GRANMA, CUBA 140200 -MARIA JULIA MAYORAL
Los cubanos figuran entre los habitantes del mundo que con menos edad obtienen el derecho a postular y a elegir a sus gobernantes.
Internacionalmente, la media oscila entre los 18 y 21 años. En nuestro caso, como es sabido, la legislación establece los 16 como edad mínima electoral. A partir de ese momento, sin distinción de género, procedencia social, color de la piel, nivel escolar, ingresos económicos y riquezas materiales, los jóvenes tienen en sus manos no solo la prerrogativa de proponer y elegir a quienes consideren en condiciones de ser sus representantes en el sistema del Poder Popular, sino también el derecho a ocupar esas responsabilidades si sus conciudadanos los postulan y obtienen los votos necesarios.
De tal forma, cuando los comicios de 1992, el 71,73 por ciento de la población existente en esos momentos contaba con derecho al sufragio activo y pasivo (elegir y ser elegido). Para las elecciones de los delegados provinciales y diputados en 1998, la cantidad de electores ascendió a 8 064 205, una cifra equivalente al 72,39 por ciento de los habitantes en esa fecha.
Esa amplitud no constituye una realidad hipotética. Las personas obtienen la condición de electores de manera expedita, sin que para ello deban realizar ningún tipo de gestión o demostrar su capacidad legal. La inscripción ocurre de oficio y las autoridades electorales, como está sucediendo ahora, ponen el máximo empeño porque nadie con derecho quede excluido; aunque luego sea una decisión voluntaria y estrictamente personal acudir o no a las urnas.
A diferencia también de la práctica en otras naciones, el sufragio en nuestro país no coloca al elector ante la "democrática" opción de escoger entre los candidatos designados por las cúpulas de los partidos políticos.
Acerca del asunto, un especialista, el doctor José D. Peraza Chapeau recordó, durante una audiencia parlamentaria celebrada en junio de 1995, que para saber si un sistema electoral es verdaderamente democrático, la pregunta a plantearse "no es si la alternativa que se ofrece al elector es pluralista, como nos quieren hacer ver los que defienden abierta o encubiertamente al pluripartidismo... sino el grado de libertad de la respuesta de los gobernados al llamamiento que les hacen los gobernantes mediante el mecanismo electoral", "... ha pasado cerca de un siglo de sufragio universal en los principales países desarrollados y los sistemas electorales no han conducido a una democratización de las categorías dirigentes, sino que solamente han servido para legitimar el gobierno de unas elites que se renuevan".
Aunque ninguna norma legal impone a los cubanos participar en las asambleas de nominación de candidatos ni posteriormente en las votaciones, en todas las ocasiones ha sido significativo el porcentaje de quienes ejercen tales derechos, al identificar su presencia con la defensa de la Revolución y la oportunidad real de decidir quiénes llevarán las riendas del Poder Popular.
Suman ya decenas de miles los que de modo voluntario trabajan en los preparativos de las elecciones del próximo 23 de abril y de su segunda vuelta el 30 del mismo mes en el caso de aquellas circunscripciones donde ninguno de los candidatos alcance la mayoría de los votos válidos en la primera fecha, como muestra del respaldo popular a los sufragios.
Pero, si revisamos solamente el comportamiento de los nueve comicios parciales celebrados después del triunfo de la Revolución, entre 1976 y 1997, encontramos otras evidencias: en todos, la asistencia a los colegios ha estado por encima del 95 por ciento y en los últimos tres superó el 97, a pesar de los efectos del período especial.
Cuando el abstencionismo gana adeptos a escala mundial, el proceso electoral cubano, sin ser perfecto, valida su cualidad de ser un verdadero suceso de masas por naturaleza legal y sentimiento de pueblo.