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LA HABANA (Reuters) -- El presidente cubano, Fidel Castro, en su primera reacción pública a las recientes modificaciones del embargo estadounidense contra Cuba, calificó las medidas de un "fraude" que aumentaba las sanciones en lugar de aliviarlas.
"Ahora han querido tomar el pelo al mundo diciendo que han flexibilizado el bloqueo. ¡Increíble! Lo que han hecho es arreciar el bloqueo", dijo el viernes el veterano líder en un discurso de más de cuatro horas ante cientos de maestros en una conferencia de educación en La Habana.
En un comentario sarcástico sobre "la generosísima flexibilización" de las medidas contra Cuba por parte del presidente estadounidense Bill Clinton, Castro dijo que era una táctica muy clara para frenar la creciente oposición interna e internacional al embargo, impuesto hace 37 años.
Clinton anunció el 5 de enero un paquete de medidas para aliviar las restricciones de viajes y envíos a la isla, promover los contactos individuales y permitir la venta de productos estadounidenses a organizaciones cubanas independientes. (...)
La Habana reaccionó públicamente con indignación al anuncio del 5 de enero.
Antes de los comentarios de Castro el viernes, otros funcionarios calificaron las medidas como una forma velada de ayudar a los "contrarrevolucionarios" en Cuba, enmascarar pasos acordados mucho tiempo atrás y tratar de esconder el rechazo estadounidense a una propuesta en el Congreso para revisar la política hacia Cuba. (...)
Castro, resumiendo una postura pública delineada primero por el presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Ricardo Alarcón, dijo que las medidas formaban parte de una campaña para tratar de matar, penetrar, debilitar y corromper la revolución.
Un discurso de Alarcón al respecto fue impreso en varios idiomas y distribuido a "miles" de políticos estadounidenses, dijo Castro.
La única forma verdadera de ayudar a Cuba para Washington es poner fin a "una repugnante guerra económica" y levantar el "loco" e "inútil" embargo, explicó el líder cibano.
Castro, de 72 años, habló lentamente y lucía algo agotado después del viaje de esta semana a Venezuela, y arrancó aplausos frecuentes y gritos de "¡Fidel! ¡Fidel!" de su audiencia en el teatro Karl Marx de la capital cubana.
Castro apenas dedicó unos pocos minutos al tema del embargo en su discurso, que se concentró más que nada en los problemas económicos globales y frecuentes latigazos a Estados Unidos en todos los aspectos.
Se proclamó a sí mismo un "utópico realista" y "uno de los grandes optimistas del mundo", y predijo que el nuevo orden económico mundial ha llevado a crisis financieras, ambientales y sociales que podrían destruir al mundo.
"La desaparición de este sistema de globalización neoliberal se convierte en una necesidad objetiva, vital. Este sistema es insostenible, sencillamente ... La opción que tiene la humanidad no es ideológica, sino biológica: si sobrevive o no sobrevive. Y con este sistema, no sobrevive", agregó.
Castro dijo que la única alternativa viable al capitalismo es una globalización de valores humanos basada en "un sistema solidario, socialista, comunista o como ustedes quieran llamarlo".
-AUMENTO PARA LOS MAESTROS
Al hablar sobre temas internos, Castro arrancó grandes aplausos cuando anunció un aumento de 30 por ciento de los salarios a los maestros cubanos, quienes, como la mayoría de los empleados públicos, ganan entre 200 y 400 pesos cubanos (de 10 a 20 dólares).
También sugirió que pronto habría un aumento para los empleados del sector de la medicina.
En otro tema delicado, el líder cubano admitió también que los problemas raciales no se han eliminado totalmente en Cuba a pesar de las reformas jurídicas de su gobierno que prohiberon la discriminación en 1959.
"Aún se observa que los sectores más pobres dentro de una sola sociedad socialista son todavía aquellos descendientes de los esclavos", y añadió: "¡Qué difícil es una revolución; qué difícil es cambiar una sociedad!"
Castro dijo que el racismo se ejemplifica más que nada en Estados Unidos y es un producto lógico del capitalismo y otros sistemas sociales explotadores.
Recordó que en su juventud se entristecía al observar a los negros comiendo carne humana en las películas de Tarzán y a los mexicanos reflejados invariablemente como sirvientes sumisos o villanos en las cintas de Hollywood.