Cuando la calma regresó a la Vieja Habana

 

JUVENTUD REBELDE 190399 *Michel Contreras y René Tamayo *Fotos: R. Morejón

El ambiente malsano o se veía o se respiraba. Apostados en cualquier esquina del Centro Histórico, los piquetes de antisociales saboteaban toda calma. Las jineteras "trabajaban" de manera impune y descarada. En una escena lamentable, algún niño extendía la mano para recibir su "premio en dólares".

Como malas copias de archivo, estas escenas comenzaron a difuminarse cuatro meses atrás. La entrada en acción de la Policía Especial del Centro Histórico puso coto al desparpajo. Y a la gran preparación combativa que traían, también se agregó el apoyo y coordinación con las otras líneas del MININT y la PNR que actúan en el territorio.

El propio Fidel felicitó al nuevo cuerpo, "porque desde que llegaron a La Habana Vieja -señalaba- los delitos han quedado reducidos al 25 por ciento". Se los dijo el pasado 5 de enero, después de terminar su discurso por el aniversario 40 de la PNR.

Y así ocurre. Cinco meses atrás, aquí se cometían -cada día- de nueve a diez delitos contra los turistas extranjeros que paseaban por el territorio, y otros más contra nuestros coterráneos. Hoy los sucesos se pueden contar con los dedos de unas pocas manos. Y la mayoría de los casos se resuelve de inmediato, o muy poco después, con la captura infraganti de los malhechores.

"La gente del barrio vuelve a vivir en paz", decía el viejo Rodrigo, niño tabaquero de los años 30 y miliciano y vigilante cederista desde los 60, que sufría de ira porque de año en año su vieja Habana ibasiendo copada por delincuentes, tanto citadinos como "inmigrantes".

Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad, lo atestiguaba el 26 de diciembre, en una intervención en la Asamblea Municipal del Poder Popular y hecha pública en Radio Metropolitana por la periodista Bárbara Díaz: "Desde el 10 de octubre, cuando a mano levantada los compañeros de la Brigada Especial decidieron pasar al Centro Histórico y permanecer aquí -decía-, hay seguridad en el municipio, o comienza a existir una seguridad más eficaz".

El sistema se instaló primero en las plazas "más calientes"de la zona: la de San Francisco, la de Armas, la de la Catedral, la Plaza Vieja, pero progresivamente se extendió a las áreas del Prado y la Avenida del Puerto y luego al corazón del barrio.

El robo de la pequeña y conocida estatua del Neptuno del solar de Empedrado pudiera ser la última víctima del progresivo auge que la delincuencia iba adquiriendo allí. Y el descubrimiento y captura de sus ladrones, la primera señal del renacer de amaneceres apacibles entre las sábanas blancas que allí siempre cuelgan de los balcones.

 

-UNA POLICIA DE FUTURO

La nueva estación de la PNR en La Habana Vieja (semanas atrás se establecieron otras similares en los municipios de Plaza y Centro Habana) puede ser calificadacomo el embrión de la mejor policía del futuro.

Lo anterior lo dijo Fidel. Pero también pudo ser el comentario del inglés que poco antes de abordar el crucero que lo trajo a Cuba, fue objeto de un asalto con violencia y, unos minutos después -ya dentro del buque y con la sirena de partida sonando-, recibió la prenda arrebatada de manos de un oficial de la unidad.

"Nuestra misión es garantizar la seguridad de extranjeros y cubanos, y la mayoría de los casos deben ser resueltos de inmediato, con la captura de los delincuentes y la devolución a la víctima de lo sustraído"-dice el Coronel René Hernández Gattorno, miembro de esta policía.

"El arma fundamental de que nos valemos -agrega- es la preparación ética y el trato cortés hacia todos los ciudadanos, sin distinción de ningún tipo, pero también sin permitir la más mínima falta de respeto. El desacato es algo que no toleraremos".

La nueva unidad la integran jóvenes de todo el país procedentes de la Brigada Especial Nacional -ahora con un adecuado salario y atención-, a cuya severa preparación física se ha incorporado un singular entrenamiento cultural que incluye clases integrales en museos, callejones, plazas. Y hasta idiomas.

La utilización de agentes fijos en cada barrio, es una de las particularidades de este Cuerpo, de manera que estos puedan trabar relaciones con la comunidad y conocer a fondo sus interioridades, a sus gentes y líderes locales.

"La comunidad -señalaba el coronel Gattorno- ha respondido a la presencia de esta nueva policía reactivando los destacamentos de vigilancia de los CDR, a los que se sumaron las organizaciones de base de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC), lo núcleos zonales del Partido y las administraciones de los establecimientos y organismos que tienen su sede en el territorio, todos impulsados y coordinados por el Partido y el Gobierno municipal".

Gracias a la disposición de modernos medios técnicos, el trabajo de estos agentes resulta aún más efectivo. Sin embargo, lo que más llama la atención popular es la existencia de patrullas caninas, con animales para la defensa personal, el control de los delincuentes y hasta para la detección de drogas.

Al decir de Eusebio Leal, no es este el caso de "un represor que anda por ahí con un dóberman, sino el de un hombre de pueblo que va con un perro amaestrado para la protección y el salvamento".

La disciplina social es otra de las grandes vencedoras en esta cruzada. Cero descamisados por las calles. Ni borrachos en las esquinas, con sus algazaras y ademanes. Ni escándalos nocturnos, malas palabras a toda voz, ciclistas por los parques... No es metáfora: las palomas han vuelto a la Plaza de San Francisco.

 

-LA ULTIMA PALABRA

La situación del delito en el Centro Histórico está cambiando, para bien y muy rápido, pero de ello también será responsable toda la población a través del sistema Unico de Vigilancia y Protección. Los visitantes pueden advertirlo con el primer golpe de vista. En esto, como en muchas otras cosas, los lugareños tienen la última palabra.

Mientras una trabajadora del Templete manifestaba que "antes no podía hacer nada por el excesivo asedio a los turistas y los robos frecuentes", en el Centro de Documentación del MINED otra no ocultaba su alivio al ver que "se ha detenido la avalancha de la delincuencia", y un anciano suspiraba tranquilo porque ya los pillos no se entretenían gritándole y tratando de arrebatarle el bastón.

El caleidoscopio del Centro Histórico muestra también a personajes afectados por el hostigamiento a estas manifestaciones. Un taxista elogia la desaparición progresiva de los antisociales, pero lamenta que "se han perdido las chicas". Montado en la misma cuerda, un empleado de un establecimiento gastronómico argumenta: "las jineteras escasean y, en cierta medida, dependemos de ellas para atraer al turista".

Sin embargo, un custodio del Hotel Ambos Mundos se alegra de que ellas no se vean por allí: "los turistas que vienen a este lugar no suelen estar interesados en la prostitución. La presencia de jineteras y delincuentes afectaba nuestra imagen hasta el punto de que quienes son molestados aquí, generalmente no regresan a Cuba".

El nuevo rostro de la policía en La Habana Vieja está empezando a asomarse por doquier. Pero la delincuencia también puede cambiar su rostro. Aún con la presión que pesa sobre ella, intentará sobrevivir. Una policía fuerte, audaz y mejor preparada, tiene mayores posibilidades de adecuarse a las nuevas circunstancias por venir.

(Colaboraron en este trabajo Nora Gómez y Yirmara Torres, estudiantes de Periodismo).