MIENTRAS HAYA UN PUEBLO JUSTO, LA HUMANIDAD NO TENDRA DUEÑO
JUVENTUD REBELDE 300999 /Marina Menéndez Quintero
El multitudinario acto en la Universidad y la presencia de Fidel, fueron las últimas emociones. En la escalinata estaban los diputados y dirigentes de organizaciones sociales que acompañaron al canciller Felipe Pérez Roque, a la apertura de sesiones del período 54 de la Asamblea General de la ONU, y con ellos decenas de miles de jóvenes y adolescentes.
Al ver aquello, quién sabe si alguien se sintiera objeto de un inmerecido recibimiento. Y es que muchas veces la historia se escribe así: sin que sus protagonistas se den cuenta.
Posiblemente, los días de Nueva York nos adentraran en una estrategia más profunda de la lucha contra el bloqueo; quizás pueda decirse que a un nivel superior: no había sido sólo la beligerancia de la denuncia, sino la contundencia de los argumentos. En Nueva York descubrieron una masa sensible contra la injusticia pero, muchas veces, ignorante de que se cometiera. Martí ya se había dado cuenta del valor del pueblo estadounidense.
Genuinos representantes del pueblo cubano, personificados en líderes religiosos, dirigentes estudiantiles, médicos y científicos, fueron a destruir el mito de esa Cuba tiranizada que inventaron los sectores más reacccionarios de Estados Unidos, para justificar una política de asfixia en la que muy pocos creen ya.
Seguro nadie del grupo ha olvidado la expectación de los adolescentes de una escuela de Brooklyn cuando los jóvenes Hassán, Niurka y Conde, les contaban de los avances educativos de Cuba y de su cariño y admiración por Fidel, y lo dijeron porque se lo habían preguntado.
El silencio respetuoso del director de una prestigiosa entidad científica, primero a la defensiva, pero totalmente abierto a nuevos diálogos tras las razones contra el bloqueo de las doctoras llegadas de Cuba.
Incluso, la pregunta de un humilde chofer de taxi dio la evidencia de cómo se maneja el asunto allá: Y su Presidente, ¿es bueno?
Otros conocen de los avances de la Isla, y están definitivamente en contra del cerco. Empresarios norteamericanos ansiosos de comerciar con Cuba, saben que son víctimas ellos mismos de la obtusa política de su gobierno.
Cubanos residentes en aquel país que alzan la voz en defensa de esta Cuba independiente y escuchan atentos, y asienten, cuando Pérez Roque les habla de la necesidad de que se unan para combatir, desde dentro, las presiones de ese pequeño lobby reaccionario de Miami, a favor de las sanciones.
Iguales móviles que los contactos bilaterales con distintos sectores estadounidenses, se consiguieron con las decenas de entrevistas realizadas por nuestro Canciller con homólogos de todas partes del mundo.
Los nuevos capítulos de esta historia, se escribieron también con la presencia de los enviados del pueblo de Cuba en las sesiones donde Felipe Pérez Roque llevó al conglomerado los motivos y asideros para acusar al gobierno estadounidense de genocidio, y la firme y clara intervención de Hassán, en duelo de réplicas y contrarréplicas con el embajador alterno norteamericano.
Esperando el despegue del avión, a escasas tres horas del ansiado momento de volver a ver a la Isla, los miembros de la delegación intercambiaban experiencias y criterios que, antes, la intensidad de los encuentros no les había dejado realizar en colectivo.
El Ministro del Exterior, siempre en comunicación y comunión con los otros, propicia las primeras reflexiones... Minutos después, en el asiento vecino, la doctora Pura Avilés contaba las últimas anécdotas con su habitual gracejo y simpatía de holguinera; más allá, el reverendo Suárez, no podía ocultar la alegría. Niurkita, la presidenta de los Pioneros, recordaba que algunos de los hijos de los trabajadores de nuestra Misión en Nueva York, esa mañana habían recibido la pañoleta.
La gente se visitaba de un asiento a otro incluyendo al casi siempre más ensimismado en la meditación, el reverendo Sergio Arce... Algunos repasaban las notas de sus entrevistas.
De este modo pensarían más o menos los delegados de la Isla cuando, al llegar a los predios universitarios, la avalancha de jóvenes les recordó que había sido también una batalla de ellos. De todos.
El propósito de abrir brecha para dar a conocer la realidad de Cuba y la injusticia del bloqueo norteamericano contra nuestro país, se había cumplido, pensaron, y todos se sintieron honrados y satisfechos.