Operación Peter Pan: introducción a un libro imprescindible

GRANMA, CUBA 270300

"Así que no los temáis, porque nada hay encubierto que no haya de ser descubierto; ni oculto que no haya

de saberse".(Evangelio según San Mateo, 10,26.) "...y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda". (Apocalipsis, 21,8.)

En la guerra que a Cuba hace el imperialismo, la cuestión migratoria ha sido el arma más antigua. La emplea desde el primero de enero de 1959 cuando acogió, con los brazos abiertos, a los prófugos del batistato y no ha dejado de utilizarla un solo instante hasta el día de hoy. Cuando en febrero de 1959 Fidel asumía la dirección del gobierno y se empezaba a diseñar un programa revolucionario, Miami hospedaba ya a miles de "refugiados" batistianos y se había convertido en un verdadero nido de asesinos, esbirros y ladrones de la peor laya.

A ellos se irían sumando politiqueros y otros personajes asociados a los vicios y la corrupción de la seudorrepública y los que serían inevitablemente afectados por los cambios y las medidas de beneficio popular adoptados en Cuba por las nuevas autoridades. Todos mezclados en el caldero de la Agencia Central de Inteligencia servirían de instrumento a la política anticubana.

Así lo registró quien fue Inspector General de la CIA en un informe que había permanecido oculto durante varias décadas: desde 1959 la Agencia se dedicó a "fabricar" dentro y fuera de Cuba a la "oposición" contrarrevolucionaria. Lo sigue haciendo todavía, solo que ya no lo oculta sino que lo proclama abiertamente con la Ley Helms-Burton y otros textos legislativos y documentos públicos del gobierno de Washington.

Para legalizar el status de aquel abigarrado conjunto y convertir el tema migratorio en herramienta permanente de desestabilización, fue promulgada en 1966 la Ley de Ajuste Cubano, mediante la cual Estados Unidos admite a todos los que hayan llegado ilegalmente a partir del primer día de 1959, y les concede la residencia legal y la posibilidad de trabajar. Ningún nacional de otro país ha tenido jamás esa ventaja que tampoco fue concedida a los miles de cubanos que allá habían emigrado antes de la Revolución. Estados Unidos, es, así, el único país con dos leyes migratorias: una para todo el mundo y otra exclusivamente para los cubanos. ¿Se quiere mejor prueba de la manipulación del tema con fines contrarrevolucionarios?

Es un arma intrínsecamente inmoral y de especial perversidad. Ha convertido a personas en objetos y los manipula con cinismo sin tomar en cuenta para nada sus sentimientos ni su condición humana, y su propósito ha sido causar daño a todos los cubanos, como lo ejemplifica la salida del país de tres mil médicos, la mitad de los que teníamos en los primeros años de la Revolución.

La Operación Peter Pan prueba el abismo al que se hundió ese repugnante desprecio por la verdad y la ética. El libro que ahora podemos leer la analiza rigurosamente, expone sus antecedentes, describe cómo se concibió y fue llevada a cabo, desenmascara a quienes la ejecutaron y la apoyaron. Es un libro contra la mentira.

Es resultado de una acuciosa indagación. Quienes la realizaron, tienen los mejores títulos para hacerla. Mi entrañable compañero desde los días de la lucha clandestina contra Batista, el coronel retirado José Buajasán Marrawi, paradigma de nobleza e integridad personal, ha dedicado la vida entera a defender a su patria y trabajó directamente, como oficial de la Seguridad, en la Operación Peter Pan. El doctor en Ciencias Jurídicas Ramón Torreira Crespo, investigador del Centro de Estudios de Alternativas Políticas de la Universidad de La Habana, especialista en cuestiones religiosas y emigración, posee una sólida experiencia académica que ha puesto al servicio de este estudio. El resultado es un libro cuya lectura recomiendo a todos. Aquí encontrará el lector un texto insustituible, de invalorable riqueza documental, lleno de referencias a materiales hasta ahora protegidos por la necesaria confidencialidad y de testimonios directos de los propios participantes nunca antes publicados, así como el certero análisis de cuanto se ha divulgado sobre el tema en Estados Unidos.

Esta operación se basaba en una mentira absoluta que encontró terreno fértil en mentes conformadas por un anticomunismo grosero y estúpido, cultivado en algunas escuelas privadas y predicado desde ciertos púlpitos, ambos de clara inspiración falangista. Su raíz era profundamente anexionista, expresión del anexionismo parasitario, vulgar e inculto que caracterizaba la ideología de las clases dominantes criollas y ha definido siempre a la gusanera contrarrevolucionaria.

Para ellos nada podía hacerse sin permiso de los yanquis. Cuba no podía ser una nación independiente. Estaban seguros de que en cualquier momento vendrían los "americanos" y acabarían con la Revolución. Así ocurrió en el 98 y después en el 33, y volverá a pasar, se les oía decir, convencidos, en sus tertulias. Quienes asumían vergonzantemente su anexionismo solían agregar que era la inevitable consecuencia del "fatalismo geográfico".

