UN INCIDENTE DRAMÁTICO E INOPORTUNO

GRANMA, CUBA 210900

Cuando la nación entera estaba concentrada en las noticias procedentes de Sydney, y muchos ni siquiera habían dormido para presenciar a las 4 y 30 de la mañana la emocionante lucha de nuestro prestigioso equipo amateur frente a los profesionales de Corea del Sur, llegaron los cables informando sobre el doloroso e indignante suceso de que un avión cubano desviado había caído al mar mientras viajaba rumbo a la Florida con numerosas personas a bordo, entre ellas mujeres y niños.

Ya se conocieron ayer con más precisión los hechos. Como se informó en la Nota Oficial, dicho avión, piloteado por Angel Lenin Iglesias Hernández, partió de la pista de trabajo "La Cubana" a las 7 y 35 a.m., hizo escala en la de "La Herradura", dejó allí al técnico de vuelo que lo acompañaba -al que engañó con el pretexto de la necesidad de realizar una rápida gestión administrativa-, y minutos después aterrizó en la pista L-18, donde al final de la misma, en un matorral lo esperaba un grupo de personas con las cuales partió rumbo a la Florida, comunicando por radio ya en el aire a las 8 y 45 de la mañana que iba secuestrado con niños a bordo.

Aproximadamente una hora y 50 minutos después cayó al mar. Había tomado un rumbo errático, casi más próximo al norte que al noreste, lo cual prolongaba el trayecto de su vuelo hacia la Florida. Casi agotado el combustible, pudo sobrevolar dos o tres veces un carguero de bandera panameña que navegaba en las proximidades, cerca del cual hizo contacto con el agua tratando de amarizar. Fue esta la nave que auxilió a los sobrevivientes y rescató un cadáver. De no haber sido por la presencia de esa nave, hubieran perecido todos dado el estado del tiempo y del mar.

Agencias cablegráficas, emisoras de televisión y voceros de los guardacostas, divulgaron noticias sobre el hecho a medida que obtenían datos de una u otra fuente. Casi sin excepción hablaban de 16 y hasta de 18 pasajeros, de los cuales 10 habían sido rescatados, incluido un cadáver.

Hoy se conoce que el número total de pasajeros era 10; todos fueron rescatados por el mercante panameño, uno era cadáver, otro en estado crítico había sido trasladado en helicóptero a un hospital en tierra, los demás habían sufrido lesiones de menor gravedad. En conjunto, 4 hombres, 3 mujeres y 3 niños. Esto lo informaron las autoridades norteamericanas por conducto de su Oficina de Intereses de forma muy escueta, sin dato adicional alguno.

Mientras a Cuba, como es habitual, se le negaba la información mínima a la que tiene derecho con relación a sus ciudadanos, la prensa norteamericana publicaba los datos sobre la identidad de cada uno de ellos.

El misterio ha sido develado. En el avión viajaban el piloto ya mencionado; su esposa, Mercedes Martínez Paredes, y sus hijos David, de 7 años, y Erick de 13. Dos hijos de Aleida Caridad Martínez Paredes, cuñada del piloto: Judel Puig Martínez y su hermanastro Pavel Puig Blanco, de 23 y 28 años respectivamente. Un matrimonio de La Habana y su hijo: Rodolfo Fuentes Fernández, de 38 años; Liliana Ponzoa, de 36, y Andy Fuentes de 6. El décimo pasajero era una señora llamada Jacqueline Viera, de la que no se conocen edad ni otros detalles.

Se ha podido precisar que Rodolfo Fuentes Fernández era el hombre que, con fracturas craneanas y graves lesiones de cuello y columna, fue trasladado al hospital Lower Keys.

No se sabe qué persona falleció. Sobre eso, ni el gobierno ni la prensa han dicho una palabra.

Aunque el propio piloto habló por radio de avión secuestrado con niños a bordo, más que un secuestro fue un acto de piratería al apoderarse de un avión destinado a la fumigación y fertilización del arroz, básico en la alimentación de nuestro pueblo. Lo desvía hacia la Florida, origina la muerte de un ciudadano, graves y tal vez irreversibles lesiones a otro, y conduce a peligro mortal a 3 mujeres y 3 inocentes niños de 6, 7 y 13 años de edad.

A Angel Lenin Iglesias Hernández no se le conocen antecedentes penales. Su comportamiento en el trabajo fue correcto, y procede de familia revolucionaria. El propio nombre que le pusieron al nacer lo demuestra.

Se le atribuye a su compañero de escuela e íntimo amigo, Rodolfo Fuentes Fernández, hombre corrompido, de dudosa moral y conducta, la influencia nociva que lo condujo a tan irresponsable acción.

Lo peor de estos hechos es que tienen lugar 48 horas antes de las conversaciones migratorias entre Estados Unidos y Cuba, que tendrán lugar en Nueva York hoy jueves en horas de la mañana, y para lo cual Ricardo Alarcón y la delegación cubana habían partido al amanecer del miércoles. A la delicada situación se añade el agravante de que el proceso electoral norteamericano se encuentra en un momento decisivo, y cualquier medida que adopte el gobierno es politizada de inmediato. La ausencia de toda sanción a los actos de piratería naval y aérea y a los secuestros de aviones y barcos cubanos en ocasiones realizados mediante violencia y asesinato, han constituido uno de los más fuertes estímulos a la emigración ilegal. Tal política viola flagrantemente los acuerdos migratorios entre Estados Unidos y Cuba suscritos en 1994 y 1995, a lo cual se une la ampliación por orden administrativa de los privilegios de la Ley asesina de Ajuste Cubano. La no devolución de un número elevado de personas interceptadas sin razón alguna que lo justifique, el contrabando impune de emigrantes que se realiza desde las costas de Estados Unidos, crean las condiciones menos propicias para el análisis sereno y constructivo de los problemas migratorios y la búsqueda de una solución satisfactoria para ambos países de la anómala e insostenible situación creada.

Pese a esto, el compañero Ricardo Alarcón y la delegación cubana partieron a las 7 y 30 de la mañana del miércoles hacia Nueva York, y en horas de la mañana de hoy jueves estarán listos para llevar a cabo las negociaciones pertinentes.

Cuba hará honor a su palabra y a su declarado propósito de llevar a cabo conversaciones serias sobre los graves problemas migratorios que se han creado entre los dos países, y espera de la contraparte norteamericana una actitud recíproca.