LA AGRICULTURA CRECE...¿QUÉ PASA CON LOS PRECIOS?

GRANMA, CUBA 080600 -FELIX LOPEZ

Se afirma con razón que la agricultura cubana crece. Según Alfredo Gutiérrez, viceministro del MINAGRI, el incremento es de un 25 por ciento en relación con el primer cuatrimestre de 1999. Creo en esos números, pero al mismo tiempo no puedo evitar la pregunta que se haría (ante esta noticia) cualquier otro ciudadano: Y los precios, ¿por qué no bajan?

Intentar resolver esta interrogante, aunque no nos guste, obliga a recorrer un inventario mínimo de cifras. Comencemos por un ejemplo: en los cuatro primeros meses del año en curso se produjeron en el país 719 700 toneladas de viandas (un 26,5 % más que en igual etapa del 99). Pero, ¿cómo se reparte esa cifra entre los diferentes cultivos?

Si sumamos los resultados finales de la cosecha de papa (377 300 t) y de plátano (175 000 t), veremos que estos dos productos representan el 76,7 % de las 719 700 t de viandas con que el MINAGRI sobrecumplió su plan. ¿Y qué fue de la malanga, el boniato, la yuca, el ñame...? La respuesta es tan simple como la más elemental de las matemáticas: ellas, que también son viandas, quedaron apretadas (aún creciendo) en un estrecho 23, 3 % del mencionado total.

Por lógica, los precios de estos cuatro productos no pueden bajar al mismo ritmo del anunciado crecimiento. Habría que preguntarse además, en el caso del plátano, cómo se divide la cifra total entre sus distintas variedades: ¿acaso el elevado precio en que se comercializa el plátano vianda (por citar un ejemplo), no está motivado por la deprimida producción de esta variedad, mientras en ocasiones los mercados se abarrotan del llamado plátano burro, de poca aceptación entre los consumidores?

La moraleja es tan antigua como la necesidad misma del hombre de depender de la tierra: dondequiera que los mercaderes inescrupulosos encuentren una brecha en el abastecimiento de determinado producto, aparecerán ellos con la varita ¿mágica? y pondrán los precios al ¿alcance? de la luna. Baste con el ejemplo anterior, o con el de la malanga...

Por suerte, existen cultivos que comienzan a correr otra suerte.

La papa, en su carácter de producto normado, merecería un comentario aparte. El MINAGRI no solo ha incrementado su producción en los últimos años: también ha elevado sus rendimientos por encima del promedio mundial (y es hoy el mejor entre los países tropicales al nivel del mar). Lograrlo no ha sido fácil, sobre todo cuando el país invierte 38 millones de dólares y luego vende a la población en moneda nacional. Una inversión que no regresa totalmente a los fondos de este Ministerio.

Pero dejemos los ejemplos y entremos en las soluciones de urgencia que se ha planteado la Agricultura. Ya no hace falta explicar el por qué los precios y la producción permanecen "sentados" en los dos extremos de un cachumbambé. Para regular los primeros con el incremento de lo segundo, el MINAGRI ha trazado una estrategia que se concentra, en lo fundamental, en dos temas: la eficiencia y el perfeccionamiento de sus sistemas de comercialización.

Hoy se está hablando de reducción de las áreas atendidas, con el objetivo de concentrar los recursos disponibles en aquellos lugares de mejores tierras y fuerza laboral estable y especializada. Hacia ellos se dirigirán los paquetes tecnológicos (fertilizantes, combustible, sistemas de riego y los mejores hombres), de manera que se puedan producir 12 millones de quintales de plátano en ocho caballerías y no en 15 como ahora ocurre.

Y no se trata de una utopía: este intento por sobrevivir a la ineficiencia ya ha sido probado con éxito en la Empresa de Cítricos de Jagüey Grande, que obtiene 817 000 toneladas en 21 000 hectáreas, la mitad de las que se empleaban antes para conseguir igual producción. Allí se demuestra que el problema no está en sembrar más tierras, sino en poner más atención a las necesarias. Y no es el único caso.

Estamos hablando de un reto que tiene el país, pero sobre todo la provincia de La Habana, que solo logrará cubrir las necesidades alimentarias de la capital (inmensa tarea) sobre la base de elevados rendimientos agrícolas, poniéndole a cada cultivo lo que lleva y realizando inversiones en materia de riego y proyectos para el ahorro de energía.

Ahora bien, pensemos -con optimismo-que todas las urgencias anteriores serán posibles, y que La Habana logrará, previsoriamente, dislocar todas las plantaciones de plátano que hoy se concentran en el eje ciclónico y viven bajo amenaza de destrucción... De nada serviría ese esfuerzo si no se consolidan otros temas como la estabilidad de la fuerza laboral, la vinculación a los resultados finales y la disciplina laboral, tecnológica y productiva.

En cuanto a la comercialización, los Mercados de Precios Topados siguen siendo el antídoto a mano para materializar el intento de regular los precios del Mercado Agropecuario y el lugar donde se hagan sentir los precios del estado socialista en beneficio de la población. Pero sin un incremento de la producción poco es lo que podrán hacer en la práctica.

Se trata de una solución que trasciende en la práctica a la agricultura estatal. De nada servirían los esfuerzos del MINAGRI en este sentido, si los campesinos no cumplen los compromisos contraídos en el recién finalizado IX Congreso de la ANAP, sobre todo en lo referente a la eficiencia de sus producciones y la concurrencia a las Ferias y Mercados de Precios Topados, allí donde (afortunadamente) ha sido anulada la presencia del intermediario.

Cualquier solución al tema de los precios pasará siempre, antes que todo, por el necesario incremento de la producción. En ese sentido -explicó el viceministro Gutiérrez- el MINAGRI aspira a producir para el 2002 cien millones de quintales de viandas y hortalizas (divididos de la siguiente forma: 50 de viandas, 40 de hortalizas y 10 de granos), lo que permitiría liberar, con excepción de la papa, todas sus producciones.

Es una gran meta. De ocurrir, está por ver qué camino eligirán aquellos que en los Mercados Agropecuarios, desde una posición nada patriótica, prefieren hoy botar una mercancía antes que bajarle el precio.

De regreso al párrafo inicial -allá donde hablo del crecimiento de la Agricultura en un 25 por ciento-, no está de más reconocer que en nuestros campos se está produciendo más que en años anteriores, pero las importaciones de alimentos no son hoy las mismas. Crecer, en este caso, no significa que el MINAGRI esté dando ya la respuesta necesaria. Los precios esperan.