Inversión por la vida: biotecnología e industria médico-farmacéutica
GRANMA, CUBA 120399 * MARIA JULIA MAYORAL
Más de 300 millones de pesos se dedicaron a la adquisición de moderno y sofisticado equipamiento tecnológico y de laboratorio, con lo que los nuevos centros se sitúan en la primera fila del desarrollo internacional en esas ramas.
En pleno período especial, más de 1 000 millones de pesos en nuevas obras, remodelaciones y ampliaciones
En un corto período de tiempo, a partir de 1990, en pleno período especial, el país invirtió en el programa de la Biotecnología y la Industria Médico Farmacéutica más de 1 000 millones de pesos, cifra que continúa en aumento por las obras en ejecución.
La labor conjunta entre múltiples instituciones y organismos en su rol como inversionistas, constructores y proyectistas, unido a los aportes de numerosas industrias nacionales, posibilitó la edificación y puesta en marcha de más de 100 obras o conjuntos de ellas desde 1990 a la fecha, a lo cual se suman la construcción de viviendas para los científicos, redes de acueductos y otras inversiones en infraestructura.
Entre 1990 y 1997, el programa inversionista comprendió 40 instalaciones científico-docente-productivas (34 nuevas y el resto ampliadas o remodeladas), entre ellas el Instituto Finlay, el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, el de Inmunología Molecular, el Instituto Central de Investigación Digital, dos plantas de Spirulina, el Centro Nacional de Biopreparados y el de Isótopos.
En el terreno médico-farmacéutico, los trabajos abarcaron 18 objetivos (13 de ellos nuevos). Dentro de ese conjunto aparecen plantas productoras de formas terminadas, insulina, inyectables, líquidos orales, esteroides terapéuticos y liofilizados penicilánicos, unido a varios laboratorios, el Centro para el Control Estatal de la Calidad de Medicamentos y el de Investigación y de Desarrollo de Medicamentos.
Las vacunas contra la Meningitis y la Hepatitis B constituyen los dos productos punteros en las exportaciones.
Lo hecho confirma no solo la elevada calificación alcanzada por los cubanos en los más diversos terrenos de las investigaciones científicas, sino también su capacidad para elaborar de manera independiente proyectos civiles y de ingenierías de alta complejidad y luego ejecutarlos con éxito.
Vacunas, medicamentos de última generación, medios diagnósticos, equipos tecnológicos y nuevos tratamientos terapéuticos se inscriben en la lista de beneficios que reportan esas modernas instalaciones a la salud y el bienestar del pueblo.
-CUBA LLEGA AL NUEVO MILENIO CON UNA IMPRESIONANTE RED DE COMPLEJOS CIENTIFICO-DOCENTE-PRODUCTIVOS
De tal manera, Cuba llega al nuevo milenio con una impresionante red de complejos científico-docente-productivos en el campo de la biotecnología y la farmacéutica.
Nuestro país es uno de los cinco que en el mundo realizan pruebas clínicas autorizadas para experimentar la vacuna contra el SIDA (los otros son Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Suiza).
En el Centro de Inmunología Molecular hacen hoy los ensayos clínicos en cuatro tipos de vacunas contra el cáncer; una de ellas para combatir los de origen epiteliar (en laringe, pulmón...), es la más avanzada y se estudia en alrededor de 40 pacientes.
Nuestros niños están protegidos por medio de la vacunación contra 13 enfermedades prevenibles. La mayoría de esos inyectables son producidos aquí.
Durante el próximo año comenzará la fabricación de la vacuna contra la Haemophilus Influenzae, bacteria causante de varias infecciones que amenazan la vida de los menores de cinco años y provocan secuelas graves como retardo mental, sordera y ceguera.
De los 900 medicamentos más empleados, hay capacidad para producir en nuestras plantas el 87 por ciento. En la mayoría de los casos a partir de la compra en el exterior del principio activo. Las serias limitaciones -palpables en la vida cotidiana- las impone el bloqueo, que dificulta o impide la adquisión de esas materias primas, y las limitaciones económico-financieras propias del país.
En la actualidad únicamente Cuba fabrica la Estreptoquinasa en su forma recombinante. Es dueña de la patente universal de ese producto con probada efectividad en el tratamiento de los infartos del miocardio. Ninguna otra nación posee disponibilidad de ese tipo de producto para toda su población y de forma gratuita.
En el mundo existen solo dos medicamentos recombinantes para tratar los infartos del corazón, patentados y registrados: la Estreptoquinasa Recombinante cubana y el TPA norteamericano. En medio del período especial, cuando comenzó el empleo del mencionado producto nacional, cada dosis del TPA estadounidense costaba 2 200 dólares.
También en plena crisis económica se inició la inmunización de los niños recién nacidos contra la Hepatitis B. De no contarse con la producción nacional, también hubiera sido imposible crear y mantener ese programa, pues recurrir a la importación significaba erogar más de 10 millones de dólares anuales.
En 1999 serán registrados nuevos productos ideados y producidos en nuestros centros científicos.
-LOS AVANCES SON COMPARABLES A LOS DE POCOS PAISES DESARROLLADOS
De no haber triunfado una revolución social de profunda vocación humanista, que ubicó al bienestar del pueblo, como su principal objetivo, tales avances -comparables al de pocos países desarrollados- serían hoy imposibles. Baste recordar que en 1958, con una población de alrededor de 6 millones de habitantes, había un millón de analfabetos absolutos, más de un millón de semianalfabetos, 600 000 niños sin escuelas y por lo menos 10 000 maestros desempleados.
Sin esa visión clara sobre la importancia de acompañar los cambios políticos con una revolución educacional y científico-técnica sostenida para mejorar la salud y la calidad de vida de los ciudadanos en general, no podría entenderse por qué durante la última década, en medio de una aguda crísis económica, el Estado cubano en vez de abandonar tales proyectos, optó por acelerar y diversificar su presencia.
Solo apreciando ese valor humano, bastaría para sentirnos satisfechos o compensados con toda la infraestructura montada y con la cantidad y calidad de científicos y trabajadores empleados en el sector. Sin embargo, la industria médico-farmacéutica y la biotecnología están constituyendo también una de las alternativas de la nación para rebasar la crisis económica, al punto de figurar ya entre las ramas aportadoras de divisas convertibles.
Las ventas en el mercado internacional, a pesar de las restricciones impuestas por el bloqueo y las estrictas regulaciones internacionales, ganan terreno a base de su calidad; por tal razón, por ejemplo, la vacuna Antihepatitis B fue registrada ya en más de 30 países y el PPG, en unos 25.
Según confirmó a Granma Wilfredo López Rodríguez, ministro del Gobierno, el monto de las exportaciones realizadas en estos años permitió amortizar la millonaria inversión.
Con el programa de la biotecnología y la industria médico farmacéutica se constata la fortaleza que puede generar un país pequeño cuando tiene al pueblo como principal protagonista y beneficiario de sus proyectos.