Cuba se defiende - Estados Unidos apoya el terrorismo
EVA BJÖRKLUND -REBELIÓN -050403 -TRADUCIDO PARA REBELIÓN POR EVA SJÖBLOM
Los medios de comunicación de masas de Suecia están escribiendo que Cuba "ataca la democracia", cuando en ese país son detenidas personas que colaboran con Estados Unidos. Esas críticas también las sostienen el partido liberal y el partido demócrata- cristiano de Suecia, pero padecen del defecto de esquivar consecuentemente el papel que juega Estados Unidos. No entienden aquello que reconoció Jimmy Carter, al decir, en una visita suya a Cuba el año pasado, que el apoyo económico y logístico que da Estados Unidos a los "independientes" de Cuba no hace sino obstaculizar la base popular que pudieran conseguir. Esa ignorancia la comparten con el régimen de George W Bush, que está intensificando la colaboración desenmascarada con sus simpatizantes en Cuba.
El pasado 14 de marzo, el Jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana, James Canson, había invitado a un gran número de "periodistas independientes" y otras personas al "Primer Simposio Nacional sobre Etica Periodística" en Cuba, el cual tuvo lugar en su residencia, que es territorio estadounidense. No se puede hallar expresión más clara de las pretensiones hegemónicas de Estados Unidos. Durante los seis meses que lleva en Cuba, Canson también ha recorrido más de 10 000 kilómetros - Cuba mide alrededor de 1 000 por 100 kilómetros - para dar apoyo material y político a grupos colaboracionistas. Ha participado en mítines, discutiendo cómo desarrollar el trabajo, con el propósito de justificar y recrudecer el bloqueo estadounidense.
El lunes 17 de marzo, la Televisión Cubana transmitió un reportaje pormenorizado sobre las actividades y los pronunciamientos de James Canson, y el día 19 Cuba restringió la libertad de movimiento de los más de 50 diplomáticos estadounidenses al servicio de Canson en la Sección de Intereses. Hoy por hoy, esas personas tienen que pedir permiso para salir de la Provincia de La Habana. Ese mismo día fueron detenidas varias personas que participaron en el "simposio" que tuvo lugar en la residencia de Canson el 14 de marzo, inculpados de colaborar con una potencia extranjera enemiga, es decir Estados Unidos, país que está sometiendo a Cuba a una guerra económica y apoyando acciones terroristas contra este país.
En Cuba, como en una mayoría de países, colaborar con la política de agresión de una potencia extranjera es ilegal, e interpretar esto como una violación de los derechos humanos de los colaboracionistas supone compartir el concepto que tiene el régimen estadounidense de sí mismo de baluarte de la democracia y de la libertad, con derecho a instalar y destituir gobiernos en otros países. Quienes conocen la política de agresión de Estados Unidos contra Cuba, más bien se han asombrado ante el hecho de que Cuba haya permitido que la Sección de Intereses desarrolle esa actividad durante tanto tiempo.
Esta medida responde a una provocación por parte del enviado de Estados Unidos en Cuba, y no cabe duda de que guarda relación con la sesión de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, que se inauguraba en Ginebra y en la cual, como siempre ha ocurrido, Estados Unidos iba a tratar de imponer una condena a Cuba. En febrero y marzo es cuando muy oportunamente se produce, todos los años, la escalada de las actividades subversivas en Cuba que sirven para desviar el foco de atención hacia las contramedidas de Cuba y condenar estas como atropellos a los derechos humanos.
LA SECCIÓN DE INTERESES DE ESTADOS UNIDOS EN LA HABANA
A principios de su mandato, el entonces Presidente Jimmy Carter trató de limpiar el mancillado prestigio de Estados Unidos, entablando en 1977 un diálogo con Cuba. Ambos países llegaron al acuerdo de instalar Secciones de Intereses en los países respectivos, a la espera de un momento oportuno para reanudar las relaciones diplomáticas que Estados Unidos rompiera el 3 de enero de 1961, en vísperas del intento de invasión por Bahía de Cochinos. No pasó de allí, sin embargo, porque en 1979, los sandinistas vencieron en Nicaragua, y Carter volvió a la tradicional política del gran garrote frente a Latinoamérica. Más tarde, esa política experimentó una escalada con la guerra "de baja intensidad" de la era de Reagan en Centroamérica.