Los imperialistas, por su parte, se creyeron también el mismo cuento. Washington nunca pensó que la Revolución pudiera mantenerse y subsistir frente a sus amenazas y presiones. Acostumbrado a tratar a Cuba como a su colonia y completamente ignorante de su historia, subestimó al pueblo e imaginó que la gusanera anexionista lo representaba. No hay paralelo para una política tan ciega como arrogante. Su desmesura es tal que sigue vigente 40 años después.

La burda patraña, según la cual el Gobierno Revolucionario iba a quitarles los hijos a sus padres, privándoles de la patria potestad, fue echada a circular por la CIA y la contrarrevolución después que las autoridades revolucionarias llevaban varios meses haciendo, precisamente, lo contrario: la Ley 797 del 20 de mayo de 1960 había facultado al Ministerio de Justicia para que, en forma totalmente gratuita, realizara inscripciones y transcripciones de nacimientos y celebrase matrimonios que antes no se habían efectuado legalmente. Esa Ley sirvió de base a lo que se denominó Operación Familia que benefició a 400 mil uniones extramatrimoniales y a 500 mil niños. Jamás en la historia de Cuba se hizo tanto y en tan breve tiempo para extender y consolidar la patria potestad y fortalecer la institución de la familia.

Quienes diseminaron la mendaz calumnia dentro del país, habían contemplado sin chistar una sociedad en la que para una parte sustancial de la población, sumida en la mayor miseria, esa posibilidad jamás existió y habían convivido, en gozosa y pastoral armonía, con gobernantes corruptos que nada hicieron para resolver el drama de muchas familias cubanas.

Fue la Revolución la que llevó a todos los cubanos los derechos familiares, incluidos los de poder ejercer, legal y cabalmente, el de la patria potestad. Fue ella también, por cierto, la que propició, para quienes lo desearan, la Operación Bautizo Colectivo.

En relación con el tema migratorio, la propaganda imperialista está repleta de falsedades repetidas sin cesar a la manera de Goebbels. Según ella, los cubanos no emigran sino "escapan" o "huyen" de su país, al cual, además, presentan como si fuese uno de los principales emisores de emigrantes.

Ciertos medios de prensa y académicos que visten ropajes de seriedad y objetividad, han mostrado una asombrosa docilidad ante esa propaganda. Repiten, como si fuesen verdades probadas en laboratorio, lo que no son sino consignas de un programa contrarrevolucionario que los enemigos de Cuba comenzaron a aplicar hace ya más de cuatro décadas. Lo siguen haciendo a pesar de que cuentan con abundante documentación oficial norteamericana, como el informe de la CIA antes mencionado, que dan hasta los detalles de cómo esa Agencia fabricó y ha manipulado este asunto desde 1959.

La retórica de la CIA y sus gusanos inunda el mundo con esas mentiras que contradicen, escandalosamente, los datos oficiales del propio gobierno de Estados Unidos. Los coprófagos de Miami, por ejemplo, hablan de "millones" de cubanos que "huyeron" de Cuba para instalarse allá. Algunos "informadores" e "investigadores" prefieren sentarse a la misma mesa en lugar de examinar las cifras oficiales de la Oficina del Censo o del Servicio de Inmigración y Naturalización norteamericanos que son públicas y están disponibles para cualquier alfabetizado que quiera leerlas.

Según el último Censo de Población de Estados Unidos en 1990, el total de individuos procedentes de América Latina allí registrados alcanza la cifra de 8 407 837 y el número correspondiente a Canadá asciende a 744 830, mientras que las personas de origen cubano, incluidos los que ya tienen la ciudadanía estadounidense, son 736 971, una fracción del total regional y que es, incluso, inferior a la de un país desarrollado, que no es víctima de nada parecido al bloqueo que sufre Cuba. A nadie se le ha ocurrido, desde luego, hablar de un "éxodo" de canadienses hacia el país vecino.

Por otra parte, si se actualiza la información del Censo con la ofrecida por las autoridades migratorias, se aprecia que entre 1990 y 1996 el número de cubanos que ingresaron en Estados Unidos, incluido los de la famosa "crisis" de los "balseros", está por debajo de la mitad del correspondiente a varios países latinoamericanos. La población total de algunos de esos países es, además, aproximadamente la mitad de la población cubana. ¿Quién habla de "crisis migratoria" respecto a ellos?

