares, con el cual ellos pueden disponer de electricidad para escuchar la radio."
Sugerí que un grupo de pedagogos cubanos estudiara la posibilidad de enseñar a leer y escribir por radio, partiendo de la idea de elaborar un pequeño manual que, usando imágenes de animales, plantas y objetos de conocimiento habitual, identificara las letras del alfabeto y permitiera elaborar sílabas, palabras, frases, e introducir conceptos en el idioma escogido, a través de trasmisiones radiales bajo la dirección de maestros especializados En tres meses nuestros pedagogos elaboraron un método que, sometido a prueba en el idioma creole, en Haití, con 300 personas analfabetas, arroja resultados verdaderamente prometedores. Pronto se iniciará la prueba con 3 000 personas. Un curso de alfabetización por televisión sería muy sencillo, pero el acceso a tal medio es imposible para la mayoría de los analfabetos del mundo. Nuestros especialistas en pedagogía, que han hecho, han seguido y han dirigido el experimento, están asombrados. Está elaborado ya en francés, portugués y creole.
Luego, se puede prestar otra cooperación al Tercer Mundo para enseñar a leer y escribir a cientos de millones de personas con un costo verdaderamente ínfimo (Aplausos). Basta ya de seguir hablando de que hay 800 millones de adultos analfabetos, si con el uso de la radio, que no es Internet, ni televisión, ni mucho menos, se puede llegar a enseñar a leer y a escribir a cientos de millones de personas.
Nadie se imagina lo humillado que se siente un hombre que no sepa leer y escribir. Recuerdo mucho a mi madre y a mi padre que apenas sabían leer y escribir, soy testigo de cuánto sufrían. Lo sé. Eso explica la sed de saber que veo en nuestro pueblo. Aun cuando hayan alcanzado 10 grados, 12 grados, tienen una insaciable sed de saber otras cosas; lo hemos descubierto, y en virtud de ello hemos preparado determinados programas -tengo esperanzas de que un día ustedes los conozcan- que son sencillamente asombrosos, en busca de una cultura general e integral masiva. Hasta idiomas vamos a enseñar.
Les voy a adelantar algo: Ya comenzó el nuevo curso escolar en Cuba. Nuestras escuelas tienen en este momento, a partir de la batalla por el regreso de Elián y del asombro que nos produjo el talento de nuestros niños, un televisor a color de 20 pulgadas por cada 100 alumnos de nuestros 2 400 000 estudiantes de primaria, secundaria y nivel medio, a un costo de 4,6 millones de dólares (Aplausos); 15 000 videocasetes a un costo de 1,5 millones de dólares. Ya entran, por tanto, plenamente en nuestro sistema escolar los medios masivos en apoyo de nuestros más de 250 000 maestros y profesores
Baste decir que en octubre se impartirá de 7:00 a 9:00 a.m. un curso de técnicas narrativas elaborado por uno de los más capaces intelectuales de nuestro país, y a partir del 1º de noviembre, de 7:00 a 8:00 de la mañana, habrá un curso de lenguaje con tres frecuencias semanales. Sencillamente, mucha de nuestra población no se acuerda de las reglas de la gramática que estudió hace mucho tiempo. Yo digo en broma que no hablamos español, sino un dialecto.
Bien, tres frecuencias en español y, asómbrense, ¡dos frecuencias en inglés! Nosotros consideramos el inglés un idioma universal: siglos de colonialismo británico y alrededor de 100 años de -vamos a llamarlo con elegancia- enorme influencia norteamericana, lo han convertido en idioma universal; está divulgado, pero no patentado, lo usaremos.
Casi todos los libros científicos y literarios, primero aparecen en inglés. A mí me regalan muchos y están en inglés.
Vamos a masificar el conocimiento del idioma inglés, ya están preparándose los cursos por televisión. Muchos de esos miles de maestros lo verán, o lo grabarán y lo verán allí en la misma escuela, no tienen que moverse.
