Ricardo Alarcon: «Si hubiésemos movilizado a la gente, nos habrían acusado de instrumentalizar la visita»

 

EL MUNDO 211199 / Una entrevista de ANA ROMERO

Cargo: PRESIDENTE DE LA ASAMBLEA NACIONAL DEL PODER POPULAR (El Parlamento cubano) / Edad: 62 AÑOS / Formación: DERECHO Y RELACIONES INTERNACIONALES / Credo: COMUNISTA / Aficiones: EL CINE / Sueño: YA SE HA CUMPLIDO: LA REVOLUCION

(---) Casi se enfada cuando una le pregunta cómo le dio por unirse a la Revolución siendo, como era, un habanero burgués. «Porque me dio la gana», señala mientras se instala, cruzando unas piernas rematadas por unos clásicos Church. «Pero mi familia no era burguesa, tenía abolengo. Una cosa es ser aristócrata y otra burgués. Alarcón es familia andaluza pobre, pero los Quesada eran propietarios de tierras en Camagüey, eran gente de mucha plata [dinero]. Aunque en el siglo XX ya no tenía poder económico, seguía teniendo la alcurnia».

Con su abuela malagueña y su abuelo granadino aún vivos, fue un episodio de la represión del dictador Fulgencio Batista lo que le empujó hacia la militancia activa. Tenía 15 años cuando la policía clausuró «a porrazos» la Asociación de Estudiantes. «Tú no sabes cómo te vas metiendo en una cosa de ésas», señala quien pasaría de líder estudiantil a ministro de Asuntos Exteriores tras servir durante 14 años en Nueva York como representante de Cuba ante las Naciones Unidas. Su profundo conocimiento del país vecino le ha convertido en el hombre de Fidel para tratar con los yanquis.

-El próximo día 3 se establece el primer vuelo directo Nueva York-La Habana. Recientemente, Bill Clinton sugirió que podría levantar parcialmente el embargo, y el New York Times se mostró a favor en un editorial. ¿Es el principio del fin?

-No. Yo diría que lo que hay es evidencia de cómo está sufriendo un proceso de erosión debido a que ha fracasado porque no ha obtenido los resultados que buscaba: acabar con la Revolución. Ha causado daños materiales a Cuba, pero lo recuperación económica cubana es ya evidente. Con bloqueo, el crecimiento económico en el primer semestre ha sido del 6.2%. También se está erosionando debido a la presión de los empresarios extranjeros, incluidos los norteamericanos, que temen estar perdiendo oportunidades de negocio.

-¿Qué ocurriría si se levantara? ¿Supondría el final del régimen comunista actual?

-¿De dónde ha sacado usted eso? La situación económica daría un salto hacia arriba. Pero ese efecto político al que usted alude es una suposición repetida bastante absurda. No es verdad que el levantamiento del bloqueo significaría la entrada de la economía cubana en Estados Unidos. El peor escenario para Estados Unidos sería que el bloqueo muere por inanición, que termina siendo irrelevante y desaparece. Eso, de alguna forma, está ocurriendo ya. Tiene que ver, como le digo, con la presión creciente de los empresarios - norteamericanos que se dan cuenta que si no lo acaban de quitar rápido, ellos son los que más pierden. La duda de algunos políticos norteamericanos se debe a que cada vez se dan más cuenta de que no tienen nada que hacer con el dichoso bloqueo.

-Pero sí acabaría afectando al sistema político cubano.

-¡El problema sería para mí y para otros compañeros, que hemos hecho carrera hablando mal del bloqueo [ríe]! Ya no podríamos seguir acusando a Estados Unidos. Las condiciones de vida serían mejores de las que son ahora. Desde el punto de vista político, lo peor de todo es la presión que sobre la gente ejerce esta acumulación, durante años, de dificultades materiales. Eso es lo que hace que alguna gente flaquee, que se vaya, que se sienta cansada. El día que no haya eso, quizá se pierda un argumento para criticar al Gobierno cubano. Será más fácil hablar de socialismo con gente que ese día ha tenido menos dificultades. Discutir con la gente es mucho mejor si no se va la luz, si la gente acaba de comer adecuadamente, si tiene agua corriente en la casa. Eso sí, el levantamiento no significaría establecer relaciones normales con Estados Unidos. No es la amistad, como Cuba y Venezuela. La tensión se daría si se llegara al amor entre Cuba y Estados Unidos, y eso nadie se lo puede imaginar.

