Un parche para el embargo

 

EL PAIS 250199 * MAURICIO VICENT

Los empresarios con presencia en la isla creen que las últimas decisiones de Clinton no tienen repercusión económica

Ningún empresario extranjero con relaciones comerciales o inversiones en Cuba se atreve hoy a apostar demasiado por la aplicación de las últimas medidas de la Administración Clinton para "flexibilizar" el embargo. Aunque los empresarios, si bien admiten que los efectos económicos de las medidas serían mínimos aún en el caso de llegar a aplicarse, aseguran que cada dólar de más que entre en Cuba y sirva para reactivar la economía, les beneficia.

Analizadas fríamente, las disposiciones de Clinton son un gran bluf cuya repercusión económica es tan incierta como su futuro. Estas son las medidas en cuestión:

- Envío de remesas. Hasta ahora los cubanos que viven en EE UU podían enviar a sus familiares en Cuba un máximo de 1.200 dólares anuales (960 euros). En EE UU vive cerca de millón y medio de cubanos. Se calcula que cada año entran en Cuba entre 800 y 1.000 millones de dólares por esta vía, por lo que, en la práctica, las remesas son la segunda fuente de ingreso de divisas de Cuba. A partir del 5 de enero, además de los cubanoamericanos, cualquier norteamericano puede enviar un máximo de 1.200 dólares anuales a cualquier ciudadano cubano. "Sin embargo", reconoce un empresario español, "es difícil pensar que esto pueda suponer una inyección de dinero importante pues es improbable que los norteamericanos decidan de pronto masivamente enviar 1.200 dólares a un amigo en Cuba".

Para los empresarios españoles, "las medidas anunciadas por EE UU escapan a lo económico, son políticas, y no se sabe siquiera si se van a llevar a cabo. En todo caso, beneficiarían sobre todo a aquellos que exportan productos de consumo a Cuba", declara Rafael García, presidente de la Asociación de Empresarios Españoles en Cuba. Los empresarios españoles exportaron a la isla en 1998 por más de 500 millones de dólares, lo que supuso un récord absoluto.

 

-EFECTO NULO

Para las grandes empresas, como Argentaria o Tabacalera, o aquellos empresarios que suministran a empresas estatales cubanas artículos industriales, el efecto de esta medida y de las demás adoptadas por Clinton el pasado 5 de enero es prácticamente nulo. "Aunque a nosotros no nos afecta en absoluto, todo lo que sirva para dinamizar la vida económica del país es positivo", afirma Juan Antonio Montes, representante en Cuba de Argentaria.

-Incremento de los vuelos directos de EE UU hacia Cuba. Esta medida está muy asociada a otra, que propugna el incremento de los intercambios diplomáticos y la flexibilización de los trámites para viajar a Cuba para los académicos, científicos, artistas y funcionarios norteamericanos. No se trata de permitir que los norteamericanos puedan viajar a Cuba de turismo, algo que sí sería revolucionario. Lo único nuevo es que ahora se amplían las categorías de personas que tienen derecho a viajar a Cuba, eso sí, manteniendo la restricción de no gastar más de 100 dólares diarios en la isla, incluyendo alojamiento y manutención.

Los expertos calculan que la apertura de nuevos vuelos y la flexibilización de los trámites para viajar a la isla puede hacer que en 1999 se incremente en 20.000 las personas que viajen de Estados Unidos a Cuba, cifra insignificante en comparación al millón y medio de turistas que viajarán a la isla este año.

Para la cadena española Sol-Meliá, que gestiona 12 hoteles en la isla -el 15% de las camas-y este año abrirá dos más, la medida es casi igual a nada.

 

-PARADOJAS EN LA VENTA DE ALIMENTOS

Quizás la medida más polémica de todas las anunciadas el pasado 5 de enero por Washington es la de permitir la venta de alimentos a entidades privadas o a particulares cubanos. Aquí los empresarios extranjeros coinciden con las autoridades en que tal disposición es una locura inaplicable. ¿Como se va a permitir que un campesino privado compre fertilizante en EE UU, y una empresa agrícola del Estado no pueda hacerlo?, es la pregunta de rigor.

También la sesuda propuesta de la Administración Clinton permitiría la inverosímil situación de que el dueño de un restaurante privado de sólo cuatro mesas podría comprar salsa de tomate o carne picada en Miami -¿pero cómo?-, mientras el hotel Cohiba, de 500 habitaciones, no podría adquirir alimentos para dar de desayunar a sus huéspedes. Sobre esta medida, la actitud de las autoridades cubanas es visceral. "Es un insulto", dijo recientemente el presidente del parlamento cubano, Ricardo Alarcón.