Inmediatamente después vamos a ofrecer cursos similares en idioma francés. Aspiramos a que todos nuestros ciudadanos o la inmensa mayoría, de acuerdo con sus edades, conozcan tres idiomas: español, inglés y francés (Aplausos), con un costo mínimo: el gasto en corriente para las trasmisiones y los materiales que les enviemos por escrito, a todos aquellos que van a recibir directamente el curso, o a los ciudadanos que lo soliciten . En este último caso se los enviaríamos, cobrándoles el costo de producción y distribución. Estos son cursos para todos los que deseen utilizarlos y los vamos a promover.
Pienso que el hecho de contarles a ustedes esta idea servirá de satisfacción a muchos compatriotas, prácticamente a todos.
Un día le pregunto al Ministro: "¿Cuántos profesores de inglés te faltan en la enseñanza media?" Y me dijo: "Dos mil." Le respondí: "Te sobran." Y no es que vayamos a reducir profesores de enseñanza media o licenciados en educación primaria; al contrario, no se rebajará una plaza de maestro, se aumentarán para ir reduciendo el número de alumnos por maestro. Ya estamos en esa batalla, para elevar la calidad de la educación. Pero pondremos los medios masivos, nuestra televisión, que no tiene anuncios comerciales, al servicio de la educación y de una cultura general integral masiva (Aplausos).
Pienso que nuestro país ha entrado en una nueva etapa, absolutamente nueva. No digo más (Aplausos).
Me he extendido. No he cumplido mi palabra (Aplausos). Solo utilizaré breves minutos adicionales.
Les prometí que antes de finalizar les hablaría de dos cosas: primero, sobre el niño. Elián está maravillosamente bien (Aplausos), no pueden ustedes imaginarse qué niño tan feliz, qué niño tan inteligente, qué niño tan serio, es realmente extraordinario. No fue recibido por multitudes -como dijimos-, solo fue su escuela y los familiares más cercanos. Ninguno de nosotros, ningún dirigente del Partido o del Estado estuvo allí. Seis minutos permaneció la familia saludando a los que la recibieron y de inmediato salió con Elián del aeropuerto. No perdió las clases ni siquiera el día que partió de Estados Unidos. En dos meses, con su familia, su maestra y sus compañeritos de clase, había avanzado extraordinariamente, y después en Cuba, desde el 29 de junio hasta el 28 de julio, recibió -junto con los compañeritos que estaban aquí- clases intensivas, le faltaban varios sonidos. Se graduó con el nivel de todos los demás niños y pasó a segundo grado.
El padre me insistía en que lo conociera. Yo le dije: "Esperaré hasta que termine el curso." Y cuando terminó el curso, con toda discreción lo vi y lo saludé.
Nuestro problema ahora es qué hacer para que ese niño siga una vida normal, sus cursos normales, porque a ese niño lo conoce todo el mundo. Nosotros contamos con el apoyo de toda la población, la conspiración de todo un pueblo: cuando va a la escuela, no acercarse, no gritar consignas; tratarlo como a todos los demás niños. Solo muy pocas veces ha salido por televisión porque lo solicita la población. Jamás una pregunta directa al niño, se retrata con la familia, escenas de ese tipo, y materiales muy cortos. Se ha tenido un cuidado total.
Ya empezó el día 1º su nuevo curso, está viviendo en la misma casa modesta donde vivía; estudia en la misma escuela; tiene las mismas maestras, porque estas rotan hasta cuarto grado, la que estuvo en Wye Plantation y la otra maestra que no dejaron venir; siguen con él los mismos compañeros del primer grado. Y su padre, a mediados de este mes, comienza a trabajar en el mismo modesto centro de trabajo, es lo que él quiere. Todo el mundo reclama que los visite. Porque no es solo el niño, el padre adquirió en el país un extraordinario prestigio. Resistió todo, cuando lo trataron de comprar hasta con su propio hijo, promesas de entregárselo si se quedaba a vivir en Estados Unidos, cifras millonarias, y ni siquiera un solo segundo vaciló (Aplausos). Me parece que es un ejemplo. Sobre esto debo decir que no me voy a detener en detalles, les enviaremos materiales, con eso ahorro tiempo; pero ustedes estarán informados del niño.