Estamos en una almodovariana sala de visitas en las oficinas auxiliares de la Asamblea Nacional del Poder Popular, una especie de Parlamento con más de 600 diputados. La IX Cumbre Iberoamericana acaba de finalizar, y continua la resacosa algarabía acerca de lo sucedido aquí, del berrinche del Gobierno español, y del futuro de las relaciones entre Cuba y España. De los resultados de la reunión entre 23 jefes de Estado y de Gobierno latinoamericanos, Alarcón se declara satisfecho. «Nada más que se haya celebrado, eso ya es un paso positivo», declara esta semana, en una tarde de retraso debido al almuerzo que acaba de tener con Fidel y con el presidente venezolano, Hugo Chávez. «Ha sido una cumbre borrascosa, como ha dicho Fidel, pero al final no ha habido problemas. Claro que en vez de una Cumbre, parece que aquí lo que ha habido es una visita para hablar con Elizardo [Sánchez] y los otros disidentes. Eso no debiera hacerse en ningún país».

-El Gobierno español se molestó porque no había gente durante el paseo en la Habana Vieja, y dijo que no se dan las condiciones para una visita oficial de los Reyes.

-Nadie vació La Habana Vieja cuando los Reyes pasearon por allí. Yo tengo entendido que la señora de Aznar visitó, sin previo aviso, algunas casas muy humildes y conversó con la gente. Las casas no estaban vacías. Me llama la atención que la prensa extranjera no haya informado sobre el diálogo que tuvo con la señora de esa casa. Lo sabe toda La Habana. Además, de las Cumbres Iberoamericanas, ésta fue la segunda que tuvo lugar en una capital. La primera fue Madrid. Las demás se celebraron en sitios apartados y protegidos, donde no hubo contacto con el pueblo. Los periodistas españoles se pasearon por el balneario de la Isla Margarita [sede de la VII Cumbre] sin preguntarse dónde estaban los venezolanos, o dónde estaba la gente que se oponía o que simpatizaba con el Gobierno. En La Habana se ha celebrado una Cumbre Iberoamericana, no una vista oficial de los Reyes a Cuba. El paseo fue una visita privada. Si usted va a La Habana Vieja hoy, está igual que el día de la visita.

-¿Es cierto que el Gobierno español pidió al cubano que no convocase a las masas por tratarse de una visita privada?

-¿Entonces se peina o se hace papelillo? No hubiera sido pertiente, a mi juicio, organizar nada en la Habana Vieja, movilizar a la gente, porque es como si uno hubiese querido instrumentalizar la visita, y nos habrían acusado de ello.

-Se ha comentado mucho lo diferente que es la relación de Fidel Castro con el Rey y con el presidente Aznar.

-En la vida hay gente que es simpática, y gente que no lo es. En relación al Rey, yo le puedo asegurar que antes de la visita, durante la visita y después de la visita, de él sigue habiendo la mejor opinión, la mayor cordialidad y, como siempre, es bienvenido a este país, en la forma que sea, como quiera que sea. Es realmente una personalidad muy simpática, que cae bien entre los cubanos. Y la Reina también.

-¿Cree usted que las relaciones entre Castro y Aznar se han enfriado aún más?

-Yo no puedo juzgar la relación personal, pero aquí no ha pasado nada. Ha habido especulaciones sobre el paseo. Pero los Reyes han realizado otras actividades privadas en las que el Gobierno cubano tampoco interfirió, como la visita de la Reina a un paladar. Tampoco entonces el Gobierno cubano movilizó gente. Fue una visita privada. Sin avisar, se apareció la Reina. Creo que el Gobierno español ha sacado los pies del tiesto. No creoque sea para tanto. ¿Qué es lo que pasó, realmente?

-Según el Gobierno español, que se ha demostrado que no existen las condiciones para una vista oficial de los Reyes.

-Esa declaración es la posición del Gobierno español antes de la Cumbre.

-Pero lo afirmaron en suelo cubano.

