GRANMA, CUBA 110200- Sara Más
En busca de respuestas para esta pregunta se afanan investigadores, dirigentes, federadas y no pocas personas interesadas en la promoción de las cubanas a cargos de dirección, un tema de actualidad incluido en la agenda del VII Congreso de la organización femenina
¿Por qué hay más hombres que mujeres dirigentes? ¿Ellas son eficientes? ¿Hasta qué punto se autolimitan y cuánto pesan prejuicios, criterios discriminatorios, impedimentos reales...?
En el sector científico las cubanas representan el 26,1% de los dirigentes.
La participación política y el acceso de la mujer a cargos de dirección, resultan hoy, en el concierto internacional, temas de amplio debate. Sobre todo porque es reconocido el insuficiente acceso de mujeres a puestos de toma de decisiones, a la disponibilidad y el control de los recursos.
Para las cubanas, en particular, no se trata de una historia y aspiración recientes. Con el precedente de un fuerte movimiento feminista, ellas consiguieron el derecho al voto en la temprana fecha de 1934, aunque fue con los profundos cambios ocurridos con la Revolución, desde 1959, que han ido sumando avances a su participación real en la vida pública, económica y social.
Ahora son la tercera parte de los jefes administrativos del país, incluso en ramas donde lo común, por tradición, era encontrar solo a hombres y han ubicado a Cuba entre los 12 primeros países del mundo y los cuatro de América Latina y el Caribe por la representatividad femenina en el Parlamento.
Pareciera entonces que a las cubanas poco les queda por conquistar. Hace tiempo disfrutan de igual derecho que los hombres para estudiar, trabajar y obtener la misma remuneración por igual labor. Reciben protección como trabajadoras, embarazadas y madres; tienen acceso a los medios de planificación familiar, al aborto legal y disponen de suficiente poder de decisión con respecto a su propio cuerpo, al embarazo y el parto.
Suman casi la mitad de la población, son el 58% de los universitarios, el 66, 6% de los profesionales y técnicos, y el 43, 1 % de los empleados del sector estatal. Pero tales conquistas, libertades, garantías, alta calificación y ocupación no se corresponden aún con su progresivo ejercicio de los más altos niveles de dirección. Aunque su desempeño como directivas aumenta, la mayoría de los cargos que hoy ocupan las cubanas se concentra en los niveles de base e intermedios, no en los puestos de más determinación, diseño de políticas y toma de decisiones.
En el Parlamento ocupan el 27, 6 por ciento de los escaños, mientras representan el 16,1 por ciento de los integrantes del Consejo de Estado. Tres son ministras, igual número dirige la actividad educativa a nivel provincial y una sola preside el Poder Popular a nivel de provincia. Cinco encabezan la dirección de sindicatos nacionales, dos dirigen el Partido en provincias y también dos mujeres integran el Buró Político.
-DETRAS DE LAS CIFRAS
El mérito mayor de las cubanas está en haber alcanzado una participación notable por una evolución consciente de hombres y mujeres y porque existe una voluntad política de eliminar todas las formas de discriminación. Sin apelar a un sistema de cuotas, ni establecer proporciones fijas de mujeres como dirigentes, el énfasis principal, y también las mayores limitaciones, se encuentran precisamente en la conciencia de hombres y mujeres.
Especialistas que se han dedicado al asunto durante las dos últimas décadas señalan que las muchas tareas del hogar, la atención a la familia y los papeles asignados y asumidos que aún no se comparten equitativamente en ese grupo, están entre los principales impedimentos para que las cubanas accedan más a cargos de dirección fuera de casa.
La carga doméstica influye, por otro lado, en que las mujeres dispongan de menos tiempo real que los hombres para asumir responsabilidades, más aún cuando tienen hijos.
Un estudio del Centro de Estudios de la Mujer (CEM) de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) comprobó, sin embargo, que lejos de lo que muchos suponen, resulta bajo el grupo de las que rechazan un cargo en la circunscripción del Poder Popular, aunque ellas expresan más negativas que los hombres.
Al negarse, unas y otros alegaron tener mucho trabajo, responsabilidades y tareas, pero ellas esgrimen con mayor frecuencia razones vinculadas al cuidado de la familia y la realización de labores en el hogar.
Ese ha sido también un criterio reiterado durante el proceso previo que ha tenido lugar en el país con vistas al VII Congreso de la FMC. Las mujeres han planteado, además, que no siempre son tenidas en cuenta en las listas de reservas de cuadros, ni en los planes de preparación, recalificación y superación.
-UNA MIRADA AL GOBIERNO POPULAR
Todo parece indicar que en las asambleas de base, primer y definitivo escalón para poder ocupar un puesto en cualquier nivel de gobierno, se encuentra la causa principal de la reducida representación femenina en el gobierno popular, concluyó el estudio al examinar el proceso eleccionario culminado en febrero de 1998.
Las investigadoras sostienen que la insuficiente presencia de las cubanas en cargos directivos del gobierno popular no responde tanto a que ellas se nieguen, como a que no las proponen para ocuparlos.
En la pasada década, el número de mujeres en cada nivel de dirección fue decreciendo, especialmente en 1993. En los peores años de período especial, cuando el rigor de la vida cotidiana agravó la vida familiar y recayó con más fuerza sobre las mujeres, los índices de jefatura femenina disminuyeron y, aunque se van recuperando, todavía no alcanzan los conseguidos en 1986.
El estudio del CEM señala que en la menor presencia femenina puede estar influyendo el temor a que la mujer no pueda cumplir por falta de tiempo, resulte menos eficiente que el hombre o esté en edad de procreación, así como el falso paternalismo de no sobrecargarla con más tareas de las que ya tiene.
No obstante, la investigación señala que más del 50 por ciento de las mujeres propuestas en casi todas las provincias resultaron nominadas, prueba de que una vez promovidas, se les reconocen méritos y capacidades.
-DETRAS DE LOS PREJUICIOS
No se trata de promover a la mujer a ultranza, sino por sus condiciones y capacidades. Como tampoco de que en igualdad de condiciones se le limite para asumir alguna responsabilidad. Pero a veces fuertes patrones culturales, prejuicios y estereotipos se mezclan con obstáculos reales al valorar sus condiciones.
En una encuesta realizada por la FMC a 5 000 personas en Ciudad de La Habana, el 60 por ciento se manifestó indiferente a ser dirigido por hombres o mujeres, pero más de la cuarta parte declaró que prefería a los últimos.
Entre los partidarios de los hombres, más de la mitad admitió que ellos tienen más oportunidad y tiempo, mientras que el 30 por ciento, persuadido de que "el sexo fuerte" está mejor dotado genéticamente para dirigir, les reconoció más capacidades por naturaleza.
Sin embargo, una investigación del Centro de Estudios de América sobre espacios de participación popular parece echar por tierra esa creencia y asegura que las mujeres suelen tener éxito una vez que son elegidas. El informe científico destaca su capacidad de convocatoria, consagración, poder de análisis para detectar problemas y acometividad para resolverlos, así como su disposición y sensibilidad ante las diferentes situaciones de la vida cotidiana.
Según han manifestado las propias mujeres en las asambleas previas al Congreso, en este momento, quizás más que en otros, hay mayor conciencia entre ellas de la necesidad de enseñar a distribuir mejor en el hogar la carga familiar, uno de los actuales frenos para su desarrollo. Pero este es un camino en el que solo puede avanzarse con una toma de conciencia justa, con racionalidad y calidad, entre hombres y mujeres.