Se utilizó el criterio adecuado de que ese niño debe recibir una óptima educación; no se habría ganado nada si ese niño regresa y no es realmente un buen estudiante y un buen ciudadano. Ellos constituyen un ejemplo para nuestro pueblo y, de cierta forma, un ejemplo para muchos millones de personas en el mundo.
Jamás nuestro pueblo dejará de agradecerles a ustedes, que tanto se preocuparon, a los legisladores que aquí hablaron y a otros que tanto lucharon; al Consejo de Iglesias, a las diversas iglesias que con toda honestidad defendieron una causa tan justa.
Debo decir que, del mismo modo, nuestro pueblo jamás olvidará ni dejará de agradecer al pueblo norteamericano, que de modo masivo apoyó los derechos legítimos del padre y del niño (Aplausos). Una vez más me dije: El pueblo norteamericano es muy idealista. Para que apoye una causa injusta tienen primero que engañarlo; hacerle creer, como en Viet Nam y en otros lugares, que aquello es lo justo.
En este caso, conoció la verdad por un conjunto de factores, y en especial por la actividad de los medios masivos que divulgaron las imágenes de 400 000 madres marchando, cientos de miles de niños marchando, un millón de personas marchando, en una lucha que se libró durante siete meses y se continúa librando hoy contra la Ley de Ajuste, por las víctimas que produce; contra la Ley Torricelli, la Ley Helms-Burton, el bloqueo y la guerra económica; en definitiva, por el respeto y la paz para nuestro país. Eso lo juramos allí en Baraguá, donde tuvo lugar la histórica protesta de Antonio Maceo, y por esos objetivos luchamos hoy.
Cuando el pueblo norteamericano conoció la verdad, apoyó al niño y a su familia, en cifras que se elevaron a más del 80% y que en la población afronorteamericana alcanzó, en un momento cúspide y decisivo, el 92% (Aplausos). Eso no lo puede olvidar nuestro pueblo jamás.
No pretendo presentar a nuestra patria como modelo perfecto de igualdad y justicia. Creíamos al principio que al establecer la más absoluta igualdad ante la ley y la absoluta intolerancia contra toda manifestación de discriminación sexual, como es el caso de la mujer, o racial, como es el caso de las minorías étnicas, desaparecerían de nuestra sociedad. Tiempo tardamos en descubrir, se lo digo así, que la marginalidad, y con ella la discriminación racial, de hecho es algo que no se suprime con una ley ni con diez leyes, y aún en 40 años nosotros no hemos logrado suprimirla totalmente.
No se dará jamás un caso de aplicación de justicia con criterios étnicos; pero fuimos descubriendo que los descendientes de los esclavos, aquellos que vivían en los barracones, eran los más pobres y siguieron viviendo, después de la supuesta abolición de la esclavitud en los lugares más pobres.
Hay zonas marginales, hay cientos de miles de personas que viven en zonas marginales, pero no solo negros y mestizos, sino también blancos. Hay marginación blanca que procede de la sociedad anterior. Y yo les decía que en nuestro país se ha iniciado una nueva época. Espero algún día poder hablarles de las cosas que hoy estamos haciendo y cómo las vamos a seguir haciendo.
Dinero para construir las viviendas donde viven todas las personas que podemos llamar en condiciones de marginalidad no lo tenemos; pero tenemos otras muchas ideas que no esperarán para las calendas griegas, con las cuales nuestro pueblo, unido e íntegramente justo, hará desaparecer hasta el más mínimo residuo de marginalización y discriminación de cualquier tipo. Y tengo confianza absoluta de que lo alcanzaremos, porque a ello está dedicada hoy la dirección de nuestra juventud, de nuestros estudiantes y de nuestro pueblo.
No añado más, simplemente les digo que estamos conscientes de que en nuestro país existe todavía marginalidad; pero hay una voluntad decidida y total de ponerle fin, a través de los métodos con los que debe llevarse a cabo esa tarea, y para que haya cada vez más unión e igualdad en nuestro pueblo (Aplausos).
En nombre de mi patria, se lo prometo y les informaremos sobre la marcha de nuestros esfuerzos.