Pero hay más. Los datos anteriores se refieren a personas que permanecen legalmente en Estados Unidos. Habría que agregarles los que allá están sin cumplir los requisitos migratorios, los llamados ilegales o indocumentados. De acuerdo con los datos del Servicio de Inmigración y Naturalización (INS) solo en el año 1996, hasta el primero de octubre, habían capturado a 1 649 986 personas, y calculaban que, para esa fecha, quedaban en Estados Unidos otros cinco millones de inmigrantes ilegales, entre ellos 120 mil canadienses. El problema no parece tener fácil solución pues, según la misma fuente, en el último quinquenio el crecimiento promedio anual de la inmigración ilegal es de 275 000 personas. El caso de El Salvador es interesante: el Censo registra 465 433 salvadoreños y el INS calcula otros 335 mil ilegales.

Sobra decir, desde luego, que ninguno de los millones de indocumentados que hay en Estados Unidos es cubano, por la sencilla razón de que para ellos hay una disposición especial, la Ley de Ajuste Cubano, que les permite obtener automáticamente la admisión en ese país.

¿Qué pasaría en cualquier otro país si respecto a él se atreviera Estados Unidos a dictar una ley de ajuste como la que rige para Cuba?

Entre las mentiras más repetidas por la propaganda imperialista están las que tratan de pintar color de rosa las condiciones de vida de los emigrados de origen cubano. Allá todo es idílico y todos disfrutan, supuestamente, de abundantes bienes materiales. La realidad es bastante diferente. En Miami han logrado reproducir la Cuba prerrevolucionaria con su acentuada estratificación social, con una masa pobre o de muy limitados recursos y con un sector minoritario que la explota y desprecia.

El segundo grupo se ha enriquecido mediante la corrupción, las numerosas prebendas, y los exclusivísimos beneficios que les han sido otorgados. El origen de esa riqueza fue el saqueo del tesoro público cubano que realizaron los batistianos y los malversadores del pasado. Encima de eso, durante cuatro décadas, han recibido directamente centenares de millones de dólares del presupuesto federal, incluida la CIA; han manejado cuantiosos fondos destinados a actividades subversivas, entre ellas, las trasmisiones radiales y televisivas; han disfrutado durante largos años de ilimitadas excepciones impositivas al habérseles concedido la posibilidad de rebajar de sus impuestos el valor de las propiedades que les fueron nacionalizadas en Cuba, sin que las autoridades yanquis hubieran comprobado nada al respecto, privilegio exclusivo que las leyes norteamericanas no han reconocido nunca a nadie más; y como si fuera poco lo anterior, a cada rato descubren en Miami nuevos casos de fraudes o de empleo ilícito del presupuesto local en los que aparecen involucrados siempre elementos de la mafia anexionista.

Pero entre los cubano-americanos hay también una masa de asalariados que trabajan muy duro para sobrevivir y muchos desamparados que mendigan en las calles o duermen en los parques. En días recientes, la prensa de Miami reportaba las protestas de miles de cubanos de la llamada pequeña Habana, que reclamaban porque no podían pagar los 250 dólares que cuesta la planilla que deben llenar para iniciar los trámites, a fin de solicitar la ciudadanía estadounidense. Algunos eran ancianos que emigraron hace más de treinta años, supuestamente en busca de la "democracia" y todavía no han podido dar el primer paso indispensable para empezar a tener derechos políticos que es el ser ciudadano de algún país. Muchos de ellos morirán, no pocos ya murieron, sin haber alcanzado esa quimera. En realidad, perdieron la ciudadanía con la que habían nacido cuando abandonaron la democracia real del país que no supieron amar para caer en otro que los aceptó solo, como objetos, mientras fueron útiles.

La Operación Peter Pan fue uno de los capítulos más sórdidos en la incesante campaña de mentiras, calumnias y fechorías contra Cuba. Uno de los más inmorales e inhumanos. El libro de Torreira y Buajasán la deja completamente al descubierto. Su publicación ahora le da un valor adicional, lo convierte en un texto imprescindible.

Se edita en medio de la batalla que libramos por la liberación de Elián González y por la eliminación de la Ley de Ajuste Cubano y las leyes Helms-Burton y Torricelli y toda la política anexionista que busca aniquilar al pueblo cubano y arrebatarle la patria.

El mundo mira con indignado asombro el secuestro de un niño de seis años y el abuso y la manipulación de que lo hacen víctima y la insólita actitud de las autoridades norteamericanas que, después de haber reconocido la necesidad de devolverlo a su padre, no actúan para llevar a la práctica su propia decisión. La única superpotencia del planeta aparece ridículamente impotente ante las amenazas de una estridente banda de terroristas y delincuentes.

Los factores que condujeron a este vil secuestro, que viola desvergonzadamente los derechos de ese niño y de su padre y hace trizas la patria potestad, son los mismos que sustentaron la repugnante Operaión Peter Pan.

Conocer a fondo su entraña podrida y cruel es indispensable para la lucha de nuestro heroico, noble y abnegado pueblo. A ello contribuirá, de modo muy especial este libro veraz, necesario y oportuno.

Ricardo Alarcón de Quesada