El objetivo de las Secciones de Intereses consistía en tramitar asuntos consulares, visas etc. Sin embargo, muy pronto la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana se convirtió en un centro de actividades subversivas. Periódicamente, las autoridades y los medios de divulgación de Cuba han revelado la activa labor que despliega esa Sección de Intereses, con su plantilla numerosa, al desarrollar actividades de sabotaje y crear grupos de quintacolumnistas en Cuba, quienes han colaborado con el objetivo de recrudecer el bloqueo económico. Durante la década de los 90 se dio prioridad a la creación de un "movimiento de disidentes". En ese proyecto invirtieron centenares de millones de coronas y, al ritmo del flujo de dinero, el número de grupúsculos se ha multiplicado hasta más de cien, cada uno de ellos constituido por un puñado de personas. En Occidente son presentados como periodistas "independientes", bibliotecas, partidos, sindicatos etc., pero de hecho dependen por completo de Estados Unidos. Algunos grupos también reciben apoyo de un número de gobiernos de la Unión Europea, especialmente España, pero también de partidos políticos de Suecia, como el partido liberal y la organización juvenil del partido demócrata-cristiano. Muchos tienen vínculos estrechos con la Fundación Cubano- Americana que también apoya y organiza acciones terroristas contra Cuba.
TRATAMIENTO CRUEL E INHUMANO EN LAS CÁRCELES DE ESTADOS UNIDOS
Estados Unidos no sólo apoya y ampara el terrorismo contra Cuba, sino que también encarcela a quienes revelan esa actividad, proporcionándoles un tratamiento cruel e inhumano. Gerardo Hernández es uno de entre cinco cubanos que, en un juicio muy politizado en el verano de 2001 fueron condenados por un tribunal de Miami a largas penas de prisión -cadena perpetua múltiple- por haber infiltrado a organizaciones terroristas en ese lugar, y por haber revelado sus planes. Hace un mes, los cinco fueron arrojados a celdas solitarias, en cárceles distintas en diversas partes de Estados Unidos, sin haber cometido infracción alguna al régimen penitenciario, ni mucho menos cualquier acto de violencia, que suele ser la justificación habitual del castigo de incomunicación.
El 28 de febrero, hicieron a Gerardo Hernández quitarse toda la ropa salvo los calzoncillos y la camiseta, para entrar descalzo en un cuchitril de hormigón, del cual aun no salió hasta el primero de abril, después de una campaña de solidaridad internacional. No tiene ventana, y había dos tubos fluorescentes que en ningún momento se apagaban, para que no pudiera distinguir entre la noche y el día. Había un inodoro, un banco de hormigón con un colchón delgado y una ventanilla en la puerta para pasar la comida. No le daban nada para leer ni para realizar ningún tipo de actividad.
Su abogado Leonardo Weinglass tardó quince días en obtener permiso para entrevistarse con Gerardo, para luego poder informar sobre los maltratos psíquicos de que era objeto. El día 19 de marzo, Weinglass pudo entrevistarse con Antonio Guerrero, también totalmente incomunicado y sin contacto con nadie, sin ropa y privado de todos sus bienes, sin lectura alguna, ni nada para escribir, ni siquiera una sábana para taparse cuando dormía, pero con la información de que el aislamiento va a durar un año. Junto con los tres restantes son víctimas de un tratamiento cruel y degradante que contraviene tanto las propias leyes de Estados Unidos como los convenios de la ONU sobre el tratamiento de prisioneros, y representan una prueba poco oportuna para Estados Unidos de que su llamada lucha contra el terrorismo no es tal cosa, y de su desprecio cada vez más flagrante por los principios legales más elementales.
El primero de abril, y como resultado de la denuncia pública y de numerosos mensajes de protesta, el gobierno de Washington puso fin al confinamiento solitario de los cinco aunque aún mantiene varias restricciones totalmente discriminatorias contra ellos. Al sacarlos del "hueco" el gobierno prueba que no había ninguna justificación de "seguridad nacional". Pero ha logrado obstruir el proceso legal y dificultar seriamente los preparativos para la apelación ante la corte de Atlanta exigiendo un nuevo juicio, justo esta vez, para los cinco prisioneros políticos.