Cuando estuvieron allá los norteamericanos y nos hablaron del problema, de los dos casos que mencioné, Sankofa y Mumia, ellos me ofrecieron información amplia sobre sus vidas y la injusticia cometida con ellos. Las mesas redondas ayudaron mucho a tomar conciencia sobre la gravedad de lo que estaba ocurriendo. No es una vergüenza ser pobre, no es una vergüenza la falta que pueda cometer algún joven de niño o de adolescente, la vergüenza es que en este siglo que se inicia, con todos los avances técnicos, cuando el hombre pretende hasta poblar el planeta Marte, haya niños, adolescentes y ciudadanos en nuestro planeta viviendo en la marginalidad (Aplausos), y en muchos países, además de marginados, discriminados.
Es lo último que les digo, y falta solo esta hoja para explicarles una noticia que salió hoy, de la cual habló el pastor de esta iglesia y habló de un signo. A mí me pareció increíble que lo más sencillo del mundo se hubiera convertido en gran noticia. Yo pensaba que la gran noticia tendría que ser lo que está pasando en el mundo, los temas que se discutieron en la reunión Cumbre de las Naciones Unidas, lo que tenemos que hacer para salvar a la especie humana, no ya solo al África. Al paso que vamos desaparecen no solo los africanos, desaparecemos todos. Al paso que vamos, con esos modelos de consumo que conducen a la destrucción de los medios naturales de la vida, de la atmósfera, a la escasez y contaminación del agua potable y de los mares, los cambios de clima, los desastres naturales, a la pobreza, a diferencias abismales y crecientes entre los países y dentro de los países, puede afirmarse con precisión matemática que el orden económico y social que hoy existe en el mundo es insostenible. Uno tiende a pensar que estos temas son verdaderamente importantes. Me sorprendí al ver que la gran noticia, casi un escándalo, fue un hecho que ocurrió ayer de forma absolutamente fortuita en las Naciones Unidas. Antes de venir para acá me vi obligado a escribir una breve nota aclaratoria. La titulé "El saludo a Clinton", y dice así:
"Terminado el almuerzo que ofreció el Secretario General de Naciones Unidas, una vez que concluyó la sesión inaugural de la Cumbre del Milenio, se nos indicó a todos marchar hacia un local para la foto oficial. Marchábamos hacia dicho punto, casi de uno en uno, por un estrecho espacio que se abrió entre numerosas mesas. Apenas cuatro metros delante percibo a Clinton saludando a varios Jefes de Estado que por allí cruzaban. Por cortesía el Presidente iba dándole la mano a cada uno de ellos. No podía yo salir corriendo para evitar pasar por aquel punto" -es más, no tenía hacia dónde correr (Risas)-; "él tampoco podía hacerlo. Habría sido vergonzosa cobardía de ambos. Proseguí detrás de los demás. En cuestión de dos minutos llegué al punto por donde debía pasar delante de él. Igual que los demás me detuve unos segundos, y con toda dignidad y cortesía lo saludé (Aplausos); él hizo exactamente lo mismo, y seguí adelante. Habría sido extravagante y grosero hacer otra cosa. Todo duró menos de 20 segundos.
"El sencillo detalle se conoció pronto. Muchos órganos de prensa dieron cuenta del hecho en tono amable. Decenas de rumores corrieron de inmediato. Voceros oficiales de prensa no bien informados dieron versiones variadas.
"La mafia de Miami" -no me refiero ni mucho menos a los muchos buenos cubanos que hay en Miami- "se puso histérica. Según ellos, el Presidente había cometido un gran crimen. A tales extremos llega su fundamentalismo.
"Por mi parte, me siento satisfecho de mi comportamiento respetuoso y civilizado con el Presidente del país que ha sido anfitrión de la cumbre" (Aplausos).
Hoy, más rumores, noticias oficiales afirmando que yo me dirigí hacia donde estaba el Presidente. Nada de eso hace falta. Todo el mundo conoce que jamás un cubano digno implora un saludo o un honor.
He concluido. Pido perdón por la extensión de mis palabras.
Gracias (Aplausos). (Final)