-¿Alguien pensó que la Cumbre iba a hacer que se dieran las condiciones? Hubiera sido un gran follón, si al llegar aquí dicen que ahora sí se dan las condiciones. ¡Menuda! El 15 de noviembre dicen que la situación es igual que el 14, obvio. Ahora, ¿pasó algo aquí en desmedro de España, del Rey o de la Reina? Por supuesto que no. Por lo menos que yo sepa. Y el Rey, según todos los indicios, no iba disgustado cuando salió de aquí. Nosotros lamentamos que se fuera.

Como a todos los cubanos, a Alarcón le encanta charlar. Equipados con zumo de pomelo, café negro, muy negro, y más de dos horas de tiempo hasta la la salida del avión hacia Madrid, nos trasladamos a La Habana del uno de enero de 1959, donde él, un líder estudiantil de apenas 22 años aguardaba expectante la entrada de los barbudos de Sierra Maestra. «Por la cara de los esbirros [de Batista] en la calle, me dí perfectamente cuenta de lo que había pasado», dice Alarcón recordando aquella confusa madrugada en la que la alta burguesía festejaba el Fin de Año con el Ché rondando la capital. «Antes, usted salía por la noche en La Habana, e iban los patrulleros de la policía en unos carros [coches], y te miraban de una forma tal que te asustaban. Esa noche, iban mirando para dentro del carro. Tú los mirabas al rostro, y ya no sostenían la vista. También se notaba que la gente salía de las casas, nerviosa. Pero no se sentía el ambiente represivo».

Al amanecer, dice que sintió más «angustia» que «alegría» porque sólo se había producido la caída de Bastista, no «el triunfo de la Revolución». «Los presos políticos salieron a la calle en masa, y hubo un gran tiroteo en Prado porque estaban en las azoteas, los masferreristas,» continúa rememorando Alarcón, quien se extiende al explicar quiénes eran los temibles seguidores de Mas Ferrer, un periodista que acabó dirigiendo una banda de gánsteres denominada los Tigres de Mas Ferrer. Este personaje, herido durante la Guerra Civil española, donde participó con las Brigadas Rojas, se marchó esa noche en su yate y dejó abandonados a sus tigres, que acabaron «batiéndose a tiro limpio en la ciudad». En esa Habana cinematográfica, Alarcón tenía un cometido: hacerse con los centros estudiantiles y con la 5ª estación de Policía, que era una de las dos dependientes del torturador coronel Ventura. «La toma de la estación no fue ninguna acción heroica», señala Alarcón con una sonrisa. «Sólo teníamos un fusil San Cristóbal, de esos que Trujillo [el dictador dominicano] vendía a Batista. El diálogo fue de lo más civilizado del mundo, porque el policía de la puerta dijo lo apropiado: Buenos días».

-De todo eso que cuenta han pasado ya 40 años. Y cuando muera Fidel, ¿qué?

-Yo tengo un amigo británico que, en todas las conferencias sobre Cuba pregunta: What would happen if he dies when he dies? (¿Qué pasa si se muere cuando se muera?) [ríe]. ¡Hasta ahora no se ha demostrado científicamente que tenga que morir! Se trata de una personalidad tremendamente importante. Es lógico que haga esa pregunta. Todos los extranjeros la hacen. Parece que Cuba es un hombre, que la Revolución es un hombre, y no es así. If and when, habría la ausencia de una personalidad de una importancia tremenda, pero no la desaparición de la Revolución. No hay por qué esperar un cambio en ningún sentido.

-Es imposible pensar que Cuba no se va a ir abriendo poco a poco.

-Cuba no es un país con una muralla china alrededor. Ahora no sé cuál será el grupo de moda, pero en mi época eran Los Beatles. En el sentido cultural, Cuba nunca ha estado aislada. Por eso aquí no se cumplió esa tontería de que si cayó el Muro [de Berlín] y entró la Coca-Cola, aquí también ocurriría. Aquí la Coca-Cola nunca se fue. Le cambiamos el nombre, y ya. Cuba ha tenido mucha más relación con Occidente que los países del Este. La Revolución que Fidel protagonizó se ha consolidado. Las generaciones más jóvenes de revolucionarios son superiores a la mía, más cultos. Mi[única] hija [Margarita] está mucho más formada que yo porque tuvo una vida más normal que la mía. Se dedicó a estudiar. En este país te pasa en todas las esferas, a patadas, porque hemos tenido continuidad revolucionaria y un relevo generacional. Ese es el futuro después de Fidel.