Elián, desconsolado

EL MUNDO 2201000 -PENN RHODEEN. PRESTON WILES

A juzgar por las fotos, Elián González lleva una vida realmente maravillosa. Aquí se le ve en Disney World. En esta otra aparece haciendo la señal de la victoria. Un diputado del Congreso le ha regalado un cachorro, y el alcalde de Nueva York quiso que acudiera a las celebraciones de Nochevieja en Times Square para dejar caer la bola que marca la llegada del Año Nuevo. Las celebridades van a visitarlo. La muchedumbre le aplaude.

La verdad es que Elián, el niño cubano que se encuentra en el centro de una polémica internacional por su custodia, sufrió una pérdida catastrófica hace apenas siete semanas. Su madre se ahogó ante sus ojos. Vio cómo otros 10 adultos desaparecían bajo las aguas. Durante dos días traumatizantes, se mantuvo flotando en el mar agarrado a un neumático.

La contradicción entre las imágenes de las celebraciones y la realidad de su tragedia resulta desapacible, aunque también es instructiva.

Elián acaba de cumplir seis años. Sabemos demasiado de las reacciones de los niños ante estas situaciones para no poder ignorar que Elián ha sufrido una pérdida y un trauma muy profundos y, por tanto, es y seguirá siendo susceptible de graves complicaciones psicológicas. Esto no sale en las fotos, porque los niños de su edad no suelen manifestar lo que sienten.

Sin embargo, no hay mayor pérdida para un niño que la desaparición de su madre, la persona que lo cuida, y Elián está intentando aceptar el hecho de que su ausencia será permanente. A partir de este momento no se sentirá seguro en el mundo. Si los niños que experimentan este tipo de pérdidas tienen la suerte de contar con alguno de sus padres y sus abuelos, deberían estar al lado de ellos. Estos niños necesitan verse en lugares familiares, donde conozcan las costumbres, para que puedan incorporarse a la vida cotidiana sintiéndose libres de expresar su tristeza o su rabia.

Los sentimientos contradictorios que haya podido albergar el padre de Elián hacia su ex esposa deben pasar a un segundo plano; lo importante es que tanto el padre como los abuelos de Elián formaban parte de la vida del niño cuando éste vivía con su madre.

Si bien la familia y los entornos familiares no garantizan una recuperación perfecta, constituyen la mejor medicina que conocemos.

Las necesidades y los intereses de un niño de seis años son muy concretos. Los ideales abstractos, como la libertad y las oportunidades, no tienen nada que ver con los factores que en realidad pueden contribuir a la mejora de Elián. Sin embargo, a algunas personas adultas de buena voluntad les puede resultar sorprendentemente difícil comprender esto. Los norteamericanos pensaban, por ejemplo, que era conveniente separar a los niños indios de sus padres, aunque éstos fueran personas capaces, para que asistieran a los colegios del Gobierno. En cambio ahora sabemos que, en la mayor parte de los casos, lo más importante para un niño es su bienestar psicológico y emocional: la seguridad, la continuidad, el amor de sus padres.

Las opiniones con respecto a Fidel Castro, las leyes de inmigración, la patria potestad o cualquier otro asunto controvertido pueden entorpecer la reflexión sobre el futuro de Elían. A menudo son los mismos niños quienes deben indicarnos la forma de proceder.

En una ocasión, uno de nosotros tuvo que tratar con un niño de la edad de Elián que permaneció 10 días separado de su madre, mientras se aclaraban las falsas acusaciones de abuso de menores que había presentado una vecina malintencionada. Cuando el niño finalmente volvió a verse al lado de su madre en el tribunal juvenil de New Haven, se acercó a ella, la miró fijamente a los ojos y le preguntó en voz baja: «¿A dónde fuiste?».

Aunque Elián no le haga la misma pregunta a su padre, no significa que no la tenga en la cabeza.

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Penn Rhodeen es abogado, suele representar a menores.

Preston Wiles es psiquiatra especializado en niños, y profesor de la Facultad de Medicina de Yale.