EL PAIS 200199 * M. VICENT, La Habana
Castro reconoce el espectacular aumento de la prostitución y el tráfico de drogas en la isla
La Habana vive en estos días una gigantesca ofensiva policial contra la prostitución, el tráfico de drogas y la delincuencia en general que ha transformado la fisionomía de la ciudad y su vida nocturna. No se trata esta vez de una simple redada contra el jineterismo de las que cíclicamente conmocionan la isla, contra la delincuencia, sino de una ofensiva de mayores proporciones que ha hecho que en algunos barrios de la capital, como La Habana Vieja y El Vedado, centenares de agentes de la Brigada Especial hayan desplegado una exagerada presión policial.
Para Fidel Castro, frenar la delincuencia se ha convertido en un asunto de seguridad nacional, del cual depende la subsistencia de la Revolución.
En el Malecón, la Quinta Avenida y los alrededores de los hoteles Cohiba, Comodoro y Habana Libre ya no se ven chicas. En su lugar ahora hay policías que visten uniformes azules y boinas negras y que piden los documentos de identidad a todo aquel que les parezca sospechoso. "Compañero, el carné", suele ser su forma de abordarles.
Sólo en una comisaría de La Habana Vieja han pasado en los tres últimos meses unos 2.000 cubanos, algunos de ellos menores de edad, por no llevar sus documentos de identidad.
En su actual ofensiva, se arremete también contra el mercado negro, los taxis piratas o los restaurantes clandestinos.
Aunque las medidas contra el jineterismo no son las únicas, sí son las más notorias. Algunas discotecas y centros nocturnos donde antes reinaban las compañeritas ahora parecen lugares de retiro espiritual.
En un reciente discurso pronunciado ante 5.000 policías en el teatro Carlos Marx de La Habana, el presidente cubano propuso establecer la condena a cadena perpetua para frenar la delincuencia. Castro defendió también el derecho de la policía a usar las armas en las calles cuando sea necesario, y hasta llego a sugerir algunas penas "mínimas" contra algunos delitos. Para el proxenetismo, dijo, como mínimo 20 años. Para los "repugnantes" traficantes de emigrantes, cadena perpetua. Para los asaltantes de viviendas, 30 años o cadena perpetua. Para los narcotraficantes que utilizan la isla como puente para introducir la droga en otro país, la pena capital.
Castro ofreció también datos sobre el incremento de la delincuencia y la prostitución. Entre enero y noviembre del año pasado, 6.714 mujeres, en su mayoría jóvenes, han pasado por el llamado Centro de Recepción, Clasificación y Procesamiento de prostitutas de La Habana. De ellas, aseguró el presidente cubano, 277 fueron sancionadas e "internadas en centros de rehabilitación", por "reiterada conducta antisocial", mientras que el resto fueron advertidas por la policía y "devueltas a sus lugares de origen". Según reveló el propio Castro, el 59% de las prostitutas detenidas en La Habana provenían de provincias del interior de la isla.
Ahí no se acaban las estadísticas. Castro declaró que durante este mismo periodo fueron sancionadas por proxenetismo 190 personas, algunas de las cuales se dedicaban a alquilar sus casas para el ejercicio de la prostitución.
Los datos sobre incautaciones de droga fueron también sorprendentes. El presidente cubano reconoció que en los últimos años ha aumentado de forma preocupante el consumo de estupefacientes en la isla e informó de que en 1998 fueron detenidos 1.216 cubanos por tráfico de drogas, a quienes se incautaron 106 kilos de cocaína y 80 de marihuana.
El presidente cubano mencionó también el aumento de los casos de trafico internacional de drogas que pasan por la isla, por los que fueron detenidos 217 ciudadanos extranjeros entre 1995 y 1998.
Con este ambiente de fondo y cientos de agentes ocupando las calles, La Habana parece haberse sumido en un letargo.