El salvadoreño Rodríguez Llerena asegura que fue reclutado por el terrorista cubano Luis Posada

 

EUROPA PRESS 170399

El ciudadano salvadoreño Otto René Rodríguez Llerena, que está siendo juzgado en la Sala de Delitos contra la Seguridad del Estado del Tribunal Provincial de La Habana, acusado de dos delitos de terrorismo, reveló en su declaración que fue reclutado y entrenado para colocar artefactos explosivos en Cuba por el conocido terrorista cubano Luis Posada Carriles. Rodríguez Llerena cobró 150.000 pesetas por colocar una bomba en el hotel Meliá Cohiba.

El juicio continuará hoy con la presentación de los doce testigos de cargo que el fiscal del caso ha citado a declarar. El Ministerio Público, en su informe preliminar, solicita para el acusado, Rodríguez Llerena, una condena de 30 años de privación de libertad.

Según su declaración en el juicio, Rodríguez Llerena, que era jefe de seguridad de una empresa salvadoreña de venta de coches, fue contactado en la primavera de 1997 por un individuo que dijo llamarse Ignacio Medina, aparentemente de nacionalidad norteamericana.

Ignacio Medina, según informaciones divulgadas por la Seguridad del Estado cubana, es uno de los varios nombres falsos que acostumbraba a usar el terrorista cubano Luis Posada Carriles en sus actividades clandestinas.

IDENTIFICACION DE POSADA CARRILES Rodríguez Llerena dijo ante el tribunal que después de ser detenido, cuando los oficiales de la Seguridad cubana le hicieron oir una grabación, identificó la voz de Ignacio Medina. "Tiene una forma muy peculiar de hablar, ya que al hacerlo produce mucha saliva y tiene que estar tragando constantemente", precisó.

También manifestó que le mostraron un vídeo donde aparecía la persona que "yo conocí con el nombre de Ignacio Medina y le identifiqué", dijo, y agregó que fueron los agentes de la Seguridad los que le dijeron que esa persona "era en realidad Luis Posada Carriles".

Aunque Posada Carriles tiene un largo historial como mercenario en sus orígenes, al servicio de la CIA y luego de varios gobiernos centroamericanos, se hizo tristemente célebre en octubre de 1976 cuando reconoció que había ordenado a dos mercenarios venezolanos colocar una bomba en un avión de Cubana de Aviación que explotó en pleno vuelo sobre las costas de Barbados, provocando la muerte de sus 76 ocupantes.

Esta y otras "hazañas" terroristas las reconoce el propio Posada en una autobiografía suya publicada en 1994, y más recientemente en una larga entrevista concedida en el verano de 1998 al periódico norteamericano "The New York Times". En esa entrevista, se autotituló autor intelectual de la serie de bombas que hicieron explotar mercenarios centroamericanos en el hoteles de La Habana en el verano de 1997.

Como consecuencia de estas explosiones, fueron detenidos dos ciudadanos salvadoreños, uno de los cuales, Raúl Ernesto Cruz León, autor confeso de seis explosiones, fue juzgado en La Habana la pasada semana, y tres guatemaltecos así como varios cubanos. Guatemaltecos y cubanos aún no han sido juzgados.

SE DECLARA CULPABLE El otro salvadoreño, Otto René Rodríguez Llerena, de 40 años, casado y padre de cuatro hijos, fue presentado ayer en los tribunales y en su declaración, además de implicar a Posada Carriles, se declaró culpable de los dos delitos de terrorismo que le imputa el Ministerio Fiscal.

Rodríguez Llerena, quien dijo estar arrepentido, contó ante los jueces que el 3 de agosto de 1997 colocó un artefacto explosivo debajo de una butaca en el hall del hotel habanero Meliá Cohiba, que regenta el grupo hotelero español Sol Meliá, y la programó para que explotara a las siete y cuarto de la maana del día siguiente. Aunque esta bomba no provocó víctimas, sí ocasionó daños en el hotel valorados en 6.500 dólares, cerca de un millón de pesetas.

Por el cumplimiento de esta misión, el mercenario salvadoreño recibió 1.000 dólares (unas 150.000 pesetas) que, según dijo, le entregó Posada Carriles.

Diez meses después de colocar la bomba en el hotel Cohiba, Rodríguez Llerena viajó nuevamente a La Habana, a donde llegó el 10 de junio de 1998, a cumplir una nueva misión encomendada por Posada Carriles: introducir en Cuba 1.519 gramos de explosivos C 4, dos detonadores y dos relojes para activar los explosivos. En esta ocasión fue detectado por agentes aduaneros y detenido.

Rodríguez Llerena confesó en la vista que esos explosivos tenía que entregarlos al ciudadano cubano Juan Francisco Fernández Gómez, pues, según dijo, "Ignacio Medina (Posada Carriles) me pidió que cumpliera otra misión terrorista para él y, al negarme, me ofreció 200 dólares y los gastos del viaje para traer y entregar los explosivos a Juan Francisco, cosa que acepté".