Mortalidad infantil en el 2002: ¡6,5!

GRANMA, CUBA 080103 - JOSÉ A. DE LA OSA

LOGRAN BAJAS TASAS VILLA CLARA, 4,5; CIENFUEGOS, 4,7; LAS TUNAS, 5,2; MATANZAS, 5,4, Y SANCTI SPÍRITUS, 5,9. SE PRODUJERON 141 110 NACIMIENTOS, 2 546 MÁS QUE EN EL AÑO 2001

La mortalidad infantil en Cuba en el 2002 registró nacionalmente una tasa de 6,5 por mil nacidos vivos, que se sitúa entre las tres más bajas alcanzadas por el país en toda su historia, solo superada por el 6,4 logrado en 1999 y el 6,2 del año 2001.

Según reportes de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Atlanta (CDC, siglas en inglés), de agosto 28 del 2002, Estados Unidos, el país más rico del mundo, exhibe una tasa general de 7, estimada en 5,8 para las personas blancas, 13,8 para los negros y 9,0 para la población indígena.

Las provincias con más baja mortalidad el pasado año son Villa Clara, 4,5; Cienfuegos, 4,7; Las Tunas, 5,2; Matanzas, 5,4 y Sancti Spíritus, 5,9, de acuerdo con datos preliminares ofrecidos a Granma por la Dirección Nacional de Estadísticas del Ministerio de Salud Pública.

Durante el año que acaba de concluir se incrementaron en 2 546 los nacimientos con relación al 2001, al contabilizarse 141 110, con 991 defunciones. Más del 99% de los partos tuvieron lugar en las maternidades.

Es opinión compartida por especialistas en salud que la mayoría de los países del mundo, en particular los del mismo nivel e incluso con mayor desarrollo económico que Cuba, presentan tasas más elevadas de mortalidad infantil, lo que pone de relieve la justeza del régimen social imperante en la Isla, sus desvelos por la educación y atención sanitaria de toda la población sin excepciones, y en especial los programas de protección a favor de la madre y el niño.

La mortalidad infantil, que incluye todas las defunciones en menores de un año en la población de nacidos vivos durante 12 meses, es un indicador internacional que mide el estado de salud de la población, definido adicionalmente por la esperanza de vida al nacer, que en Cuba sobrepasa los 75 años.

Las garantías que se ofrecen en nuestro país a la salud y bienestar de la madre y el niño son bien conocidas. De no existir riesgo alguno para su salud, la gestante recibe como promedio 12 consultas durante el embarazo, atenciones que se elevan al número que requieran si tienen algún padecimiento de diabetes, hipertensión, asma, cardiopatías o enfermedades de la tiroides. También si presentan una afección aguda vaginal con peligros para el embarazo, o riesgo social como el embarazo en la adolescencia, madres solteras o mujeres que vivan en un medio disfuncional.

Entre las 22 y 24 semanas a todas las gestantes se les realiza un ultrasonido para el diagnóstico prenatal de anomalías congénitas, una prueba de alfafetoproteína para la detección de afecciones del sistema nervioso central, la electroforesis de hemoglobina para el diagnóstico prenatal de sicklemia, serología y antígeno de superficie para conocer si son portadoras de hepatitis B.

Al nacimiento se le toman al niño muestras de sangre de cordón umbilical para el diagnóstico del hipotiroidismo congénito (una alteración de la glándula tiroides que de no tratarse a tiempo conduce al cretinismo), y también, en los primeros 15 días del nacimiento, se le practica la prueba de fenilcetonuria, para descartar enfermedades del metabolismo que puedan conducir también al retraso mental.

Desde el nacimiento comienza la administración de vacunas, que se inicia con la del BCG, para las formas graves de tuberculosis, seguida de la antihepatitis B. En semanas y meses sucesivos se alcanzan en total 12 vacunas que protegen al niño contra 13 enfermedades. Además de las mencionadas, se inmuniza contra el Haemophilus influenzae, difteria, tos ferina, tétanos, la antimeningocóccica grupos B y C, paperas, rubéola, sarampión y la antipolio, con las reactivaciones correspondientes en cada etapa.

El niño menor de tres meses, como regla, es visto por el equipo básico de salud de su área semanalmente, aunque las atenciones son individualizadas y personalizadas, y se van espaciando teniendo en cuenta la evolución satisfactoria del niño y el comportamiento normal de los parámetros de crecimiento y desarrollo.

A las madres se les confiere por ley una licencia de maternidad durante un año, con su sueldo garantizado, a fin de que puedan prodigar al bebé todas las atenciones, incluida la lactancia materna exclusiva durante seis meses.

Como se aprecia, nuestro sistema nacional de salud, caracterizado por su universalidad, gratuidad y accesibilidad, realiza sus mayores esfuerzos a favor de la madre y el niño, sustentado en la filosofía de la Revolución de que la salud es el primero de los derechos humanos. Y ello no sería posible sin la abnegada y desinteresada labor de nuestros trabajadores de la Salud. (---)