CLARIN, ARGENTINA 300699 / Por SERGIO PERSOGLIA. Enviado especial en Río de Janeiro.
El líder cubano criticó en la cumbre de Río los bombardeos contra Yugoslavia · Dijo que la doctrina de la OTAN es "insostenible" · Y preguntó qué haría Europa si EE.UU. decide atacar a un país latinoamericano
Hasta el último minuto de la cumbre, Fidel Castro se dio el lujo de jugar uno de los papeles que mejor le sientan: el de primera figura en reuniones de líderes mundiales. El presidente cubano apareció por el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro para la foto oficial cuando el trámite había terminado y todos se prodigaban fríos abrazos de despedida.
Ese fue sólo el último de los hechos con que nuevamente Fidel se encargó de acaparar la atención de esta cumbre entre líderes de la Unión Europea, América latina y el Caribe. Pero antes había lanzado un estocada mucho más seria. Al criticar la intervención de EE.UU. en Kosovo, se preguntó qué hará Europa si Washington "decide lanzar por su cuenta bombas y misiles, con cualquier pretexto, contra un país latinoamericano".
La filosa referencia se escuchó en la primera jornada de la cumbre, el lunes, pero recién se conoció ayer, cuando trascendieron sus palabras. El líder cubano hablaba sobre lo que llamó "el nuevo concepto estratégico" de la OTAN, que la mayoría de los países europeos presentes aquí aprobaron en Washington en mayo, durante una cumbre de la alianza atlántica, y que Castro calificó como doctrina "insostenible".
El presidente cubano señaló, además, que Israel tiene cientos de armas de destrucción masiva y preguntó si por eso la OTAN "podría lanzar miles de bombas sobre Jerusalén o Tel Aviv".
Horas después, Castro fue nuevamente figura en la alegre cena que ofreció el presidente brasileño, Fernando Cardoso, a sus huéspedes. Esposas y asesores de varios de los mandatarios acosaron al líder comunista hasta que éste satisfizo los pedidos de sacarse una foto junto a él.
"Lo cortés no quita lo valiente", dijeron algunos cubanos al explicar otro embate que su comandante lanzó poco después, en la sesión de la calurosa mañana de ayer. Allí, volvió a despacharse a gusto. Dijo que EE.UU. es "amo y señor de las instituciones del sistema financiero internacional" y que, por eso, "le permiten todo".
Entusiasmado, y con el dedo índice derecho en alto, siguió: "Más que una nueva arquitectura para un sistema viejo y caduco, lo que urge es demoler hasta los cimientos el sistema financiero establecido y crear otro verdaderamente democrático y equitativo, para erradicar la pobreza".
Esos pensamientos sonaron a palabra santa para algunas decenas de simpatizantes comunistas brasileños que se instalaron a hacer una "guardia de honor a Fidel" en la puerta de su hotel, frente a las sorprendentemente limpias playas de Copacabana. Allí, los guardias del comandante asustaban con sus físicos corpulentos, sus miradas inquisidoras y sus sofisticados sistemas de seguridad, como los auriculares que apenas asomaban de sus oídos y los diminutos micrófonos que llevan incluidos en los botones de una de las mangas de sus sacos.
Bien resguardado, Castro pareció proponerse una nueva sorpresa. Y ayer lanzó otro ataque a la OTAN por su intervención en los Balcanes: "Una guerra no autorizada por nadie ha dado origen a la necesidad de enormes gastos, cuyo pago se exige a Europa para reconstruir lo que fue destruido por las bombas norteamericanas". Y se preguntó: "¿Cuánto le quedará a la UE para invertir en América latina?" Los dardos castristas incluyeron, sin dudas, a Alemania, protagonista clave del tema Kosovo. Por eso, llamó la atención la defensa que hizo el propio jefe del gobierno alemán, Gerhard Schroeder, de Fidel. En su última declaración antes de partir, el canciller alemán dijo que "Cuba no es un régimen dictatorial", sino sólo un "sistema unipartidario".
Esas palabras habrán sorprendido y agradado el oído de Fidel Castro, quien cosechó en las arenas cariocas un nuevo rechazo unánime al embargo estadounidense a la isla y un protagonismo que ya parece habitual.