Jueces de Atlanta pescan en río revuelto de publicidad

GRANMA, CUBA 130500 -Héctor Igarza, de Prensa Latina

Los tres jueces de la Corte de Apelaciones de Atlanta tienen en su poder todos los argumentos de las partes en el disputado caso del niño cubano Elián González. Ninguno de los elementos de la audiencia del pasado jueves fue nuevo ni sorprendió a nadie.

¿Por qué, entonces, los jueces no acaban de hacer público el dictamen que hace tiempo deben haber preparado y al que nada hay que añadir desde el pasado jueves?

Donato el tintorero, o Donato el limpiador de residencias, quien observó el rescate de Elián de las aguas el pasado 25 de noviembre y dio la vuelta al mundo en una foto del 22 de abril cuando los federales sacaron al niño de la casa de su tío-abuelo en Miami, ahora quiere ser alcalde.

El tío-abuelo Lázaro González, desde que comenzó el circo, nunca más ha reparado un neumático ponchado y ahora viaja en un Van del año, que le dijeron que era "el bueno americano" cuando viajó a ese país pero que hasta el momento no había podido concretar.

Con la llegada de Elián, su prima Marisleysis dejó el trabajo de empleada de banco.

Y así, todo el que ha tenido que ver con el asunto, ha pescado en río revuelto de publicidad.

Dicen que el próximo presidente de Estados Unidos deberá designar nuevos jueces en la Corte Suprema norteamericana, la más alta instancia del sistema judicial de ese país y mayor escalón de prestigio.

Sin el caso de Elián González, los tres jueces de Atlanta hubieran pasado inadvertidos para la opinión pública estadounidense y para los asesores de los candidatos presidenciales, George Bush y Albert Gore, quienes, precisamente por encontrarse en campaña, han tomado partido a favor de la parentela de Miami.

Los jueces se hicieron célebres cuando el pasado mes de abril determinaron que el niño Elián González podía permanecer con su padre, quien llegó a Washington el pasado 6 de abril, pero les prohibieron la salida de Estados Unidos.

Fueron en contra de los acuerdos internacionales sobre derecho consular al prohibir que los responsables de la Sección de Intereses de Cuba en Washington visitaran al padre y al niño, y, peor aún, los dos cubanos no pueden ir a las instalaciones consulares de su país en Estados Unidos.

Al llegar a la sede de la Corte de Apelaciones el pasado jueves, los tres jueces, J. L. Edmondson, Joel A. Dubin y Charles R. Wilson, entraron sabiendo que el peso de los ojos de las 130 sillas reservadas al público, ocupadas casi todas por periodistas, recaía sobre ellos.

Antes de empezar el procedimiento, Edmondson entró a la Corte vestido en traje y les dijo a las personas reunidas allí, incluyendo los abogados, que no deberían llegar a conclusiones sobre la base de las preguntas hechas por los jueces.

Comentó que quizás los jueces iban a hacer preguntas para ver cómo reaccionaban los abogados (...). Todos esos comentarios y las preguntas, crearon más ansiedad a los interesados. Ansiedad significa publicidad.

El resto del procedimiento legal está sobre la mesa, pero cuanto más tiempo se tarden los tres jueces, más se retarda la continuación del resto de las apelaciones y más cercano se hace el 26 de noviembre, cuando el niño tendrá derecho a acogerse a la residencia permanente bajo la infame Ley de Ajuste Cubano.

Mientras más tiempo pase antes que los jueces informen de su veredicto, más expectativas crecen y cuantos más medios de prensa escriban cientos de líneas y especialmente la televisión -esa poderosa arma de publicidad para llevar mensajes-, mucha más notoriedad alcanzarán los letrados.